
Camioneros atrapados en los Andes
A 2000 m de altura, más de 600 hombres con sus máquinas conviven forzosamente y se preparan para una larga espera
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USPALLATA.- Bajo un espeso manto de nieve, las palabras que bajaban ayer desde la cordillera no hacían otra cosa que seguir inmovilizando a esos hombres que están acostumbrados a no detenerse casi nunca.
Las voces decían que "de Punta de Vacas a Puente del Inca hay mucha niebla", que "de Puente del Inca a Las Cuevas la visibilidad es escasa, que el viento sopla fuerte y la acumulación de nieve ya supera los 12 centímetros" y, que "en Chile el camino sigue bloqueado". Otra vez más nieve.
También más espera, más tedio, más motores silenciosos y más de 600 hombres que no pueden hacer lo que más saben: desandar caminos.
Entonces, aquí abajo, aunque se está a 2000 metros de altura, la incertidumbre de los camioneros se hace larga, la resignación es lo único que queda a tiro y las manos se refriegan porque no hay volante que empuñar.
Uspallata no muestra hoy sólo una geografía de cerros y álamos: la aglomeración de los inmensos vehículos transformó la escenografía e, incluso, superó en cantidad las edificaciones del pueblo.
"Hay más camiones que casas", repitió alguien, frase que, por común, no de ja de ser totalmente cierta.
Ayer se cumplieron dos semanas desde que se cerró el paso fronterizo y los camioneros miran hacia el Oeste como intentando divisar lo que pasa allá arriba, pero lo único que ven son cerros con morros desdibujados y eso no es otra cosa que la típica imagen de nevazón, a pesar de que aquí el viento anduvo "zondeando" y le dio un resuello a la gente que pasa las noches en esas viviendas que no son sino la cabina de un camión.
Así viven los inesperados moradores de Uspallata, un pueblo que de 3000 habitantes pasó a casi 4000, porque no todos los camioneros viajan solos y son muchos los que llevan de "copiloto" a su mujer y hasta la familia.
Choferes brasileños, chilenos, paraguayos, uruguayos y argentinos fueron apilando desde hace días sus camiones con patentes de todas esas nacionalidades.
En la oficina local del sindicato de camioneros se ven casi 200 vehículos, muchos con el semirremolque sin el camión, porque dejaron la carga y optaron por volverse a Mendoza. Pero a los que vienen de otros países, no les quedó otra opción que convertirse en vecinos de Uspallata.
En el cruce del pueblo, esto es, donde la ruta 7 se funde con la avenida principal (General Las Heras), tres camioneros chilenos que llevan en sus acoplados bobinas de cables para tendidos de alta tensión, comían en el mediodía una polenta con salsa ofrecida por el sindicato argentino y cocinada y distribuida por el Ejército. Esto es ya una rutina, pero por fortuna el menú cambia por carbonada, estofado, sopa y el siempre verde y reparador mate cocido.
"A nosotros la nieve nos pilló el lunes 25 y aquí nos quedamos. Yo he llegado hasta Punta de Vaca, pero enseguidita me tuve que volver. Era imposible pasar y peor hubiese sido quedarse allí arriba", relató José Francisco Ambiado, de 36 años, con su típico acento trasandino.
El chofer relata: "Volví porque las cadenas de las ruedas chicoteaban, se rompían porque no aguantaban el peso en la nieve".
Ambiado dice que, como trabaja para una empresa argentina, desde Buenos Aires le giran plata a Mendoza y desde allí se la traen en el Expreso Uspallata. "Igualmente hay que cuidar los viáticos, no se puede andar comiendo todas las noches en una parrilla."
Las comodidades
Después de la entrada en Uspallata, luego de pasar el gran predio que alberga a los camiones argentinos, se encuentra la estación de servicio Shell, que cuenta con un playón muy amplio y con comodidades. Hay agua, corriente eléctrica y señal de cable para los pequeños aparatos de televisión que tienen algunos camiones.
Los que transportan alimentos dejan en marcha sus motores casi todo el día para refrigerar la carga, otros sólo dan la vuelta a la llave de encendido durante un rato, antes de irse a dormir, para calefaccionar la cabina.
