Se salvó de morir en una masacre policial y quedó detenido por un robo que no cometió

Ángel Bramajo, en su casa, donde cumple arresto domiciliario
Ángel Bramajo, en su casa, donde cumple arresto domiciliario Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Ángel Bramajo conducía la camioneta que fue baleada desde varios patrulleros en una persecución que terminó con el asesinato de un músico, por el que hay dos oficiales presos
Gastón Rodríguez
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16 de marzo de 2020  

Hasta el 19 de mayo de 2019, la vida de Ángel Bramajo era como la de cualquier trabajador suburbano. Viajaba cada mañana desde su casa, en Pablo Podestá, hasta la sede de AySA en Caseros, donde lo habían contratado como técnico electromecánico. Pero aquel día el supuesto robo a un supermercado motorizó un operativo cerrojo de la policía bonaerense en Martín Coronado que desató una lluvia de balas contra la camioneta en la que viajaban él y siete amigos.

Uno de los ocupantes, el músico Diego Cagliero, que tenía 30 años y estaba a punto de ser padre por primera vez, murió bajo el fuego policial; otro resultó herido. Los policías Rodrigo César Exequiel Canstatt, de 26 años, y Sergio Darío Montenegro, de 34, están detenidos e irán a juicio por el homicidio de Cagliero y la tentativa de homicidio de Mauro Tedesco, el herido.

Después de agradecer a Dios por salir ileso de ese tiroteo, Ángel Bramajo tuvo demasiado tiempo para lamentarse: pasó ocho meses detenido, acusado de "robo calificado por haber sido cometido en poblado y en banda con concurso real con el delito de tenencia de arma de uso civil sin la debida autorización".

Recién hace pocos días la Justicia le concedió el beneficio del arresto domiciliario, bajo un monitoreo a través de una tobillera electrónica. Él insiste en que la suya es una causa "armada" con el único fin de encubrir la actuación criminal de los policías. "Tienen que pagar por lo que hicieron -pide-. No fue una masacre de casualidad".

Aquel domingo, Bramajo y su grupo de amigos se reunieron en una casa de sepelios en Villa Bosch y de ahí partieron al cementerio de Pablo Podestá para despedir a un amigo. Como eran ocho, Ángel había pedido prestada la camioneta de la empresa para ir todos juntos al velatorio.

"Salimos al mediodía y decidimos ir a comer -recuerda Ángel-. Paramos en un supermercado y unos amigos bajaron a comprar hamburguesas. Me quedé arriba charlando con uno de los pibes. Cuando el resto volvió, escuché que venían discutiendo. Pregunté qué había pasado y me dijeron que había habido una confusión por una botella. Arranqué y cuando iba por la avenida Márquez aparecieron patrulleros por todos lados, que me chocaban. Del miedo aceleré y sentí que me tiraron con todo. Escuchaba cómo pegaban los tiros en la chapa de la camioneta. Pasé el semáforo y frené. No llegué a hacer ni quince metros".

La versión policial fue que los jóvenes habían cometido un "golpe comando" con armas de fuego en el supermercado Día de Perón al 7600, Martín Coronado, y que los uniformados "abrieron fuego" cuando escucharon disparos provenientes de la camioneta, en el cruce de Márquez y Campo de Mayo. La fiscalía encargó peritajes para determinar si efectivamente se había efectuado algún disparo desde la camioneta. Pero se determinó, finalmente, que lo que hubo fue un tiro proveniente desde el otro lado, hecho por otro de los agentes que participaron de la caótica persecución.

En la causa judicial consta que dentro del vehículo se secuestraron una pistola de aire comprimido y un revólver calibre .32. En un registro radial al 911 y en el informe a la Auditoría General de Asuntos Internos consta que los policías habían descripto que había una pistola calibre 9 mm y un revólver.

"Nos apuntaron con escopetas, nos hicieron poner de rodillas con las manos en la nuca. Yo les decía que nadie tenía armas. Uno me pisó la cabeza con el borcego, otro me escupió. Desde el piso veía que entraban y salían policías de la camioneta. No preservaron la escena. También me di cuenta de que faltaba uno, que mi amigo no bajaba", se lamenta Ángel.

"Podría haber sido yo"

Según los peritajes, la camioneta conducida por Bramajo recibió 14 disparos realizados por al menos cuatro policías. Uno de los proyectiles entró por la axila y llegó hasta el cuello de Cagliero, provocándole la muerte. Tedesco, alcanzado por una bala, logró recuperarse tras pasar algunos días internado.

"Nos tiraron a matar -dice Ángel- y se cobraron la vida de mi amigo Diego, que era como un hermano para mí. Era trabajador, buena persona; me duele en el alma lo que pasó. Él iba atrás mío: si no hubieran matado a Diego, podría haber sido yo".

Según la defensa de Ángel, en la causa no hay ningún elemento de prueba que justifique la desmesura de la policía. El vehículo acribillado, por ejemplo, circulaba a 40km/h en plena "fuga" y las imágenes captadas en el interior del supermercado no mostraron a ninguno de los jóvenes maniobrando un arma. Lo que quedó registrado, en cambio, es la discusión con el hijo del dueño del local y dos empleados -uno de ellos personal de seguridad-, que, tal como admitieron los acusados, se originó porque habían querido llevarse algunos productos sin pagar. En la camioneta tampoco se encontró dinero ni mercadería robada.

La fiscal Gabriela Disnan procesó a los siete sobrevivientes con la misma carátula, pero mientras que todos recuperaron su libertad a los pocos días, Ángel fue el único que quedó detenido, por tener un antecedente de una riña en 2015.

"En mi trabajo estoy activo, pero sin goce de sueldo. Tengo una nena de cuatro años y un nene de 12. Con el sueldo pagaba las cuentas, los servicios, el alquiler de la casa, pero sin ese ingreso nos alcanza solo para 'pucherear'. Mi mujer prepara comidas para vender, sale a limpiar casas, pero necesito recuperar mi trabajo".

Hace unos días, el Juzgado de Garantías de San Martín le otorgó a Ángel la prisión domiciliaria después de haber estado más de ocho meses detenido. Reconoce que es un alivio estar con su familia mientras espera la fecha del juicio.

De los 12 efectivos que participaron del operativo, solo Rodrigo Canstatt y Sergio Montenegro fueron imputados por el asesinato de Cagliero y las lesiones a Tedesco.

"Espero que haya justicia para Diego y que me den la libertad, porque esto no fue una masacre de casualidad; la cantidad de balas y la alevosía que hubo fue terrible. Que los policías paguen por lo que hicieron. Ellos no pueden decidir sobre la vida de las personas".

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