
Cabello, condenado a 12 años de prisión
El joven de 23 años fue sentenciado por matar con su auto a Celia Carman y a su hija Vanina, de 3 años; es el fallo más duro
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En lo que se constituyó en la condena más severa dictada en la Argentina por un accidente de tránsito, Sebastián Cabello, de 23 años, fue sentenciado ayer a 12 años de prisión por haber matado con su automóvil a Celia González Carman y a su hija Vanina Rosales, de 3 años, cuando corría una picada, en 1999, en Núñez.
Cabello, que estaba libre, quedó de inmediato detenido, pues el delito por el que se lo condenó es homicidio simple reiterado con dolo eventual, lo que significa que al manejar a alta velocidad se representó como posible que con su conducta podía ocasionar la muerte de otras personas. Además, se lo inhabilitó para conducir.
La sentencia, que hizo esperar cuatro años a los familiares de las víctimas y que condenó al acusado por un año más de lo que había pedido la fiscalía, fue leída por el juez René Morales Penelas, en el Tribunal Oral Criminal N° 30. Tanto Sergio Rosales, esposo y padre de las víctimas, como el fiscal y el abogado de la familia querellante se mostraron satisfechos por la decisión. "Ahora Celia y Vanina van a poder descansar en paz", dijo llorando Sara González, luego de escuchar al juez. Cabello decidió no estar presente en la sala de audiencias durante la lectura del fallo por temor a ser agredido, y se enteró de la sentencia en el despacho del presidente del tribunal, en el segundo piso del edificio de Paraguay al 1500.
El padre de Vanina opinó que el acusado se ausentó porque sabía que "estaba muy comprometido y sabe que es un asesino". El abogado de la familia, Marcelo Parrilli, sostuvo que se trató de un fallo equilibrado.
Previo a la lectura del veredicto hubo algunos incidentes y hasta uno de los abogados de Cabello fue agredido. Además, hubo intercambio de insultos entre un grupo de patovicas que apoyaban a Sebastián Cabello y otro de familiares de víctimas de accidentes de tránsito que estaban con pancartas apoyando a la familia de las víctimas. "¡Asesino! ¡Asesino!", le gritaban a Cabello. Hubo corridas por la calle Paraguay que, a los botellazos, pusieron en fuga a los patovicas.
Por eso el fallo se leyó a puertas cerradas, sin la presencia de público, excepto por los periodistas, el secretario de Seguridad, Norberto Quantín, y el subsecretario, José María Campagnoli. Ambos, cuando eran fiscales, investigaron el caso.
Ya desde temprano se reunieron en la puerta del tribunal integrantes de la Asociación de Familiares de Víctimas de Accidentes de Tránsito y de violencia policial, que expresaron su expectativa y su esperanza de que Cabello quedara preso. "Estamos todos juntos para que haya una condena. Nos reunimos en casos así para que haya justicia y las muertes no sigan pasando", dijo Ana María, antes de escuchar la decisión final. "Esperamos que los asesinos de tránsito también sean condenados."
La familia de Cabello llegó custodiada por al menos tres patovicas, que fueron abucheados. A las 10.30 se reunieron los jueces para escuchar las palabras finales de Cabello, que ingresó en la sala junto con sus padres, con la cabeza gacha. Entre sollozos, por primera vez pidió perdón y dijo: "Yo jamás supuse, pensé que alguna vez en mi vida podría ni siquiera lastimar a alguien, y mucho menos pensar lo que pasó. No puedo creer que piensen que a mí no me importaban Celia y Vanina. Vivo día a día sabiendo que yo fui el culpable de que murieran y que arruiné una familia. Lamento de todo corazón y pido perdón a todos".
Sergio lo escuchó atento, pero no le creyó. "Me da mucha bronca que haya nombrado a Celia y Vanina recién ahora", dijo. "No siente nada de lo que dijo. Es una estrategia de los abogados." Salió de la sala con lágrimas en los ojos y muchos nervios.
A las 13, luego de un cuarto intermedio, todos ingresaron nuevamente en la sala. Pero debido a los incidentes se la desalojó. Mientras leían la sentencia, la madre de Celia González Carman y Parrilli se mantuvieron tomados de la mano. Sergio Rosales respiraba hondo. Cuando escuchó el veredicto, cerró el puño y no pudo contener la emoción. Al finalizar la lectura, se abrazó con su hermana y pidió que los demás familiares de víctimas "luchen que se puede, que la justicia existe". Sara González Carman expresó que "se trata de una medida importante que todo el pueblo ha conseguido, sienta un precedente para que los mal llamados accidentes consigan justicia".
Denuncia y homenaje
La sentencia ordena investigar a Cristian Pereyra Carballo, amigo de Cabello que declaró en el juicio y que iba como acompañante cuando Cabello mató a Celia y a su hija.
Quantín sostuvo: "Me interesaba mucho venir porque fui fiscal, pero también porque esta causa muestra cómo funciona una fiscalía en un barrio, por estar cerca de los hechos. Este es un mensaje de que existen justicia y leyes severas".
El secretario relativizó que este juicio puntual marque una jurisprudencia, y afirmó que eso demuestra que hay un interés en la sociedad en contra de este "accionar peligrosísimo de gente inconsciente usando la calle como pista de carrera causando tantas víctimas".
A las 17, en medio de un fuerte operativo de seguridad, Cabello fue trasladado a la Unidad 28 de los tribunales porteños. Desde allí fue trasladado al Escuadrón Buenos Aires de la Gendarmería Nacional. Su padre, en la puerta del lugar, lamentaba el fallo: "Está llorando, es un pibe al que a los 18 años le pasó esto y se le vino todo encima, le hacen una cama tremenda", dijo Rafael Cabello.
En Saavedra, Sergio Rosales y Sara González Carman, junto a vecinos, hicieron una manifestación en homenaje a las víctimas.
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