Eso hace el paraguayo Juan Ramón Candia, de 28 años. "Vengo desde Asunción, por Posadas, trayendo madera terciada. Por suerte no hace tanto frío, pero esto sí que es aburrido, chamigo. Eso sí, los soldados se han portado bien, ya nos mandaron comida." Candia se entretiene con su camión, por más que esté detenido: "Mato el tiempo dándole retoquecitos a la máquina y caminando por el pueblo".
En la estación de servicio Eg3 hay mayoría de brasileños. Más grande que muchos de sus colegas, Melito Soucín es una suerte de zorro brasileño cuando sale a la ruta. En su cabina,ayer desde la cord no muy prolija, lleva de todo.
"Aquí el frío es mucho, por eso yo manejo con esto", y muestra su cubrevolante de piel sintética de leopardo. De debajo del asiento saca unas bolsas de porotos nete del Inca hay muchagros, habla de su feijoadaón, de su mano para la comida y de los cuarenta años que lleva por los caminos.
Imprevistamente convoca al cronista hacia el lugar donde están las ruedas de auxilio y extrae una olla de presión con dos tuberías. "Mientras otros hacen fila en la estación de servicio para ducharse, yo tengo mi agua caliente propia", dice al tiempo que conecta una manguera de la Marmicoc al tanque del camión, pone la cacerola sobre el fuego y advierte pícaro: "Espere, no se vaya, va a ver cómo en unos minutos, cuando tome temperatura, sale más caliente que la de las os se refriegan porque no hayplayas de Brasil".
Unas gotas tibias caen desde la flor que le acondicionó al final de la manguera y que colgó desde lo alto del as vehículos coplado. "Bueno... -concluye con el experimento-, no sigo porque ahora no me voy a bañar."
Un porteño medio desconfiado, al que llaman Chango, muestra los lujos de su cabina marca Scania y con otalmente cieruna planta de 400 caballos de fuerza bajo la tapa del baúl. "Yo aquí tengo de todo, puedo pasarme la vida entera. ¿Qué quiere? Ver televisión, un poquito de aire acondicionado, mate o un trago se cerró el paso fronterizodel bueno... Además tengo mi biblioteca. ¿Le interesa alguna revistita para distraer el ojo?"
Comer "lo que venga"
La panificadora La Espiga, la farmacia Alberto, la carnicería Kevin, -donde se ofrece el kilo de asado a 1,99 peso-, el autoservicio La Palmera y hasta la discoteca La Cima -sólo los viernes y sábados- son los lugares más concurridos por quienes disponen de viáticos más amplios. Otros se resignan a comer "lo que venga" y todos duermen en sus camiones.
Los brasileños se quejan del juego de cartas de los argentinos: "Eso que le llaman turco", por truco. El naipe sólo es superado por el entretenimiento en los bares de las estaciones de servicio, donde todos se quedan frente el monitor de televisión.
El jefe de policía, inspector Marcelo Fuentes, comenta contento que no se produjo ningún tipo de incidentes y el camionero paraguayo Candia asegura que todos los colegas de otros países "son formidables".
En tanto, se espera que la nieve afloje, que los poderosos camiones den un bramido, una estampida que eche a correr esa auténtica tropilla llena de caballos de fuerza y que arrastre su carga y sus hombres hacia las montañas para después, por fin, llegar al palenque del trabajo concluido.
Aunque aquí el que decide es el único patrón al que todos llaman respetuosamente: la nieve.
Esquí
MENDOZA.- A pesar de la intensa nevada registrada durante la madrugada de ayer, el personal de Vialidad Nacional logró despejar el camino hasta Puente del Inca, para vehículos livianos. Hasta allí llegaron numerosos turistas para disfrutar del centro de esquí Penitentes, donde ayer se inauguró en forma oficial la temporada 2000. A las 17 la temperatura en el complejo turístico era de 2 grados bajo cero y el cielo permanecía nublado. En Las Cuevas era de cuatro grados bajo cero y el viento soplaba con intensidad. En tanto, en la capital provincial llovió por la mañana y se registraron algunas nevadas débiles en la zona de la precordillera.





