Asalto y tiroteo, con rehenes, en San Telmo
Un grupo comando intentó robar una oficina del puerto; se enfrentó con la policía y dos ladrones fueron abatidos
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"Entramos, nos obligaron a sacarnos los sacos para comprobar que no estábamos armados y, de inmediato, les ofrecimos canjear a los rehenes por nosotros.
Pero ellos se negaron, pese a que estaban muy nerviosos y nos apuntaban con un FAL y otras armas de guerra."
El testimonio, dramático, pertenece al comisario mayor Juan Carlos Navedo, quien junto con su colega Marcelo Infante tuvieron que negociar durante dos horas con cinco delincuentes que retuvieron como rehenes a cuarenta empleados de la empresa Apple Computer, situada en Azopardo 1168.
La frase había marcado el punto final para la alocada carrera del grupo comando integrado por 12 delincuentes que, a las 16.20, "irrumpieron en el complejo de oficinas Costanera Central, para asaltar el local de la empresa Roggio, donde pensaban encontrar un botín de casi 500.000 pesos", según señaló el comisario general Luis Santiago Fernández, superintendente de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal.
Pero algo salió mal. Cuando los malvivientes ingresaron en el edificio situado en España y Brasil, en la zona portuaria donde, según sus informes, debían estar solamente un par de empleados y un solo custodio, encontraron una convención con una veintena de personas, mozos, sándwiches y muchos bocaditos.
Golpe fallido
"Quedate mosca o los matamos a todos", le dijeron los asaltantes cuando el efectivo de Prefectura que custodiaba las oficinas dio la voz de alto e intentó desenfundar su arma.
Según señalaron fuentes policiales, al ser descubiertos, y ante las dificultades de llegar hasta el local donde estaba el dinero, los delincuentes volvieron sobre sus pasos.
Al mismo tiempo, el hombre de Prefectura tomó su intercomunicador, pasó el alerta general y los asaltantes que huyeron a bordo de tres automóviles, Renault Megane, Peugeot 504 y Rover, comenzaron a ser perseguidos por móviles de dicha fuerza de seguridad.
En el cruce de Alicia Moreau de Justo y Garay se produjo el primer tiroteo, en medio del denso tránsito de automovilistas que, mientras eludían los balazos policiales y de los asaltantes, pugnaban por llegar a la autopista que une la ciudad de Buenos Aires con La Plata.
Allí los delincuentes fueron interceptados por un Ford Falcon de la División Prevención del Delito.
La confusión que dominó el enfrentamiento, entre vehículos que frenaban y derrapes en las vías, fue aprovechada por los asaltantes que viajaban en el Megane para escapar de la persecución policial.
El desenfrenado derrotero de los asaltantes y policías siguió por la avenida Huergo y luego por San Juan hasta el cruce con Azopardo.
En esa esquina se produjo el segundo y más violento enfrentamiento, cuando el móvil 258 de la División Sustracción de Automotores se cruzó delante de los dos vehículos de los asaltantes, que abandonaron el Peugeot 504 y el Rover para huir a pie.
Uno de los delincuentes, mortalmente herido, logró correr una cuadra, por San Juan, cruzó Huergo e intentó subir a un camión, pero cayó pesadamente sobre la calzada y murió.
En cambio, sus seis camaradas, que cubrieron su retirada a los tiros, lograron llegar hasta el local de Apple Computer, situado en Azopardo 1168, donde al grito de "métanse todos adentro" y "el que grita es boleta" tomaron como rehenes a los cuarenta empleados.
De inmediato ordenaron a Sebastián Herrera, el gerente de la firma, que bajara la cortina metálica del local y llevaron a todos, a punta de pistola, al primer piso.
Tirado en la vereda
Mientras dentro del edificio, un viejo galpón reciclado de dos plantas, los cinco malvivientes amenazaban con matar a los rehenes, afuera, tirado sobre la vereda, uno de los malhechores agonizaba, luego de recibir un balazo en la cabeza.
