La Matanza: un hombre que escapaba desesperado de ladrones atropelló a una vecina
Al huir de cuatro delincuentes armados, aceleró por la vereda y no vio que la mujer estaba por ingresar a su casa; le quebró la muñeca y el codo del brazo izquierdo
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Hace tiempo que Eva y Ariel son vecinos en la localidad de Villa Celina, en La Matanza. El viernes, sin quererlo, el hombre casi la mata. Un grupo de delincuentes intentó robarle cuando estaba en el auto, él agachó la cabeza y huyó a toda velocidad por la vereda para escapar. Fue tal el miedo y la desesperación que en el momento Ariel nunca notó que Eva estaba a metros de su vehículo y que acababa de atropellarla.
“Doy gracias a Dios que no estoy muerta”, dijo esta mañana, en diálogo con LN+, Eva. A su lado, Ariel la observaba con pena, aún atormentado por lo que había ocurrido. “Quedé shockeado con lo que pasó”, reconoció el padre de familia.

El viernes por tarde, poco después de las 18, Ariel salió de la casa con su hijo Bautista, de 7, para llevarlo a su clase de fútbol. Casi al mismo momento, mientras el papá le advertía al niño que ascendiera rápidamente al auto (que se encontraba estacionado sobre la vereda) por el miedo a la inseguridad, Eva, a unos 30 metros, esperaba para entrar a su casa.
De repente, un vehículo con cuatro delincuentes se puso a la par del automóvil de Ariel y tres de ellos, armados, descendieron para robarles. “Agaché la cabeza, le dije a Bauti que también lo hiciera y aceleré. Nunca vi a Eva. Solo sentí el ‘track’ que hizo el espejo [retrovisor]”, relató el padre de familia, que logró huir tras pasar entre la mujer y un cesto de basura. Claro, el ruido que había oído era el que había ocurrido cuando atropelló a Eva.

Si bien Eva alcanzó a ver cuando su vecino aceleró por la vereda, su brazo izquierdo quedó sin resguardo y se llevó la peor parte del fuerte golpe: tanto la muñeca como el codo de ese miembro se quebraron.
Cuando Ariel se dio cuenta de que los asaltantes huyeron para el lado de la avenida General Paz, dio la vuelta a la manzana y regresó preocupado. No sabía qué había pasado con su espejo. Y ahí encontró a Eva. Tirada en el piso. Con mucha sangre que fluía del brazo izquierdo. Eva recordó: “Vino a atenderme y me llevó a un hospital de por acá, pero como no dieron mucha bolilla mis hijos me llevaron luego al Español”.
“Tuve mucho miedo de que me llevaron el auto con mi hijo adentro”, dijo Ariel con un tono de voz que demostraba el estrés por el que había atravesado en la tarde de anteayer. Distintos miembros de su familia ya habían sido víctimas de la delincuencia en el último tiempo. El dolor y la empatía unieron a Eva y a Ariel, que dijeron casi al unísono, preocupados por la inseguridad que acecha: “Nadie hace nada en La Matanza para evitar estos hechos”.
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