
Analizan cómo murieron los tres alumnos del Newman
Según declaraciones a la Justicia, iban a alta velocidad y se les interpuso un auto
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Altísima velocidad, un instante de distracción y una maniobra intempestiva para evitar un choque por acercamiento: elementos que se conjugaron para dar cuerpo al tremendo accidente que, en la madrugada de anteayer, se cobró la vida de tres chicos de 17 años, alumnos del Colegio Cardenal Newman.
Fuentes judiciales del caso confiaron a LA NACION que anteanoche, después de la misa por las víctimas, celebrada en la capilla del colegio de La Horqueta, uno de los dos sobrevivientes del accidente, Lucas Pereyra Iraola, declaró ante la policía y reveló los primeros detalles sobre los últimos instantes del viaje de los cinco amigos, cuatro de los cuales eran compañeros en el sub 17 del plantel de rugby del Newman.
Silvestre Gosio manejaba el Toyota Fielder de su padre. Lucas Pereyra Iraola iba sentado en el asiento del acompañante. Atrás viajaban el primo de Lucas, Bautista Pereyra Iraola, Ignacio Gain y Francisco Oxenford, el único de los cinco que no integraba el equipo de rugby de Benavídez.
El segundo fatal
Las fuentes consultadas por LA NACION dijeron que el adolescente declaró que habían ido a Pilar a bailar, pero que decidieron volverse temprano porque estaban aburridos.
Pereyra Iraola reconoció que iban rápido y que, en determinado momento, le dijo a "Tete" Gosio: "Mirá para adelante". En décimas de segundo, la tragedia comenzó a cobrar peso. Delante, muy cerca, la silueta de la cola de un vehículo se agigantaba a toda velocidad, en el mismo carril, en el kilómetro 35 de la Panamericana. Gosio volanteó para evitar el choque y ya no pudo recuperar el control del auto.
Fernando Gosio, tío de "Tete", dijo ayer en la multitudinaria ceremonia de inhumación de su sobrino y de Pereyra Iraola, en el Parque Memorial, al citar la versión de Lucas, que aquel vehículo era un taxi y que los habría rozado. No obstante, calificadas fuentes judiciales que intervienen en el caso informaron a LA NACION que en el escenario de la tragedia no se había encontrado indicio alguno de que hubiera ocurrido un choque.
"Teniendo en cuenta la declaración del chico que sobrevivió, y atento a que en la calzada no había marcas de frenadas de otros vehículos, lo más probable es que las concausas del accidente hayan sido la excesiva velocidad y una mala maniobra", dijo a LA NACION uno de los principales investigadores del hecho.
Lo que siguió es lo que ya se sabe: el golpe contra la defensa lateral de la ruta; el vehículo que se convierte en un amasijo de hierros; cuerpos que salen despedidos y caen al vacío sobre el puente que está frente a la planta de Ford, que quedan sobre la calzada o atrapados; la hora de la muerte, del dolor que hoy embarga a la familia del colegio Cardenal Newman y al mundo del rugby (ver aparte).
El fiscal de San Martín Fernando Domínguez, a cargo del caso, espera ahora los resultados complementarios de las autopsias y los informes finales de accidentología. También citará a declarar a Pereyra Iraola y a Gain, que anoche seguía internado en la Clínica Los Arcos, de Palermo, con la pelvis fracturada y pronóstico reservado. Al cierre de esta edición, se había decidido operarlo nuevamente.
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