Ahí quedó durante una hora y media ante la indiferencia de la policía y de los cientos de curiosos que invadieron la cuadra de Azopardo, entre San Juan y Humberto 1º y sin que nadie lo atendiera.
Los jefes policiales se quedaron sin argumentos a la hora de explicar por qué abandonaron al malviviente, que fue internado en gravísimo estado en el hospital Argerich, y donde, tras ser atendido de urgencia, murió, según confirmó anoche a La Nación el comisario mayor Infante.
En dicho nosocomio también fueron atendidos dos pasajeros del interno 19 de la línea 93, de 17 y 26 años, que resultaron heridos cuando una bala destruyó la luneta del vehículo que circulaba por Paseo Colón y cruzaba San Juan rumbo al centro, a una cuadra del lugar donde policías y ladrones se tiroteaban intensamente.
Los alumnos del colegio industrial 13 de Julio, que festejaban porque había faltado el profesor de química y tuvieron hora libre, eligieron volver de repente a la escuela, una vez que al ganar la calle se encontraron en medio de los tiros. El dramático episodio terminó a las 19, cuando el local fue rodeado por cientos de policías y llegó el juez de instrucción Nelson Jarazo, quien logró convencer a los delincuentes de que se entregaran.
Atrás habían quedado dos horas de tiroteos, persecuciones, incertidumbre, nervios y negociaciones entre la policía y un grupo delincuentes que "estaban jugados", según describió uno de los rehenes.
Tras el eco de los disparos y el final de una tarde escalofriante, la policía buscaba, al cierre de esta edición, a cinco delincuentes prófugos.
Incertidumbre y pánico entre los cautivos
"Estamos bien, quédense tranquilos. No nos pasó nada", "avisale a mi hermana que ya terminó todo". Estas fueron algunas de las frases que Facundo y Manuel gritaban desde las ventanas del primer piso del edificio. Ellos fueron dos de los rehenes que estuvieron cautivos por casi dos horas.
En tanto, en la calle, una empleada de la empresa estaba conmocionada. Con la voz entrecortada dijo a La Nación : "Cuando entraron los delincuentes me tiré al piso.
No alcancé a ver nada, me puse muy nerviosa y pude salir porque ellos nos dejaron. Todo fue muy rápido."
La madre de Verónica estaba nerviosa. No era para menos. Estaba en su casa y escuchando la radio se enteró de lo que pasaba. "Apenas me lo dijeron me vine para acá.
Pensé lo peor. Aparte vi tantos policías y tanto movimiento que me asusté mucho. Por suerte todo salió bien".
El que tuvo un movido bautismo en la empresa fue Mariano. Es que hace sólo tres días que trabaja allí y estaba con su prima, quien lo recomendó.
"Escuché por la radio que había rehenes en Azopardo 1168 y me dije: "Allí trabaja mi hijo". Inmediatamente lo llamé por el celular, cuando no me contestó me di cuenta de que algo pasaba.", comentó el padre de Mariano, quien omitió su nombre.
Gracioso momento
Pese al dramatismo de la situación, también hubo un momento para alguna anécdota graciosa, cuando una joven, que no se identificó, llamó por teléfono a su novio, empleado de Apple Computer.
"Me atendió uno de los delincuentes y preguntó de quién era el teléfono. Me dijo que no me podían atender y me cortó", dijo la joven.
"Me di cuenta de que había algún problema, así que volví a llamar pero ya habían apagado el celular", agregó.
Emiliano tuvo suerte. Llevaba una computadora a la empresa para que la arreglaran. "Escuché tiros y me tiré al piso.
Los delincuentes iban colgados de las puertas en un automóvil color bordó y disparando a la policía. Me salvé, si esto ocurría un minuto después yo también hubiera quedado como rehén. Gracias a Dios la policía llegó muy rápido."
Mariano, de 23 años, recordaba el momento en el que estaba comprando algo en la planta baja y escuchó una ráfaga de disparos.
"Vi a varios tipos armados que entraron y nos dijeron que nos tiráramos al piso, pero como después se fueron al primer piso nos dejaron salir", señaló.


