Trece años de cárcel para los Juliá

Un tribunal de Barcelona los encontró culpables del tráfico de 944,5 kilos de cocaína y, además de la alta pena de prisión, les aplicó una multa de 100 millones de euros, tres veces el valor de la droga en el mercado clandestino
Gabriel Di Nicola
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8 de enero de 2013  

Cuando tuvieron la oportunidad de hablar frente a los jueces, afirmaron que desconocían que el lujoso jet con el que aterrizaron en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, el 2 de enero de 2011, llevaba ocultos 944,5 kilos de cocaína. Pero la justicia española dio por probado todo lo contrario y condenó a los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá a la pena de 13 años de prisión, al considerarlos culpables de tráfico de estupefacientes agravado.

Así lo informaron a LA NACION fuentes con acceso al expediente. En cambio, como se preveía desde que fue liberado, el 11 de diciembre pasado, al término de las dos audiencias del juicio oral y público que tuvo lugar en territorio catalán, el copiloto del Bombardier Challenger 604, Matías Miret , fue absuelto, ya que no se pudo probar que supiera que la aeronave llevaba una tonelada de drogas.

Según la sentencia de la Audiencia Provincial Sección Octava de Barcelona, los hermanos Juliá, además de cumplir la pena de prisión, deberán pagar una multa de 100 millones de euros, correspondiente al triple del valor que la droga que se intentó traficar (cocaína con un 83% de pureza) tendría en el mercado clandestino europeo.

La condena impuesta por los jueces coincide con lo que había solicitado el fiscal del juicio, David Benages. El representante del Ministerio Público los había acusado de cometer "un delito contra la salud pública en su modalidad de sustancias que causan grave daño a la salud, con la circunstancia de extrema gravedad por el uso de un aeronave como medio de transporte específico".

Según la ley española, la pena de tráfico de estupefacientes tiene una pena de entre nueve y 12 años, pero se pueden sumar hasta seis años más si hay circunstancias agravantes, entre las cuales justamente se cuenta el uso de una aeronave.

El 5 de diciembre pasado, en su alegato (que en España llaman "conclusiones del debate"), el fiscal había sostenido que los acusados cumplían una función fundamental dentro de una "planificación estricta y meticulosa de custodia y transporte de los casi 1000 kilos de cocaína.

La defensa de los hermanos Juliá, hijos del fallecido brigadier José Juliá, jefe de la Fuerza Aérea durante el gobierno de Carlos Menem, prevé presentar una apelación en el Tribunal Supremo de Madrid. Así lo adelantó uno de los abogados que representa a los hermanos condenados, Darío Kaen.

Además de apelar la condena, Kaen y sus colegas Lourdes Izquierdo Montijano y Carlos Broitman insistirán en que existieron irregularidades cuando fueron rechazados los pedidos de excarcelación de Gustavo y Eduardo Juliá.

"Hubo una planificación estricta y meticulosa. Todo el proceso estuvo bajo la dirección de Gustavo Juliá", había afirmado el representante del Ministerio Público en la última de las dos audiencias del juicio.

"Un cargamento de 944,5 kilos de cocaína, valuado en 32.116.000 de euros, no se abandona en un avión sin control alguno de las personas que las transportan y de la ruta aérea elegida", sostuvo el fiscal, al intentar derribar la coartada de los Juliá, que afirmaban su defensa en que desconocían la carga oculta del lujoso jet.

En contra de los Juliá, la justicia catalana ponderó dos viajes previos que habían realizado a España, a los que atribuyeron la presunta intención de estudiar las rutas de llegada a ese país.

Para el fiscal, si no hubieran sido descubiertos por la Guardia Civil al tocar tierra en el aeropuerto internacional de El Prat, los vuelos con droga se hubiesen repetido. "Tenían una vocación de seguir, si es que este viaje terminaba con éxito", concluyó el representante del Ministerio Público en su alegato.

Las pruebas testimoniales fueron claves para condenar a los hermanos Juliá y absolver a Miret.

El 4 del mes pasado, durante la primera jornada del juicio, dos oficiales de la Guardia Civil española que participaron de la requisa de la aeronave a poco de que tocara tierra catalana complicaron a los hermanos y beneficiaron al copiloto.

Los uniformados, que en el juicio sólo fueron identificados con códigos alfanuméricos, recordaron que cuando fue descubierta la cocaína dentro del avión, Gustavo Juliá les pidió disculpas a su hermano, que hizo las veces de piloto en el trayecto Ezeiza-El Prat, y a Miret.

"Gustavo asumió la culpa", dijo durante su declaración testimonial en el juicio el oficial identificado como K44687Q.

El mismo testigo agregó que cuando subió a la aeronave con un perro para hacer la inspección, los hermanos Juliá se pusieron nerviosos, mientras que el copiloto tuvo una actitud distinta e incluso se puso a jugar con el can.

El momento fue aprovechado, con habilidad, por el defensor de Miret, Carlos Echavarri, que hizo una repregunta. Entonces, el oficial volvió a explicar que en el momento del hallazgo de la cocaína el copiloto se había mostrado tranquilo y amable.

El lujoso jet salió de Ezeiza el 1° de enero de 2011. Después de hacer una escala en el aeropuerto de la isla de Sal, en Cabo Verde, para cargar combustible, aterrizó en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, donde la Guardia Civil descubrió la carga oculta en dos falsos sofás cama.

La investigación hecha en España y en la Argentina determinó que la droga fue cargada en el avión en el aeródromo de Morón, donde el jet estuvo desde el 6 de noviembre de 2010 (al día siguiente de que Gustavo Juliá firmara en Oklahoma, EE.UU., el contrato de leasing de la aeronave) hasta el 30 de diciembre de ese mismo año, cuando quedó estacionado en un hangar hasta el día del vuelo.

Durante el debate, la defensa de los hermanos Juliá buscó, sin éxito, la nulidad de la requisa del avión para que se cayeran la investigación y la causa. Ahora, la última carta la jugarán ante el Tribunal Supremo de Madrid, con la apelación.

Definiciones en libertad

Los sentimientos del único absuelto del caso

MATÍAS MIRET

Piloto de avión

  • "Gustavo Juliá me arruinó dos años de vida; no me lo quiero cruzar más"


  • "Estoy contento por mi absolución, pero el tiempo que pasé en la cárcel no me lo saca nadie"


  • "¿Dónde estaban la Aduana y la PSA cuando salió el avión de Ezeiza con una tonelada de cocaína?"
  • Del editor: qué significa

    Una dura pena tras un juicio breve y un proceso relativamente corto; esas características son impensadas para un caso análogo en la Argentina.

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