¿Cuántas veces se puede cambiar de sexo?
El proyecto de ley con media sanción en Diputados no establece límites para la rectificación; la mirada legal, psicológica y médica
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Hace un tiempo se conoció la historia del británico Norrie May-Welby, que nació hombre pero en 1990 se sometió a una operación de cambio de sexo. Sin embargo, tampoco se sintió cómoda como mujer. De allí que las autoridades australianas, donde reside esta persona de 48 años, reconocieran a May-Welby como individuo neutro.
En la Argentina están en discusión estos temas. Con amplio consenso, tuvo media sanción en Diputados el proyecto de ley de identidad de género y se espera que en breve se trate en el Senado. El espíritu de la ley entiende que la identidad de género "es una vivencia interna e individual tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento". De allí que sólo la persona sepa de su identidad sexual y el Estado deba acompañar esa decisión individual.
Ahora bien, ¿hay margen para el arrepentimiento? ¿Alguien que tuvo una reasignación de sexo puede volver a cambiarlo si no se encuentra con su nueva condición? En el proyecto que se impulsa no existen restricciones al respecto. "Se habilita el cambio de sexo siempre que una persona lo solicite, no hace falta precisarlo en la ley", informa a LA NACION César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), una de las organizaciones que hace 27 años lucha por esta conquista y que participó de la redacción del proyecto.
La única referencia que hay en este sentido en la legislación que se discute es en el artículo 3, donde se mencionan los alcances de la ley. "La rectificación del sexo una vez realizada podrá ser nuevamente modificada con autorización judicial", establece.
El cambio de sexo va más allá de una operación, que puede o no realizarse según lo decida la persona y es el último paso de un largo proceso. Más bien, lo esencial es la modificación registral, que implica el cambio del nombre propio de la persona, el sexo y de la imagen fotográfica que acompaña la documentación.
Vilma Ibarra, una de las diputadas autoras del proyecto, coincide con los demás referentes en la amplitud de una ley que es un reconocimiento de la identidad de género de todas las personas y una posibilidad de que cada uno pueda construir su propia identidad. "Este es un derecho que se le está negado a un sector de nuestra sociedad que se percibe con un género diferente a la asignación genital de nacimiento y sufre fuertemente la discriminación", señala la diputada a LA NACION.
Ibarra explica que la ley prevé el cambio de sexo con el sólo consentimiento del individuo y agrega que en la segunda reasignación se requiere autorización judicial. La legisladora aclara que son excepcionales los casos en que esto ocurre. "Se trata de una pulsión muy profunda que desde muy temprana edad le revela la identidad sexual. Es algo del orden de la intimidad de alguien y cuando llega a decidir el cambio está muy seguro. Los márgenes de arrepentimiento son muy bajos", explica quien hace años estudia el tema.
Una cirugía irreversible
El médico cirujano César Fidalgo, uno de los referentes en asignación de sexo en el país, informa a LA NACION que nunca se enfrentó a un arrepentido. "Antes de someter a alguien a una cirugía de pene hay que estar muy seguro porque es irreversible", enfatiza Fidalgo para despejar dudas.
Este médico forma parte en el Hospital Gutiérrez de La Plata, el primer equipo interdisciplinario que practica cirugías de este tipo en la Argentina; desde 1997, operó a 36 pacientes, en su mayoría varones que se reasignaron a mujer (la proporción es 3 a 1). "No vi nunca a nadie arrepentido y no tengo antecedentes que de que eso haya ocurrido, porque la operación es algo muy selectivo y la cirugía es el último paso luego de un proceso que engloba un tratamiento endocrinológico (para afinar o engrosar el cabello y la piel, distribuir diferente la grasa en el cuerpo, modificar la voz, etc) que lleva años y que ya va adecuando los cuerpos.
El médico psiquiatra y sexólogo Adrián Helien, del sector de disfunciones sexuales del Hospital Durand, único en su tipo en la Argentina, informa que los estudios señalan que sólo 6 de cada 2200 intervenciones generan algún tipo de "arrepentimiento" posterior. En general, confirma, la sensación es de satisfacción por el cese de la disforia, de la integración cuerpo-mente. "No conozco ningún caso en el país de arrepentimiento. Las personas que llegan a la instancia quirúrgica están muy seguras ya se encuentran con reasignación hormonal y viviendo en el género sentido hace tiempo. Lo único que cambia son sus genitales".
Y explica que, según investigaciones internacionales, quienes se desencuentran en su nueva condición suele ser por un contexto social adverso, no porque se arrepientan de la operación o por que deseen volver al género anterior. "Este tipo de casos debería ser abordado con un buen trabajo previo al acto quirúrgico para bajar las expectativas a situaciones reales. Todo en el marco del consentimiento informado, donde la persona toma la decisión responsablemente, previa información del equipo actuante del acto quirúrgico al que va a someterse", manifiesta este psiquiatra y sexólogo referente en tema.
"Las personas transexuales, en general, sufrieron años de exclusión, la sociedad no las aceptó, las discriminó y además no les permitió integrarse a ámbitos sociales, como por ejemplo, el educativo o el laboral", apunta Helien. Como los demás especialistas, considera que esta ley empezará a cambiar a futuro las oportunidades de este sector históricamente postergado.
Diana, una trans que sabe de luchas

Los numerosos testimonios que a lo largo del último año se fueron recogiendo en el blog Boquitas pintadas confirman que las personas que llegan a la instancia de requerir una reasignación de sexo lo hacen convencidas.
Diana Sacayán habla de su condición de travesti, revela sus años de luchas de lo más diversas, una de las cuales incluye el poder tener una identidad femenina acorde a lo que ella siempre supo que era, más allá de sus genitales de varón. "No siento que nací en un cuerpo equivocado. Este es el mejor cuerpo que me pudo haber tocado: disfruto de tener un pene y un par de tetas", dice en diálogo con Boquitas pintadas . "No tengo ningún problema con mi cuerpo, el que lo tiene son otros, justamente aquellos que desean nuestros cuerpos".



