
Aylén: diez años de trabajo y muchos proyectos por delante
La fundación de recuperación de adictos cumple una década
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Dice que el mejor antídoto para no caer en la droga es tener un proyecto de vida. Y queda claro que esta receta la aplicó en la fundación que preside: Aylén cumplió diez años de trabajo y sigue llena de proyectos.
El socioterapeuta Carlos Souza, al frente de esta entidad para la recuperación de drogodependientes, repasó con LA NACION esta década de trabajo. Empezaron en agosto de 1994, con ocho chicos, en Acassuso. A lo largo de la última década ya trataron a 820 personas. Hoy tienen 73 adolescentes y adultos en tratamiento.
En 1998 creció notablemente el nivel de demanda. La casa les quedó chica. Se mudaron a la casa que alquilan hoy, que antes había sido una escuela. "Nos vino bien la herencia porque nuestro tratamiento tiene mucho de educativo", reflexiona Souza.
Dice que el tiempo los ayudó a definir su misión y su ideología: "Una institución debe saber cuánto y cómo crecer para no bajar la calidad de su servicio. Una organización es una empresa social. No tiene objetivos de lucro, pero sí debe hacer una buena gestión de sus recursos".
Los últimos cinco años dejaron su impronta en cuanto a la gestión de competencias y capacitación del equipo de profesionales. Dedicaron mucho tiempo al entrenamiento de los especialistas, que vienen de la medicina, de la psiquiatría, de la psicología y la educación física.
"Con los años fue cambiando nuestra definición sobre la drogodependencia: no es una enfermedad, sino una problemática de reaprendizaje social. Siempre tenemos soportes de transición; nos apoyamos en familiares, amigos, objetos. Pero cuando la persona no puede elaborar estrategias de adaptación, aparece la droga como elemento de transición", explica. Entonces se hace necesario recuperar un espacio de transición positivo, contrapuesto a la transición negativa que es la droga.
"No se trata de incluir información, sino de desaprender lo que está mal aprendido -agrega-. Pretendemos generar personas con liderazgo y autonomía para salir a una sociedad que pretende que el consumo sea un patrón de vida." Por eso la terapia en Aylén tiene su parte psicoterapéutica, pero también hace hincapié en los cambios de comportamiento, en las modificaciones en el plano familiar, en el desarrollo de capacidades específicas. El programa tiene una duración de 18 meses.
Souza asegura que fueron pioneros en desarrollar un modelo que no fuera las conocidas granjas, que aíslan al paciente del mundo, sino que apenas se dan las condiciones se trata de que la persona tome contacto con el mundo. "La reinserción no es la despedida del aislamiento, sino que gradualmente se adquieren las habilidades sociales -destaca-. Esto agrega complejidad al tratamiento, pero la musculatura de la persona para soportar situaciones de stress se fortalece desde el principio."
Padres, parejas, hermanos, abuelos y amigos participan de los distintos espacios propuestos por Aylén.
Crecimiento permanente
Aylén surgió en 1998 de un grupo de profesionales en el que estaban Souza, la asistente social Susana Pels y el operador terapeuta Alberto Rey. Los dos últimos formaron luego su propia entidad. La palabra "aylén" significa ?miembro de una comunidad´, en mapuche: una buena definición del trabajo de la entidad.
En estos años de trabajo descubrieron que las cosas cambiaban. "Se llegó a un grado de familiarización con el consumo de marihuana o de alcohol que distorsiona el riesgo", explica. También bajó la edad de los chicos adictos. "Las ONG funcionan como espejo de la sociedad. Vemos que las familias no fueron advertidas de los riesgos del alcohol y la marihuana. Los deberes y las obligaciones de las familias están muy desdibujados."
Con los años, Aylén se convirtió en un centro de capacitación. Y consiguieron algo poco usual: no depender del Estado. "Nuestro método es pedagógico, afectivo, no coercitivo ni violento. Respetamos al otro con su sistema de creencias", dice Souza. Su teléfono es el 4791-4691/9095 y su página: www.aylen.org.ar .
No son ni quieren ser un centro de desintoxicación. Por varias razones. Porque promueven el cambio integral en la persona que pide ayuda y en su familia. Porque entienden que un equipo debe revisar sus metodologías para no estereotipar en su forma de ayudar. Porque creen que no hay salida si no se desarrollan el sentido crítico y la solidaridad. Porque no sólo revisan el pasado de los adictos sino cómo viven el presente y cómo quieren vivir el futuro.
Muchas salidas
- Cada persona responde de distinto modo frente a la adversidad. Y si en la droga se ingresa por diferentes puertas, puede pensarse que se sale de múltiples maneras. "En algunos casos se modifica la red familiar; en otros se produce un aprendizaje de la vida comunitaria. Cada persona responde distinto. Nosotros brindamos un abordaje psico-socio-educativo-familiar al servicio del reaprendizaje social", resume Souza.
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