
Cada vez son más quienes encuentran bienestar en el yoga
La matrícula aumentó un 35 por ciento
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Aprender a respirar; buscar armonía y paz por medio de posiciones corporales, disfrutar, relajarse... Ante tanto stress, preocupación, presión del afuera o falta de proyectos en tiempos de crisis, cada vez más argentinos se vuelcan a meterse dentro de sí mismos y practicar yoga.
Según la Federación Argentina de Yoga, en el año último creció un 35 por ciento la cantidad de alumnos en las 30 asociaciones provinciales y las siete nacionales de yoga que agrupa la Federación. En total, son unas 200.000 personas las que practican esta disciplina en nuestro país. Además, según datos de la citada entidad, aumentó en un 50% el número de alumnos que se inscribió en el profesorado.
A diferencia de lo que ocurría hace unos años cuando quienes practicaban yoga eran personas de 50 años o más, hoy lo hace mayoritariamente la generación de 25 a 45 años.
Y, según afirman diversos profesores, creció notablemente el interés entre empleados bancarios, estudiantes y entre quienes trabajan en el área de atención al público. "Muchos están cansados, estresados. Cada vez tenemos más alumnos que sufren de ataques de pánico", dice David Lifar, director de la Fundación Indra Devi (la conocida maestra de yoga, recientemente fallecida), que este año también notó un incremento del 25% en el número de interesados. "Cuando empiezan a practicar yoga, enseguida mejoran la calidad de vida: duermen mejor, respiran profundo y se sienten bien", asegura Lifar.
"Lo que más me gusta observar en las clases este año, es que la gente no habla ni de dólares ni de corralito. Se limpian de todo, se tranquilizan y se ríen mucho", sostiene Susana Balech, directora del Centro Amigos de la Cultura Yoga.
"El entorno ejerce presión y se ven las secuelas de la crisis en el cuerpo. Las personas llegan a yoga por sus fuertes dolores de cabeza, por problemas estomacales, por contracturas o un estado depresivo y sedentario", explica la profesora María Santamarina, que enseña un yoga al que define como integral. "Noto que los alumnos vienen dispersos y están buscando algo que los baje, que los centre. Y no pueden lograrlo si no lo hacen a través del cuerpo", agrega.
Un cambio de actitud
Para los nuevos alumnos es toda una experiencia de relajación, de centramiento y de cambio de actitud frente a la vida. "Una vez que practicás yoga, no podés dejarlo", dice Paula Nogueira.
En rigor, lo que testimonian los alumnos es que los ejercicios de estiramiento -que muchas veces son difíciles de lograr-, una vez superados, producen bienestar. "Pueden ser vistos como los obstáculos a los cuales nos enfrentamos en la vida, como oportunidades para crecer", asegura Agustina Naón, que empezó el año último.
"Si tuviera que mencionar un beneficio del yoga, es el aprender a manejarte en la adversidad. Hacer de los obstáculos una posibilidad para crecer, para ser más persona", explica Santamarina.
A la profesora Clara López Gordillo -que también asegura que tiene un 20% más de alumnos este año- le gusta repetir en pleno ejercicio de elongación: "Estiren un poco más. Respiren profundo y estiren un poco más de su límite. Así traspasan el dolor y llegan a sentir bienestar".
"El esfuerzo que hago en clase me permite estar más viva, ver las cosas con más claridad, desde un lugar positivo. Ese esfuerzo físico en meditación hace que me concentre en mi interior y me ayuda a vivir de adentro hacia afuera. Antes, me pasaba todo lo contrario. El exterior afectaba demasiado mi interior y me inhibía al punto de no entender qué estaba ocurriendo en mi mundo interno", dice Sofía Murphy.
El fin es la unión
Existen diversos tipos de yoga. Algunos de los más conocidos son karm a yoga o el sendero de la acción; bhaki: sendero de la devoción y el amor; gñana : sendero de la indagación y discernimiento; raja : sendero de la introspección, y hatha : sendero del equilibrio de las energías internas. El común denominador de todos es buscar la unión con el ser superior y con el universo por medio del cuerpo. "La palabra yoga significa unión de cuerpo, mente y espíritu y de nuestro ser con el ser superior", comenta López Gordillo. Según dice, las posturas o "asanas" son llaves para conectarnos con lo trascendente. "Nos abre a otra dimensión de conciencia, y uno aprende a vivir desde el corazón", afirma.
