Seis presos enjabonados se fugaron por un conducto de aire de una cárcel en Santa Fe
Para concretar su propósito enjabonaron sus prendas y sus torsos desnudos y así se deslizaron por un conducto de aire; desembocaron en la calle; había un portón que tenía un candado roto, lo que sugiere cierta complicidad
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SANTA FE.- De toda fuga de un penal se puede escribir una historia. De hecho, sobran elementos para una novela. En esta provincia, lo sucedido el miércoles primero a la noche en la cárcel de Coronda, departamento San Jerónimo, 45 kilómetros al sur, aporta argumentos para una serie policial.
Seis internos protagonizaron una increíble fuga. Para concretar su propósito, enjabonaron sus prendas y sus torsos desnudos, y así se deslizaron por un conducto de aire, para desembocar finalmente en la calle, a la que llegaron a través de un portón que tenía un candado roto del lado externo, algo que sugiere cierta complicidad.
Los fugados fueron identificados tras el primer recuento de presos, ante de irse a dormir. Se trata de Diego Segado, de 21 años, y Daniel Pereyra, de 32, los dos oriundos de Rosario; Pedro Aranzamendi, de 29 años y Diego Gauna, de 26, ambos de San Nicolás; Marcos Amaya, de 30 años, de San Lorenzo; y Antonio Schmitlein, de 32 y procedente de Casilda. Este último se encontraba detenido por falsificación de documentos y portación de arma de guerra mientras que los restantes por delitos contra la propiedad y robo calificado. De los fugados, dos están en calidad de procesados y los otros cuatro condenados.
Fue el propio secretario de Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Seguridad, Pablo Cococcioni, quien se encargó de ofrecer precisiones sobre la fuga. "Los internos estaban fuera de las celdas y a la hora de ingresar los seis se metieron en uno de los calabozos, rompieron el desagüe y por un estrecho conducto, en el que tuvieron que deslizarse enjabonados, pudieron salir del pabellón. Lo hicieron por una pared lateral y a partir de allí llegaron a un portón. El candado externo de ese portón tuvo que haber sido roto lo que no fue advertido por agentes del Servicio Penitenciario", dijo el funcionario.
Llama la atención de funcionarios de Seguridad, la facilidad con que en menos de una hora los internos salieron de la cárcel. La otra duda es cómo accedieron a las herramientas que usaron para violentar los mecanismos de cierre de algunas de las puertas que atravesaron. En la cárcel no puede entrar ni salir nada que las autoridades penitenciarias del lugar no controlen. La rigurosidad de estos registros, se supone, permite evitar tráficos no sólo de estupefacientes sino de armas.
Pero fuera de la información oficial, los investigadores admitieron ante LA NACION que se trató de "un escape planificado, con inteligencia y cómplices".
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