Campana: penal modelo y puerta a la libertad para los jóvenes

Se construyó en Campana una cárcel "modelo" para jóvenes reclusos
Se construyó en Campana una cárcel "modelo" para jóvenes reclusos Fuente: Archivo
La nueva cárcel ya recibió a los primeros reclusos de entre 18 y 22 años que transitan la etapa final de sus condenas
Rosario Marina
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23 de febrero de 2019  

LA PLATA.- Acaban de llegar los primeros 24 presos a una cárcel nueva. Arrastran sus frazadas hechas bolsos con todas sus pertenencias. Con toda su vida. Son flacos y jóvenes: tienen entre 18 y 22 años y condenas que no superan los cinco años. Les falta poco para salir en libertad. Esta cárcel sin ratas, cucarachas ni superpoblación les parece el paraíso en comparación con los lugares de donde vienen.

La Unidad Penitenciaria 57 de Campana se inauguró unos días antes de que llegaran esos primeros presos. Es la concreción de un proyecto de la gobernación de Daniel Scioli que había quedado trunco. La obra fue adjudicada en 2014, pero se paralizó. Solo estaba construido el 20%. En diciembre de 2016, la gestión de María Eugenia Vidal la retomó. Poco más de dos años después es una realidad y, también, un desafío.

La inversión fue de $844.000.000. El Gobierno nacional ayudó con fondos para dos cárceles por $450.000.000. Una de ellas es esta, aunque fuentes del Ministerio de Justicia provincial consultadas por LA NACION no precisaron cuánto fue para cada una. La empresa contratada para la construcción del penal fue Centro Construcciones.

La Unidad 57 tiene capacidad para 576 personas en cuatro módulos de seis pabellones. Cada pabellón tiene seis celdas con cuatro camas.

Cada módulo tiene un sector de escuelas con aulas y talleres donde se dictarán los niveles primario y secundario y cursos de formación laboral en reparación de PC, informática y programación, herrería, carpintería, mecánica de motos y reparación de calzados, impresiones en 3D y panadería, entre otros.

Las autoridades provinciales prometen que en cada pabellón también habrá huertas autosustentables y los presos llevarán a cabo actividades de reciclado de residuos.

Vidal inauguró una cárcel modelo para jóvenes

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"En este penal va a ser obligatorio estudiar, aprender un oficio y seguir un régimen de pautas de disciplina y de convivencia", explicó el ministro de Justicia, Gustavo Ferrari.

Aquí, adonde están llegando los primeros 24 presos, serán alojados quienes estén detenidos por delitos como robos, hurtos o encubrimientos. Deben firmar un acta de conformidad con las normas especiales del penal, tras una selección que hará la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), donde se evaluarán los informes criminológicos y la conducta de los jóvenes.

En el ámbito del SPB hay 3402 internos jóvenes adultos. La mayoría (un 76%) tienen 20 o 21 años. Como entrarán solo 576 en Campana, más de 2800 presos jóvenes seguirán en las mismas condiciones de superpoblación y hacinamiento en las cárceles donde están alojados.

En este penal va a ser obligatorio estudiar, aprender un oficio y seguir un régimen de pautas de disciplina y de convivencia
Gustavo Ferrari, ministro de Justicia bonaerense

Para lograr el traslado a un lugar que, según les prometieron, será para estudiar y trabajar, los jóvenes debían pertenecer al Programa Integral de Asistencia y Tratamiento para Jóvenes Adultos (Piatja), de la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del SPB.

El programa empezó a funcionar en noviembre de 2010 y está destinado exclusivamente a atender las problemáticas y a apuntalar opciones de vida para el egreso de los jóvenes presos en la provincia.

Los que querían llegar a esta nueva cárcel también tenían que firmar un acta de conformidad de pautas de convivencia: deben cumplir con los horarios y las actividades del pabellón, y abstenerse de consumir, tener, distribuir o comercializar alcohol y sustancias psicoactivas. Si usan viseras, pañuelos o pantalones arremangados, serán evaluados por un equipo interdisciplinario. Según se lee en el acta, este equipo buscará "evitar que se propaguen y se instalen modos y formas tendientes a la identidad con el delito".

