Las guerras narco irrumpieron en La Matanza con armas, soldaditos y muertes

Al menos ocho cuerpos baleados fueron encontrados en los últimos meses en una zona de acopio y venta de drogas
Al menos ocho cuerpos baleados fueron encontrados en los últimos meses en una zona de acopio y venta de drogas
Leonardo Scannone
(0)
11 de enero de 2020  

Los enfrentamientos entre grupos de narcotraficantes en Rosario tienen una particular teatralización: son ejecuciones públicas, visibles para que los vecinos hagan correr los nombres del patrón de la zona, sea el clan dominante Los Monos, Funes o Alvarado.

En la profundidad del conurbano bonaerense, en cambio, los disparos no se oyen. No hay testigos, pero sí cadáveres. Los cuerpos baleados exponen silenciosas peleas territoriales en varios distritos. Una de esas guerras narco se desarrolla fuera del foco público en La Matanza. En la costa del río aparecen las señales de los crímenes. Al menos ocho muertes son investigadas en los últimos seis meses como venganzas entre organizaciones de acopio y venta de drogas. Ese territorio en la localidad de Virrey del Pino es dominado por el Carancho. La policía conoce así a José Rodrigo Ruiz Díaz Cabaña, que está en prisión desde el mes pasado. A su alias criminal los investigadores agregaron otro mote: el Zar de la Costa. En las cercanías del río Matanza se gana un espacio a fuerza de balas.

A fines del año pasado, la policía bonaerense detuvo a Ruiz Díaz Cabaña, alias el Carancho, en Virrey del Pino. Esa zona atravesada por el río Matanza es difícil de penetrar, según detallaron investigadores judiciales, porque el área de monte en pleno conurbano da ventajas a aquellos que usan la tupida vegetación para ocultarse. En ese lugar, la trama narco envuelve ajustes de cuentas, homicidios y una lucha territorial entre varias bandas que mantiene preocupadas a las autoridades judiciales. "Ahí tienen más poder de fuego que en cualquier comisaría", señaló un investigador que está tras la pista de los ajustes de cuentas en esa zona.

Según pudo reconstruir la nacion de fuentes judiciales, en los últimos meses se registraron al menos ocho asesinatos relacionados con venganzas. El río es escenario de las ejecuciones. La nómina mortal podría extenderse. "Yo tengo al menos dos muertos por mes en esa zona", relató un fiscal de La Matanza que evitó dar precisiones sobre los casos.

Pocos días después de la detención del Carancho apareció un cuerpo descuartizado, sin sus extremidades, envuelto en una frazada y flotando sobre el agua marrón a la altura de la localidad de Laferrère. El hallazgo sorprendió a los investigadores porque nunca habían encontrado un cadáver ultrajado a ese nivel.

Los detectives judiciales señalaron que ese homicidio estaba relacionado a un ajuste de cuentas entre bandas vinculadas al narcomenudeo. Las fuentes consultadas indicaron que ese no fue el único cuerpo hallado a la vera del río Matanza, sino más bien que es una "modalidad que utilizan las bandas, asesinan y lanzan los cuerpos al caudal de agua". El pasado miércoles apareció otro cuerpo en un arroyo de Virrey del Pino; el nombre del joven de 22 años no figura aún en la lista de crímenes porque resta conocerse el resultado de la autopsia.

El río Matanza atraviesa tres localidades de ese partido en la zona Oeste del conurbano: Laferrère, Virrey del Pino y González Catán. Además, es un límite natural entre los partidos de La Matanza y Ezeiza. Según la investigación judicial a cargo de la fiscal María Julia Panzoni, la gente que trabajaba para el Carancho se metía dentro del monte, armaba carpas y vendía drogas a intermediarios. Su vía de escape era por demás particular, habían instalado una tirolesa para cruzar el río hacia el margen de Ezeiza. A partir de facilidades que entrega la zona, se agrandó el negocio de acopio de drogas para narcomenudeo y empezaron las disputas territoriales.

Una de las víctimas de esa guerra de baja intensidad fue Alexis Maximiliano Zacarías, de 29 años. Ejecutado con un tiro en la cabeza. "La modalidad es siempre la misma, No tienen muchas vueltas. Si alguien que no es del grupo intenta vender en esa zona o sospechan que pueden ser traicionados, resuelven el conflicto con un tiro en la cabeza", comentó uno de los investigadores que analizaron estas redes narco.

Y agregó: "A los soldaditos, que son el escalafón más bajo dentro de una organización, no bien ingresan a la banda les dan una 9mm; los de arriba manejan todo tipo de calibres, tienen más poder de fuego que cualquier comisaría de La Matanza".

El Carancho Cabaña fue imputado por el homicidio de Zacarías. Los casos mortales tienen grandes similitudes en las mecánicas de ejecuciones. El 24 de julio de 2019, por ejemplo, la policía bonaerense tras un llamado al 911 en González Catán halló un cuerpo envuelto en un colchón a la vera del río; fue identificado como Emilio Guchea, de 19 años. Algo parecido sucedió pocos días después cuando los agentes encontraron el cuerpo de otro joven, Nahuel Ramírez. También enrollado en sábanas y a la vera de un arroyo en Laferrère. Otro caso idéntico fue el homicidio de Luis Rojas, de 25 años, registrado el 25 de octubre pasado.

"Tu marido está en el fondo del 38 tirado, lo mataron", así le comunicaron a la esposa de Rojas que habían asesinado a su pareja. El cuerpo estaba envuelto en frazadas y con un tiro en la cabeza. Aún no hay detenidos por el caso. Unos días antes del homicidio de Rojas, en una serie de allanamientos dentro de una investigación a cargo de la UFI temática narcotráfico de La Matanza, había sido atrapado Rodríguez Romero alias Pochito, un narco que también operaba a lo largo del río.

En otra investigación sobre esa banda iniciada por el fiscal federal Santiago Marquevich y que conectó la causa con la seguida por la UFI, se secuestró gran cantidad drogas y armas. Sustancias con simbolismo neonazi, ya que fueron incautados más de 50.000 troqueles de LSD marcados con cruces esvásticas. A la vera del río Matanza también había bolsas con éxtasis. Esas drogas sintéticas son consumidas en zonas de alto poder adquisitivo, en discos y fiestas electrónicas, lugares muy alejados a la marginalidad que serpentea junto al río Matanza. Más allá de ese acopio, para los investigadores el negocio local genera allí fuertes ganancias a los narcos.

La logística está aceitada. Según explicaron, alrededor de las 18 los soldaditos avisan con disparos al aire que la venta está abierta. Luego, hay círculos de control que los compradores tienen que ir atravesando hasta llegar a los precarios búnkeres a la vera del río. Y los problemas de competencia se resuelven de una sola manera: con una pistola en la mano.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.