
Berni y Castagnino trabajaron juntos
Los especialistas determinaron, en una primera instancia, que en los muros se aprecia la mano de los dos artistas.
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Ni el mismísimo rey Salomón lo podría haber resuelto mejor. Los murales del bingo de Avellaneda que los últimos días generaron una insólita controversia con relación a su autoría no son de Antonio Berni ni de Juan Carlos Castagnino: los especialistas determinaron que fueron pintados por ambos. Dichos especialistas visitaron ayer, junto con La Nación , las obras abandonadas durante décadas en lo que alguna vez fue el cine San Martín y donde hoy funciona un bingo.
Héctor Schenone, considerado una eminencia de la Academia Nacional de Bellas Artes, y Jesús Marcos, artista que trabajó como ayudante de Berni y de Castagnino en su juventud, llegaron a la misma conclusión: hay más de una mano en los murales.
Y no sólo la de los dos grandes maestros: dice la tradición de Avellaneda que, décadas atrás, el cura párroco local, alarmado ante la cantidad de chicos que iban al cine, hizo cubrir las partes "impúdicas" de las obras.
Por eso, todos los varones presentan unos simpáticos pantaloncitos de fútbol azules y una de las mujeres tiene un velo debajo de la cintura al que ni siquiera se lo hizo volar en la misma dirección que la cascada de pelo dorado que cae sobre sus hombros.
Durante la visita también estuvieron presentes la presidenta de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, Magdalena Faillace (que encargó una resolución final de la Academia para poner los murales bajo la protección de su organismo); el subsecretario de Cultura de la Nación, Hugo Storero (que busca integrar la sala que alberga los murales en un paseo cultural), y Carlos María Pinasco, director de la Colección Alvear de la Galería Zurbarán (que fue el primero en alertar sobre la posible autoría de Castagnino).
División de territorio
Si bien este primer análisis fue tentativo, y se complementará con otros más minuciosos, Marcos llegó a establecer un esquema de cómo los pintores se habrían dividido el territorio.
Sobre los dos nichos con figuras monocromáticas -que todos consideran las menos logradas- está la firma y no hay duda. Son de Berni, aunque Schenone, al verlas, se haya sorprendido: "Son aún menos característicos de Berni que las que están sin firmar; no es la iconografía habitual", dijo.
En cuanto a las dos grandes paredes, Marcos explicó que cada una fue subdividida. Cuando Berni pintaba la parte que acompaña la escalera en una de ellas, Castagnino la continuaba en la parte principal. Y en el muro de enfrente invertían la distribución, si bien hay figuras secundarias hechas por uno u otro indistintamente.
Es evidente que Berni, que logró récords de hasta US$ 717.500 por sus obras, es una estrella con mayor proyección internacional que Castagnino. Si el trabajo es conjunto y no de Berni solo, ¿bajaría el valor de las obras o, en cambio, subiría por contar con otro grande de la pintura? Ni lo uno ni lo otro. "Más allá de las firmas, todo depende del resultado final, de la maestría de la obra", dijo Schenone.
Un problema adicional para efectuar el cálculo económico es que el valor de trasladar a otro soporte los murales sería tal que eso solo los dejaría fuera del mercado. "Y sin mercado, no se puede hablar de precio", agregó el representante de la Academia.
Sin embargo, en los últimos días se corrió el rumor de que los dueños del inmueble habrían intentado venderlos por medio millón de dólares.
Schenone también manifestó que, dado que fueron concebidos para ese espacio arquitectónico, cualquier intento de moverlos sería un error.
Por su parte, el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Jorge Glusberg, que consultado por Storero garantizó la mano de Berni en los grandes murales, también mandó ayer a sus sabuesos para realizar una investigación en profundidad.
"Los murales son de Berni; que otros los hayan terminado o modificado es algo que sabremos luego de examinar las manos de los distintos personajes", adelantó.
Berni y Castagnino, que eran buenos amigos, en la década del 40 formaron -junto con otros grandes, como Spilimbergo- un grupo de muralistas que realizó varios trabajos en conjunto. Sin embargo, éste podría ser el primer ejemplo de una pared totalmente concebida entre los dos. Pocos años antes habían participado en los murales de las Galerías Pacífico. Pero allí, el sector destinado a cada artista estaba bien diferenciado.
Sin embargo, la incógnita sobre la autoría del mural del bingo continúa. Si Berni firmó los nichos, ¿por que no lo hizo sobre los murales?
Una hipótesis es que sólo haya decidido dejar rastros sobre su trabajo individual. Otra, apunta a una sugestiva rotura en una esquina de la pared. Justo el lugar propicio para poner la -o las- firmas.