Dicen los especialistas que el trabajo corporal que se realiza en una clase es una forma de meditación. Para ellos, el sentido de la meditación es "entrar en un estado de conciencia profundo, para conectarnos con nuestro verdadero ser".
Y esto, para muchos, es la gran liberación que produce el yoga. "Un cuerpo bien colocado y relajado, una columna flexible y alineada nos muestra cómo equilibrar nuestro cuerpo emocional. Nos hace sentir paz, cambia el estado de ánimo, nos volvemos positivos, centrados y amorosos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea", concluye López Gordillo.
Agustina Lanusse
Hacia un conocimiento interior
"El yoga me introdujo en un camino de meditación que no había logrado por medio de mi fe religiosa. La meditación me permitió encontrarme más profundamente conmigo y me enseñó a frenar los pensamientos destructivos", dice Carolina Romero, de 32 años, que practica yoga desde hace siete. "Empecé a tener una nueva dimensión del cuerpo y del espíritu. Fortalecí mi cuerpo, siento que respiro mejor. Al salir de las clases de yoga siento bienestar, algo liberador", concluye Romero.
Para Paula Nogueira, que comenzó a practicar yoga en 1997, esta disciplina le permitió "confirmar intelectualmente cosas intuitivas que llevaba dentro. Aprendí a prestar atención a las señales de la vida, a darme cuenta de que los acontecimientos no ocurren por casualidad".
Conexión con las emociones
Nogueira asegura que en yoga pudo modificar su relación con Dios. "Esto fue muy positivo. Antes, le rezaba a un Dios alejado de mi vida, hoy lo siento mucho más cercano", afirma. Dice también que durante el día está mucho más conectada con sus emociones, aprendió a confiar más en la vida y a soltar el control de las situaciones. "Paradójicamente mientras menos controlo las situaciones de mi vida, mejor me va", dice.
Sofía Murphy, cuenta que se acercó al yoga porque le impactó la luz y la paz que irradiaba una persona que lo practicaba. "Sentí que yo estaba buscando hace años esa paz y cuando supe que el yoga era la fuente de ese bienestar, le pedí el teléfono de su profesor", comenta.
"A medida que lo fui practicando, empecé a sentir el cuerpo diferente. El yoga me lleva a un lugar de mi cuerpo, de mi mente y mi espíritu donde vivo con más armonía. No me aísla del mundo, me permite ver las cosas con más claridad", asegura.
Datos útiles
- Federación Argentina de Yoga: Mario Bravo 1128, Palermo. Tel: 4824-4692. Email: fady@yoganet.org
Se dictan clases todos los días. Precio: 30 pesos, cinco veces por semana.
- Fundación Indra Devi: Seis centros: Azcuénaga 762, Echeverría 2773, Güemes 4527, Colpayo 52, Albarellos 732 y Cabildo 592. El teléfono de la sede central es 4962-3112. Se dictan cursos todos los días. Precio: una vez por semana: $ 25; dos veces por semana: 40; tres veces: 50, todos los días: 90 pesos.
- Centro de Yoga Clara López Gordillo: Austria 2026. Tel: 4823-8351. Email:claralopezgordillo@yahoo.com. Las clases son los martes y los jueves, a las 10, y lunes, miércoles y viernes, a las 20. Jóvenes: lunes y miércoles, a las 18; niños: martes y viernes, a las 18.
- Centro de Yoga de María Santamarina: Posadas 1466, 1° B. Precio: una clase: $ 15; dos veces por semana: $100.
- Fundación Hastinapura: Avenida Cabildo 1163. Tel 4784-3341 y 4785-9840. Email: belgrano@hastinapura.org.ar
Clases de yoga, cursos de filosofía de Oriente y Occidente y meditación. Primer mes, 50 por ciento de descuento.
- Centro de Amigos de la Cultura Yoga: Uruguay 1025, octavo piso. Tel: 4811-8190. Clases: lunes y miércoles, a las 9 y a las 10.30. Martes y jueves, a las 18.40. Precio: una vez por semana: $ 35; dos veces por semana: 65 pesos.
- Estudio Carlos Blanco: Scalabrini Ortiz 2043, primer piso, F. Tel 4832-6292. Clases: lunes, a las 20, jueves a las 18 y viernes, 9.15. Precio: una vez por semana: $ 60; dos veces por semana: 90. Sábados, meditación, 5 pesos.
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