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EL CALAFATE.- Gabriel Mileca tiene 42 años y permanece desaparecido desde hace 12 días luego de que se escapara del Centro de Salud Mental de Río Gallegos, donde había ingresado 36 horas antes con un cuadro de depresión. Pese a contar con consigna policial, huyó en pantuflas y tomó un taxi que lo dejó en las afueras de la ciudad, donde su rastro se perdió. Un amplio operativo que incluye fuerzas provinciales y federales lo buscan por tierra y mar, y hoy se sumó un helicóptero. Su esposa cuestiona las demoras durante las primeras horas de la desaparición.
“Es una situación desesperante, por momentos parece una película de terror de la que me quiero despertar. Hoy, a 12 días, pido a gritos que la Justicia se una, no importa si provincial o nacional, que se una en el objetivo de encontrar a Gabriel. Lo estamos esperando en casa, yo necesito recuperar a mi esposo, mi hija necesita a su papá en casa”, ruega Susana Gugliermo, en diálogo con LA NACION.
Hasta ahora hay un recorrido en taxi inesperado, una última comunicación telefónica con su esposa, un taxista que lo ve, unos rastros de pie descalzo en la arena y no mucho más. Pese a una búsqueda que hoy encaran 70 efectivos de diferentes fuerzas, según confirmaron fuentes judiciales a este medio, no hay pistas o resultados positivos que se le hayan comunicado a la familia.

Cuando Mileca se escapó del Centro de Salud Mental el sábado 10 de enero alrededor de las 10, su esposa estaba allí en un consultorio reunida con una médica de turno que le indicaba que no estaba respondiendo al tratamiento iniciado el día anterior.
“En ese momento se escucha un fuerte estruendo de una puerta que se golpeó, la médica sale y nos enteramos así de que se había retirado del lugar. En principio me dijeron que por una ventana”, detalla Gugliermo, quien inició entonces una búsqueda desesperada en auto por la ciudad. Su esposo vestía en ese momento un short negro, remera azul y unas pantuflas de peluche negro. No llevaba ni abrigo, ni billetera, ni celular.
A las 10.38 la mujer recibió una llamada de un número que no tenía agendado y escuchó la voz de su esposo: “Su, págale el viaje al señor”. La llamaba desde el teléfono de un taxista que lo había recogido cerca del nosocomio. “Ahí le digo al señor que no lo deje bajar, pero Gabi sale del auto y se dirige para el lado del agua. El taxista me dice que corrió unos metros, pero mi esposo es atleta y no lo pudo alcanzar. Miró hacia el agua, lo vio arrodillado y cuando retrocedió un poco más arriba para buscar señal y comunicarse con la policía y conmigo, volvió a mirar y ya no lo vio más”, relata la esposa de Mileca.
El taxista lo había llevado hasta el borde del estuario del río Gallegos, en las afueras de la ciudad, un área descampada de barracas, médanos y canteras, entre el aeropuerto y la Unidad Penitenciaria. Las mareas en el estuario son de las más extremas del mundo, caracterizadas por su amplitud extraordinaria que genera cambios drásticos en el paisaje costero en pocas horas.

Ese fue el último lugar donde se lo vio antes de desaparecer sin dejar rastros. Su esposa y los amigos que convocó llegaron minutos después al lugar, distante a unos 13 kilómetros del Centro de Salud desde donde se había escapado.
“A las 11.30 había solo tres personas buscándolo y recién cerca de las 14 empezaron a llegar más efectivos. No hubo ningún peritaje de las huellas de pie descalzos, no hubo perros en el momento, éramos más voluntarios que policías. Yo estaba desesperada con amigos y familiares que estábamos ahí, pero no sabíamos para qué lado se había ido”, afirma la mujer, que reunió voluntarios que lo buscaron con cuatriciclos y camionetas.
Desde entonces, a Mileca lo buscan en Río Gallegos y alrededores. Fuentes judiciales aseguraron a LA NACION que desde el primer día desplegaron más de 70 efectivos, de las diferentes divisiones y grupos de la policía provincial, Protección Civil y fuerzas federales. Como hay secreto de sumario, no adelantaron las hipótesis que se investigan. Hoy jueves se sumó un helicóptero del Ejército Argentino que realizó la búsqueda en la zona junto a personal de policía y la Prefectura Naval Argentina.
Mileca nació en Luján, pero vive en Río Gallegos desde pequeño, cuando su familia se mudó desde Buenos Aires a Santa Cruz. Es muy conocido por su prolífica actividad como runner, durante la que suele subir a podios junto a su hijo de 18 años, también corredor. Hace más de veinte años que trabaja en la administración pública; primero lo hizo en el área de Pesca y luego pasó por Vialidad Provincial, donde ocupó una jefatura. Finalmente, fue trasladado a la empresa provincial Distrigas.

Es padre de tres hijos –de 19, 18 y 11 años– y se encuentra casado con Gugliermo desde hace 13. “Estaba atravesando una situación emocional compleja, que se fue acrecentando. Tenía ataques de pánico, ansiedad, y el cuadro se fue empeorando. Fue como una depresión y los profesionales evaluaron en forma conjunta que fuera trasladado al Centro de Salud Mental”, describe la mujer.
Gugliermo recuerda que la internación fue involuntaria y por ello contaba con una consigna policial. “Es un pasillo muy estrecho, no entiendo como no lo vieron salir”, afirma. “Hace 13 años que estamos juntos, toda una vida, somos sumamente compañeros, siempre los dos hicimos las cosas solos, laburando a pleno, teniendo nuestra casa, él siempre quería progresar”, comenta.
La causa por averiguación de paradero de Mileca la lleva adelante el juez de instrucción Gerardo Giménez. Fuentes judiciales confirman que, a partir de la reconstrucción del recorrido del taxi, se estableció el lugar donde se lo vio por última vez en la costa y, tras delimitar el área de búsqueda, se comenzaron los rastrillajes que se fueron ampliando con el correr de los días.



