A 11 días del derrumbe: Abrazo pacífico, reclamos e incertidumbre entre los vecinos de Parque Patricios
Cerca de los 300 evacuados del complejo Estación Buenos Aires se reunieron este mediodía para compartir información sobre el estado de las obras; críticas y preocupación
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“No nos van a derrumbar”, dijo uno de los vecinos y el aplauso se extendió por la esquina de Astor Piazzolla y Montesquieu, frente a las torres del complejo habitacional Estación Buenos Aires. La concentración pacífica, convocada para el mediodía, reunió a familias con chicos, vecinos con mascotas, adultos mayores y grupos que llegaron desde distintos hoteles. Cerca del vallado que delimita el perímetro restringido, el reclamo tuvo un eje común: definiciones sobre la estructura, plazos para volver a las viviendas y una respuesta clara sobre el esquema de alojamiento, que, según relataron, se renueva por tramos y con traslados imprevistos.
El derrumbe del techo del estacionamiento subterráneo ocurrió el martes 3 de marzo, cerca de las 4.45, en el sector de cocheras del complejo de Mafalda 907. A partir de ese momento se dispuso una evacuación preventiva y se restringieron los accesos mientras avanzan peritajes y trabajos de estabilización. Los vecinos sostienen que, desde entonces, la falta de información unificada, el ingreso acotado para retirar pertenencias y los cambios en el hospedaje profundizaron la angustia. El martes próximo se cumplirán dos semanas de aquella madrugada.
Una hora antes de la concentración, el movimiento ya era visible. Los vecinos se acercaban por tandas, se saludaban, se actualizaban y volvían a debatir sobre lo que esperan. En paralelo, en la Plaza de la Libertad, comenzaron a pegar carteles y a organizar actividades para que los chicos que llegaron con sus padres tuvieran un espacio de juego. Con el correr de los minutos, quienes coordinaban el encuentro empezaron a tomar lista por torre: nombraban cada una y las personas se acercaban a decir sus nombres. En una planilla, quedaban marcados con una “X” como presentes. Según explicaron, ese relevamiento fue un pedido del estudio de Fernando Burlando, que se constituyó como querellante en la causa.
Entre las vecinas que se acercaron estuvo Teresa Alfaro, propietaria, enfermera del Hospital Garrahan, de 62 años, con artrosis en las rodillas. Teresa ya había hablado con LA NACION días atrás cuando buscaba que su sobrino pudiera ingresar a retirar pertenencias: según su relato, ese día esperó desde la mañana y el familiar recién pudo entrar cerca de las 20. Esta vez, se presentó en la concentración y retomó el reclamo desde el desgaste acumulado. “Hoy pasa una semana y cuatro días del hecho fatídico. Vamos a hacer un abrazo pacífico y una serie de actividades, como meditación, respiración, porque hay muchos vecinos que, a medida que pasa el tiempo, se está profundizando este hecho fatídico por el cual estamos pasando”, señaló a este medio.

Teresa dijo que un grupo de vecinos mantuvo una reunión con el jefe de Gobierno, Jorge Macri, pero afirmó que no tuvieron respuestas concretas. “Se comentó la situación, estuvo presente el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y estamos siempre a la espera de que haya un canal de comunicación para todos. La incertidumbre cada vez se profundiza más y nos hace sentir mal”, sostuvo.
En su caso, el impacto del derrumbe se superpone con la atención permanente de su hijo Daniel, de 25 años, a quien describió con diagnósticos de TEA, autismo, síndrome convulsivo y cuadros psiquiátricos. Explicó por qué decidió no traerlo a la concentración: “Mi hijo está acostumbrado a estar conmigo. No lo puedo traer acá porque él va a ver, va a querer entrar y no va a haber forma de que lo retengan”. También relató cómo vivió la evacuación: “Estaba todo oscuro. Mi hijo se golpeó la cabeza. Recién hoy estoy viendo los hematomas que tengo en el cuerpo, los rayones. En el momento no te das cuenta”.
Teresa describió condiciones de alojamiento que, según dijo, complican el día a día con un familiar con discapacidad. “En el hotel donde estoy tengo desayuno y almuerzo, pero no tengo dentro de la habitación un lugar donde mi hijo pueda almorzar; no hay privacidad. No tenemos merienda y no tenemos cena”, afirmó. Sobre las prórrogas, dijo que las fechas se corren por pocos días: “Hasta el 21. Cada dos o tres días nos van extendiendo. Es como una migaja”. También sostuvo que no volvería a vivir en el edificio: “Con la mano en el corazón, yo no voy a volver porque he perdido confianza. Al tener un hijo con discapacidad, no quiero volver a pasar por lo mismo”.
