
Amorinda, la parada obligada, si es que se consigue una mesa
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MAR DE LAS PAMPAS (De una enviada especial).- Uno no puede decir que conoció esta ciudad si no pasó por Amorinda. La frase se repitió en varias oportunidades y de fuentes distintas. "Lugares para comer hay muchos y buenos, pero el indiscutido es Amorinda", dijeron en la oficina de informes turísticos.
Anna Bianco y Antonio Pitella son los dueños y responsables de la cocina de este restaurante de pastas que es parte misma de la historia de Mar de las Pampas, al que van a comer los famosos y principales chefs del país cuando pasan por aquí. Anna y Antonio son dos italianos que emigraron a la argentina hace más de 50 años. Se instalaron en La Plata y él trabajó en una metalúrgica, y ella, como costurera. Pero hace unos años decidieron que necesitaban volver a empezar. El 15 de diciembre de 1999, con 8000 dólares compraron un terreno en Mar de las Pampas, en donde no había nada de lo que hoy se ve.
Otra vez migraron para empezar de cero. A los pocos días, Anna les anunció a sus hijas que abriría una casa de comidas: hacía canelones y se los regalaba a los dueños de las cuatro cabañas que había, para promocionarse. En menos de un mes decidió abrir un restaurante. A la semana, ya se llenaba. Como estaban Anna y Antonio solos, había días en los que o cocinaban o servían la mesa. Por eso, Antonio ponía los platos, vasos y cubiertos en la barra y les pedía a los comensales que se sirvieran solos. Pero la calidad de la comida y la calidez de la atención de este matrimonio mayor, que jamás había trabajado en gastronomía, fue la clave del éxito. Hoy, a trece años de aquel comienzo, por las noches en Amorinda no se consigue mesa sin reserva previa. Pedro Aznar es habitué del restaurante y de tanto ir se hizo amigo de la familia, lo mismo que los actores Luis Luque y Silvia Kutica. Entre los platos más destacados de la carta se encuentra una degustación de tres pastas sorpresa.
"Hace un tiempo vino a comer Donato, el chef. Fue como el cuarto chef que vino en la temporada. Me acerqué y le pregunté por qué había venido. Me dijo que en el mundo de los chefs no se hablaba de otra cosa que de Amorinda", relata Anna, emocionada, que a sus 70 años se convirtió en el alma de Mar de las Pampas.



