La Cava de Villa Itatí, un pozo donde los narcos imponen condiciones antes que el Covid-19

Temor entre los vecinos de Villa Itatí por el brote en la aledaña Villa Azul
Temor entre los vecinos de Villa Itatí por el brote en la aledaña Villa Azul Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
El sector acuna las historias más brutales en el asentamiento del distrito de Quilmes
Gustavo Carabajal
(0)
28 de mayo de 2020  

Aunque están separadas por el Acceso Sudeste, las villas Azul e Itatí tienen un vínculo simbiótico. Todo lo que ocurre en Azul repercute en Itatí. Si bien Azul está en Avellaneda e Itatí, en Quilmes, existen numerosos vasos comunicantes entre ambos asentamientos. Azul constituye la prolongación de Itatí, cuyo crecimiento desmedido provocó que mucha gente cruzara del otro lado del asfalto. Así nació Azul.

Hasta hace cuatro días, cuando el gobierno bonaerense decidió blindar con policías Azul, ambos asentamientos estaban cercados por los narcos que instalaron sus cocinas en un sector de Itatí conocido como La Cava. Ahora, Azul e Itatí están acorraladas por el Covid-19.

Pero cerrar Itatí, en caso de que aumenten los casos de coronavirus existentes, no será tan sencillo. Antes, la policía deberá pactar con los narcos que dominan La Cava, una sucesión de casillas instaladas en una pendiente que se precipitan 300 metros hasta el fondo del pozo. Allí viven más de 15.000 habitantes en casas sin medianeras, entre pasillos de no más de un metro de ancho.

En ese pozo que se formó a principios de los 70 para alimentar los terraplenes del Acceso Sudeste los narcos encontraron terreno fértil para cortar y vender droga.

Por la complejidad del terreno, sumamente inclinado, y la estrechez de los pasillos que separan las frágiles casas, la policía no entra. El único vestigio de la presencia de la fuerza está en el fondo del pozo. Allí, hace dos años se instaló un destacamento móvil que funcionaba en un contenedor, que se convirtió en el blanco de los constantes disparos de los narcos.

El puesto policial fue instalado durante la gestión anterior, frente a una casa que funcionaba como búnker para la venta de droga y que fue derrumbada en un operativo.

Según algunos vecinos de la villa, una parte importante del manejo de la droga en La Cava está a cargo de la familia Danza. Varios de los detenidos por venta de paco y marihuana el año pasado tienen ese apellido.

Cuatro integrantes del clan Danza fueron sometidos a juicio oral en 2017 por tráfico de drogas. A pesar de haber sido detenidos, los puestos de venta de paco y marihuana siguieron funcionando. Desde la cárcel, el jefe de la familia continuaba con la administración de la banda. Según fuentes policiales, los soldaditos que custodian los puestos de ventas no dudan en disparar ante la presencia de extraños.

En 2017, un soldadito de una banda rival del clan Danza mató un joven de 26 años que se dirigía a comprar paco en un búnker instalado en las calles Chaco e Ituzaingó.

En otro operativo, realizado en diciembre, en una vivienda situada a pocos metros del ingreso de Ayacucho y Pilcomayo, en el fondo del pozo, la policía apresó a una mujer que vendía droga. La dueña de casa se hizo cargo del búnker cuando su esposo fue apresado en un procedimiento realizado un año antes.

Dos jóvenes, identificadas como Magalí Otranto, de 26 años, y Denise Sudera, de 29, también sufrieron la violencia narco. Ambas mujeres fueron asesinadas por un narco peruano que era conocido en el barrio como Ben 10. Una semana antes, Ben 10 envió un mensaje de audio a Denise con una macabra amenaza: "Te voy a matar por traidora. Vas a ver lo m... quién soy. Si querés traer a la gorra, traela".

En el sector de La Cava, la pobreza es extrema. Solo existen algunas canillas comunitarias. Además, cuando llueve intensamente, las bombas no alcanzan a drenar el agua en el fondo del pozo y la gente queda atrapada en el barro.

La droga consolidó la violencia en un barrio donde la mayoría de los vecinos se dedican a trabajar y cuentan con ingresos legítimos.

Aquellos que intentaron combatir a los narcos fueron asesinados. Esto le ocurrió a Fabián Guzmán, de 40 años. Dos sicarios le dispararon seis balazos desde una moto cuando estaba con su hija, de tres años. Cuando la ambulancia que trasladó a Guzmán y su pequeña llegó al hospital, ya estaban muertos. Guzmán se desempeñaba en el Ministerio de Desarrollo Social y era delegado del gremio UPCN.

Guzmán también desarrollaba una importante tarea social en la villa IAPI, a quince cuadras de Itatí. Las familias de los 10.000 habitantes de IAPI también tienen una fuerte conexión con Itatí: ambas villas están comunicadas por la avenida Montevideo.

El hermano de uno de los jefes de la barra brava de Independiente, vinculado con la venta de drogas, fue apresado por el asesinato.

Thiago Guerrero, que tenía seis años, fue asesinado por un grupo de delincuentes que circulaban a bordo de una camioneta Fiat Weekend que había sido robada 48 horas antes. Los malvivientes atropellaron al niño en el cruce de Ayacucho y La Pampa. Lo arrastraron unos cien metros y dejaron el auto cerca de la subcomisaría. Siguieron a pie.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.