En su intervención, Teresa pidió prioridad para familias con necesidades especiales y dirigió un mensaje al estudio de Burlando: “Le pido al doctor Burlando que le dé prioridad a todas las familias con necesidades especiales. Lo necesitamos”. Luego insistió en el sentido del reclamo: “Que se haga justicia y que caiga el que tenga que caer. Este era un final anunciado: se tocó todas las puertas y no fuimos escuchados”.
A pocos metros, el padre de Andrea —la vecina que en los primeros días fue entrevistada con un tubo de oxígeno al lado— explicó a este medio por qué ella no pudo asistir. “Se desestabilizó; ahora en la clínica la están estabilizando”, dijo. Precisó que Andrea está internada y que él se acercó “en reemplazo”. Contó que su cardióloga dispuso la internación y que un episodio reciente reactivó el trauma: “Hoy entró la enfermera, tocó la puerta y cayó en un llanto total porque recordó el día de la evacuación”. Sobre el objetivo del encuentro, agregó: “Esperamos que se acerquen las partes que correspondan para poder tener novedades de la estructura, qué va a pasar”.
Según su relato, la información llega de manera indirecta: “Están trabajando en base a lo que la fiscal va pidiendo y después el bombero va informando; con eso tenemos que esperar nosotros”. Dijo que cuentan con hospedaje y que él permanece en el Hotel Regente, sin traslados desde el inicio. También señaló que pudo reingresar para buscar elementos esenciales de salud: “Pude sacar la medicación y los tubos de oxígeno, que eran la vida de ella”. Consultado por el regreso, explicó que en su caso el foco está puesto en la recuperación: “En este momento tenemos la cabeza en otra cosa. Queremos mejorar del pozo en el que caímos. Depende de las respuestas que tengamos”.
“Queremos noticias”
Otra vecina que habló con este medio durante la concentración fue Norma Ramírez, quien ya había relatado su situación en los días posteriores al derrumbe. Norma centró el reclamo en la necesidad de un parte técnico que llegue a los vecinos. “Queremos noticias de cuándo y cómo se está haciendo todo el procedimiento para volver a nuestras casas. La mayoría queremos volver, pero que estén en condiciones”, dijo. Y agregó: “Estamos esperando también la representación de nuestro abogado para ver si nos plantea alguna novedad”.
Norma sostuvo que a los vecinos no les llegó un informe de habitabilidad. “No nos llegó ninguna novedad de eso. La fiscal sí lo tiene”, afirmó a LA NACION. Describió que la información que reciben es parcial: “Lo último que nos enteramos es que la empresa, con el gobierno de la ciudad, está reinstalando la luz y el gas para que cuando volvamos estén en condiciones. Pero no sabemos si hay un informe de habitabilidad”. Y explicó por qué no les llega la documentación: “La Guardia de Auxilio y Bomberos están con el peritaje”.
En cuanto al alojamiento, Norma relató que su caso fue particular por la necesidad de cocina: “Tengo dos nenes, uno celíaco. Pedí estadía en un lugar donde tuviera cocina. Estoy en la avenida Independencia y voy a continuar hasta el 19”, señaló. Indicó que los plazos varían y que eso genera inestabilidad: “Hablé con otros vecinos: a algunos les dicen hasta el 19 y a otros hasta el 21; escuché del 16 al 21 y otra tanda al 19. Lo están renovando por tandas”. También mencionó el efecto de los traslados: “Los vecinos no saben si un día están en un lugar y al otro día tienen que hacer las maletas”.
Norma describió lo ocurrido con el Hotel América por reservas preexistentes: “Las familias tuvieron que trasladarse. Les quisieron dar otro hotel y no estaban conformes porque eran hoteles con muy malos comentarios. Pelearon para que les den uno cerca. Hubo reclamos hasta la noche y una vecina se descompensó”, relató.
Sobre la representación legal, aportó un número: “La representación que tenemos de abogado a Burlando, somos 175 familias, de las 300 que estamos evacuadas”, dijo, y agregó que hay vecinos que se asesoran por fuera. Señaló además que la situación de las mascotas es un factor de ansiedad: “Muchas familias tuvieron que separarse de las mascotas. Algunas están en casa de familiares, lo cual hace que muchas personas sientan más ansiedad, porque algunos tenían a las mascotas por el tema terapéutico”. Vinculó ese punto con el uso de medicación: “La mayoría está consumiendo más clonazepam, más ansiolíticos. Estamos sin dormir”. Y explicó el sentido del alias solidario: “Por eso el alias: ya se cubrió la medicación ansiolítica de varios”.
