Caminan más de cuatro horas para ir a la escuela cada día
Son los chicos de zonas serranas rurales de Tucumán
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ANFAMA, Tucumán.- Como muchos otros, los hermanitos Rocío, Marcelo, Víctor y Nahuel Pastrana se levantan cada mañana con bastante esfuerzo para ir a la escuela. La diferencia con el resto es que ellos se tienen que levantar cuatro horas y media antes del horario de entrada para llegar a la escuela de alta montaña Virgen de las Mercedes, de la localidad de Anfama (provincia de Tucumán).
Atraviesan a caballo o caminando descalzos (para no gastar las únicas zapatillas) los escarpados cerros, arroyos y valles de los cerros tucumanos para recibir instrucción.
Hay 120 chicos que asisten medio día a la escuela de Anfama, procedentes de todos los rincones. Allí recibirán un desayuno de mate y pan casero amasado por la cocinera Margarita. Luego, a clases, de la mano de las señoritas Azucena Nieto, Marcela Alvarez y Graciela Riera, las maestras que los introducirán en las primeras letras. Por supuesto, sin Internet, computadoras o tecnología alguna. Apenas el negro y pulido pizarrón, tizas y algún que otro libro. Van de agosto a mayo por la crudeza del invierno.
A pesar de la escasez de recursos, los pupitres están prolijamente apilados, los pisos brillan, los delantales cuelgan blanqueados al sol y las paredes muestran afiches que dicen "Los niños de Anfama también son la esperanza del futuro".
"Nosotras nos pintamos, porque que uno esté aislado no es cuestión de que ande así nomás", cuenta, risueña, Graciela, que usa el pelo rubio suelto y labios pintados de rosa.
Luego viene la hora de comer algún guiso, fideos o carne que prepara Margarita, en muchos casos la única comida sustanciosa, además del desayuno, que tendrán los chicos, que provienen de hogares humildes y que sobreviven gracias al pastoreo de cabras o las tareas de huerta, como Elina, la mamá viuda de los Pastrana, que cuida las cabras propias y de los vecinos.
Algunos hogares reciben bolsones de comida del gobierno que llegan en tractores o caballo por las empinadas cumbres. Pero el alimento seguro se prepara en la rústica cocina de la escuela, mitad de leña y mitad de gas de garrafas que llegan a caballo desde Tucumán.
Las maestras calculan que el presupuesto que reciben por chico por día es 0,70 centavos: "Alcanza como para darles de comer, pero lo ideal sería tener un albergue para todos; con las lluvias y el mal tiempo muchas veces los chicos faltan". "Cuando vine, no podía creer que había que cocinar sobre la estufa. Vengo de una ciudad, y cuando vi esto me parecía que estábamos en el siglo pasado. Después aprendés a arreglarte con tan poco?", comenta Azucena.
La electricidad también es un lujo, ya que proviene de las pantallas solares en los techos del establecimiento. Ante la falta de horno, el pan es amasado cada mañana en las mismas bateas que usaban las abuelas, luego pasado por el rodillo y cocinado en la estufa, que se encuentra en el medio de la cocina y también sirve para dar calor. En Tucumán se calcula que hay alrededor de 25 escuelas de alta montaña comunicadas por un sistema de radios, y reciben provisiones a través de expediciones que llegan a caballo y de integrantes del Club de Enduro y Rescate.
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