Cada vez más hoteles y bares con niñofobia

En muchos lugares ya no se permite el ingreso de menores
Franco Varise
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4 de julio de 2007  

Los chicos y los padres ya no son bienvenidos en todos lados. Suena antipático, pero, poco a poco, empezó a vislumbrarse en hoteles y restaurantes de la Argentina una curiosa política de admisión, por la cual no se permiten los niños. ¿El motivo? Resultan molestos para el resto de los clientes.

El hecho de que Rati, en verdad un nombre espiritual, haya dispuesto en su restaurante Krishna, en el barrio de Palermo, un salón vedado para familias con hijos es apenas una muestra de una tendencia que empezó a hacer pie en el país. “Los domingos se me llenaba de familias con chicos y hay gente que quiere comer tranquila”, explicó Rati, devota de Hare Krishna, y aclaró que la prohibición no menoscaba sus sentimientos. “A mí me encantan los chicos... y los perros también. Pero percibimos que a quienes quieren hablar y estar tranquilos les molesta.”

El apetecible mercado que abrieron en el país los “niñofóbicos” –como se denomina a esta legión cada vez más numerosa– comienza a imponer ciertas condiciones en hoteles y posadas de lujo.

En muchos pueden leerse carteles que indican: “Sin chicos”; “Política de admisión: mayores de 12 años”, o el eufemístico “Por seguridad, no se aceptan menores”.

Se trata, en su mayoría, de “ambientes libres de chicos” con un público de altos recursos económicos y con una fuerte afluencia de turistas extranjeros.

Lo cierto es que allí no entran los chicos, aunque vayan acompañados por sus padres y a pesar de que éstos juren y perjuren que sus pequeños son los más tranquilos del mundo.

Sin dejar espacio a segundas interpretaciones, la propuesta es simple: o los mayores concurren solos o eligen otro lugar para visitar con su familia.

"No hacemos excepciones. Los huéspedes nos empezaron a hacer la observación acerca de los chicos y el 80 por ciento de nuestros clientes son parejas solas", justificó Pilar Etcheverry, de Ave María, una posada ubicada en Tandil, en la provincia de Buenos Aires.

La polémica en torno de este tema parte de admitir que los chicos pueden resultar una alegría para muchos, pero también un fastidio para "quienes" buscan tranquilidad, sosiego y paz.

La tendencia marca hoy que esos "quienes" tengan un nombre: childfree (en inglés "libre de niños"), un movimiento con mayor representación en los países desarrollados, que no plantean la necesidad imperiosa de tener hijos como medio de esplendor y autorrealización.

Todo lo contrario: en oposición a los dictados biológicos y culturales de la gran mayoría, sostienen que el desarrollo profesional e individual es más importante, con lo cual estas parejas modernas han pasado a denominarse también dink (double income, no kids), lo que traducido al español significa: doble sueldo, ningún hijo.

Y los dink tienen mucho dinero para gastar en esos pequeños-grandes gustos: viajes, tecnología, estética, que para los padres tradicionales pueden resultar onerosos frente a otras necesidades propias de una familia.

La capacidad de gastos hedonistas, como suelen denominarlos las empresas dedicadas a hacer estudios de mercado, son menores cuando hay hijos.

¿Hasta dónde se está dispuesto a soportar el berrinche de los chicos en restaurantes y hoteles? Si la pregunta se le realiza a la administración de La Pascuala Delta Lodge, un exclusivo hotel cerca del Tigre, la respuesta es tolerancia cero.

"No se aceptan menores por políticas del hotel y por cuestiones de seguridad", explicó Verónica Kaplan. "Lamentablemente, no aceptamos menores de 16 años en la isla", agregó ante la consulta sobre la posibilidad de hacer una reserva en ese bello rincón del Delta.

Quejas por discriminación

La libertad de los niños, al parecer, colisionó contra la pared de un mercado -uno de los pocos, cabría añadir- que los rechaza por sus características intrínsecas e ineludibles: jugar, hacer ruido, etcétera, etcétera.

Es que mientras en Europa, en los Estados Unidos y en Japón las políticas de admisión sobre los niños fueron imponiéndose y hasta son ampliamente aceptadas, en la Argentina la tendencia es muy reciente. Y no son pocas las quejas y las controversias que se plantean en torno a ello.

"La decisión que tomamos fue analizada porque preveíamos, y de hecho sucede, que podría generar quejas. Sin embargo, primó el sentido de que la mayoría lo agradece", explicó Etcheverry acerca de la política de admisión en Ave María, que fue adoptada hace poco.

"Los que tienen chicos se enojan y lo toman como algo discriminatorio, pero uno tiene que estar acá para entenderlo", graficó la encargada de ese hotel, que, según aclara, durante las vacaciones de invierno la posada se abre a toda la familia por única vez en el año.

En Cariló, en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, hay hoteles de cuatro y cinco estrellas que ya vienen realizando esta práctica de restringir el acceso de menores, aunque de 14 años, a todas las instalaciones. Otros complejos sólo la circunscriben a las piscinas.

Consultada al respecto, la titular del Instituto Nacional contra la Discriminación y el Racismo (Inadi), María José Lubertino, señaló que no había recibido denuncias por discriminación sobre esta nueva política de admisión.

Derecho cuestionado

"Lo primero que hay que decir es que cualquier restricción de este tipo es una manifestación discriminatoria. El derecho de admisión no existe, es una construcción cultural sobre la base del derecho privado, pero no hay una ley que lo sostenga", dijo la funcionaria, que también es abogada.

Lubertino agregó, con tono de advertencia: "En algún momento también hubo personas a las que les molestaron los negros, los judíos y los discapacitados".

Pequeños detalles, pero decisivos. Los chicos, como ocurrió con el cigarrillo, actualmente también son materia de admisión.

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