Durante la concentración hablaron representantes del estudio de Burlando. Pablo Caruzzo tomó la palabra ante los vecinos y explicó la estrategia de comunicación interna: “La estrategia es no dar demasiada información que no sirva. Por eso les dije que el canal es el del estudio, donde mandamos reportes, porque uno dice una cosa, otro dice otra y hay cosas que no son verdaderas”, sostuvo. Dijo que no podía prometer calma: “Decirles que estén tranquilos no puedo. Yo estaría igual que ustedes”. Y agregó: “Estamos trabajando para avanzar y determinar el responsable, para que esto tenga un pagador de los daños”.
Caruzzo planteó que la cadena de responsabilidades puede incluir actores privados y organismos públicos: “Del sector privado, son tres responsables seguros; después están los organismos públicos que omitieron controlar o auditar. Todavía no se sabe”, señaló. Indicó además que presentó un escrito presentándose como perito contable para la trazabilidad de fondos y explicó que el perito ingeniero del estudio podrá intervenir cuando finalicen pericias previas: “El perito ingeniero recién va a poder acceder cuando termine la pericia de bomberos y la fiscal lo deje acceder”. Cerró con un mensaje operativo: “Respondí consultas particulares por WhatsApp y seguimos con los canales de siempre”.

Después, varios vecinos leyeron textos preparados. Maxi Pando fue uno de ellos y su lectura, acompañada por aplausos, resumió el clima del grupo. “Desde aquel derrumbe que interrumpe nuestros sueños, 11 días de aquella madrugada en la que 175 familias tuvimos que huir de nuestro hogar con lo puesto”, leyó.
Enumeró denuncias previas por filtraciones, autos dañados e inundaciones, y habló de la sensación de “hotel en hotel” sin respuestas. Al final, levantó el tono: “No nos van a derrumbar. No vamos a parar hasta que paguen nuestros autos destruidos. No vamos a parar hasta que nuestros hijos vuelvan a tener una rutina feliz. No vamos a parar hasta que los responsables se enfrenten a la Justicia”, dijo, entre aplausos.
Dificultades cotidianas
También habló Francisco, vecino, con un enfoque sobre organización y vida cotidiana. Mencionó la dificultad de sostener escuela y trabajo, la ansiedad por los traslados y la necesidad de acordar una estrategia común. “Un hogar es un lugar donde yo pueda recuperar mi rutina. El gobierno de la ciudad, la empresa responsable, el banco hipotecario tienen que garantizarnos un hogar”, afirmó. Y pidió cuidar la comunicación: “Necesitamos ser prolijos con la información”, agregó.
Alrededor, circularon carteles: “Hoy hoteles y mañana?”, “Quiero volver a mi casa”, “Queremos una solución” y “Necesitamos respuestas ya”. Hubo palmas, cantos y consignas: “Olé, olá, nuestra vivienda es esencial, necesitamos una respuesta de verdad”. El cierre fue un abrazo simbólico en torno de las cuadras donde están las torres, con vecinos tomados de las manos.

En diálogo con LA NACION, varios vecinos hablaron sobre hoteles y mascotas. Fer Albornoz contó que lo mudaron a un hotel el primer día y que pidió pasar a uno “pet friendly” para tener la opción de dormir con su perra, pero no lo logró. Dijo que la dejó con su madre: “Es mi única familiar directa en mi vida cotidiana. Es muy doloroso”, señaló. Cuestionó la lógica de renovaciones cortas: “Nos están renovando por dos días, tres días, y no tenemos la salud mental para que nos muevan de un lado a otro con estrés postraumático”. También explicó el proceso que, según dijo, les describieron para el regreso: alta de clausura, alta de servicios, pedido a la fiscalía y luego habitabilidad. “Es un proceso bastante más largo de lo que parece”, sostuvo.
Victoria relató que el mismo martes del derrumbe se empezó a distribuir a vecinos en hoteles con y sin mascotas y que, en su caso, optaron por ubicar a la perra con familiares. Dijo que los avisos llegaron tarde y sin canales claros: “Por debajo de la puerta nos llegó un escrito que decía la estadía hasta tal fecha, pero no dejaron mail ni teléfono ni a alguien físicamente a contestar”, afirmó. Señaló que, en su caso, le informaron fecha hasta el 19, aunque escuchó otras. También describió el impacto en los animales: “Ellos también sienten todo”.
La concentración terminó con cantos, aplausos y un abrazo colectivo, mientras las vallas seguían marcando la frontera con las torres evacuadas. Para los vecinos, el encuentro fue una forma de ordenar reclamos y sostenerse en grupo. Entre los carteles, los listados por torre y las intervenciones, la misma idea se repitió durante toda la concentración: el martes se cumplirán dos semanas del derrumbe y, sin definiciones claras, la incertidumbre se volvió parte del día a día.
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