Adiós a Beatriz Ferro, una delicada dibujante de ideas

Graciela Melgarejo
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16 de julio de 2012  

Con el fallecimiento, el jueves último, en esta ciudad, de Beatriz Ferro, una de las más prestigiosas escritoras de literatura infantil de nuestro país, se cierra una importante etapa en la historia de la cultura argentina que aún falta por escribir.

Porteña, autora de numerosos libros de cuentos, teatro y poesía para niños, y de letras de canciones que alguna vez hemos repetido sin saber que era ella su creadora, había estudiado arquitectura, fue luego pintora y en 1960, y "casi por casualidad", se convirtió en una valorada creadora de temas infantiles y en los siguientes nueve años publicó más de 400 cuentos.

Desde entonces, Beatriz Ferro fue escritora, editora y "dibujante de ideas" para textos que los chicos leyeron en varios idiomas.

Ferro formó parte de aquel círculo mágico de gente de la cultura que rodeó, acompañó y trabajó con el fundador del Centro Editor de América Latina, Boris Spivacow, en innumerables publicaciones.

Fue, justamente, la encargada, en 1967, de dirigir la colección Cuentos de Polidoro, para chicos, inspirada en la serie Polidoro que Spivacow había realizado para la editorial Abril.

Más tarde, en 1970, llegó una de sus inolvidables creaciones: ideó, dirigió y redactó El Quillet de los Niños, para la editorial Arístides Quillet, una enciclopedia en seis tomos que, como ella sabía que les gusta a los chicos, "cuenta cosas porque sabe meterse dentro de ellas, explora como un explorador y hace descubrimientos".

Más tarde siguieron más colecciones: Los Cazacosas; Veo y Leo, junto a María Elena Walsh, para Hyspamérica; ¡Arriba el Telón!; Historias Fantásticas de América y el Mundo y Pequeña Agenda, en Atlántida.

Una de las grandes contribuciones como editora fue haber valorado y destacado la presencia de los ilustradores de los textos para chicos como coautores.

Con ella trabajaron, entre muchos otros, Oski, Enrique Breccia, Ajax Barnes, Hermenegildo Sábat, Carlos Nine, Elena Torres, Gustavo Roldán, O'Kif.

Entre otras distinciones, recibió el Pregonero de Honor, otorgado en 2001 por la Fundación El Libro, y fue candidata al Premio Hans Christian Andersen 2008, considerado el Nobel de la Literatura Infantil.

Una adelantada en muchos temas -en 1974 había escrito una serie de libros de "Introducción a la ecología"-, le gustaba definirse como "de profesión inventora: invento libros, situaciones, juegos, imágenes".

Sus lectores naturales, los chicos (y los adultos que saben leer como chicos), no la olvidarán porque siempre tendrán "Las locas cosas para imaginar" que Beatriz Ferro les ayudó a descubrir en el camino de la vida.

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