Vista del interior de uno de los pabellones de alojamiento de la nueva cárcel, en los que se ve las puertas de las celdas (para cuatro internos, con baño privado) y la luminosa sala de estar
Vista del interior de uno de los pabellones de alojamiento de la nueva cárcel, en los que se ve las puertas de las celdas (para cuatro internos, con baño privado) y la luminosa sala de estar Fuente: Archivo - Crédito: Gobernación bonaerense

El jefe de la unidad, el prefecto Gastón Collado, no sabe cuándo le enviarán más jóvenes. Aún recorre los pasillos vacíos, muestra las celdas, los patios, los espacios de talleres y las herramientas ya listas, a la espera de ser usadas, puestas sobre la mesa como en una exposición.

"Cada módulo tiene su escuela. Acá no va a pasar que no haya lugar para estudiar, como en otras unidades", dice Collado, y mira unas aulas inmaculadas, con mesas, sillas, dos computadoras equipadas al fondo del salón y un pizarrón verde que aún ninguna tiza rozó.

Llegarán también organizaciones para trabajar con los jóvenes, como Justicia Restaurativa y Deportistas por la Paz. Según el acta de conformidad, es obligación que los presos participen de todas las actividades y de las asambleas cada día.

Todos los guardias que custodiarán a estos jóvenes acaban de recibirse. Son 259 guardias y 59 oficiales adjutores, que son aquellos que ya tienen el primer grado de oficiales. Ninguno de ellos, excepto los jefes, ha tenido ninguna práctica en ninguna cárcel. "No están 'contaminados'", admitió Collado.

Lautaro, Marcelo y Facundo, jóvenes presos, ya llegaron de otras unidades. Están acomodando sus cosas. Hicieron todo lo necesario para que los trasladen a la Unidad 57 de Campana, a una cárcel nueva, a una promesa de estudio y trabajo para estos últimos meses tras las rejas.

Lautaro: "Acá podemos cambiar nuestra vida"

Lautaro tiene 22 y ya pasó por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos
Lautaro tiene 22 y ya pasó por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos

Hacía un tiempo que Lautaro vivía solo en Villa Insuperable, Lomas del Mirador. Tenía 18 años cuando lo condenaron a cinco años por robo agravado por uso de arma. Ahora tiene 22 y ya pasó por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos.

"Decidí venir porque es un lugar nuevo donde podemos cambiar nuestra vida. Allá había menos trabajo, menos estudio, menos recreación", dice Lautaro, sentado en el banco de cemento de la celda. Él entró en el Programa Jóvenes Adultos en 2017, cuando estaba en la U9 de La Plata.

En la Unidad 1 de Olmos, su destino anterior, estaba estudiando el último grado de la escuela primaria. Eran unos 2800 presos en total, y 50 en su pabellón. De ahí salieron seis para esta nueva cárcel.

Entró a la U57 arrastrando su frazada en forma de bolso. Además de la ropa y los elementos de higiene llevaba un pequeño ventilador. Antes de entrarlo mató las cucarachas que se le habían venido de la otra prisión. "Nuestra vida dentro de la cárcel está ahí. Es nuestra casa, donde vamos la llevamos", dice, y mira su frazada todavía cerrada.

Lautaro piensa que acá será todo distinto: "Acá es todo muy nuevo. Está buena la cancha en el medio, el patio que tenemos, el SUM de visitas para la familia. Tenemos ducha en el baño. En las otras no hay, una vez que nos 'engomaban' [encerraban] ya no nos podíamos bañar", cuenta.

Dice que tendrán más comodidad porque serán cuatro en una celda para cuatro. No como en la Unidad 45 de La Plata, en la que en una celda de cuatro entraban nueve. "Dormíamos de a dos. A veces, en el piso, sin colchones. En invierno te podías agarrar cualquier enfermedad", explica.

A pesar de tener estudios, trabajo, cursos hechos, incluso un tratamiento para las drogas, el juez de La Matanza que lleva su causa le negó la condicional. Para terminar de cumplir su condena deberá pasar en Campana un año y dos meses más.

Marcelo: "La diferencia que veo es el lugar que hay"

A Marcelo le quedan ocho meses para salir; estuvo casi dos años y medio preso en Olmos
A Marcelo le quedan ocho meses para salir; estuvo casi dos años y medio preso en Olmos

A Marcelo le quedan ocho meses para salir. Los casi dos años y medio que lleva preso siempre estuvo en Olmos. Es la primera vez que sale de ahí. Tiene 22 años, es de San Martín y está a punto de ser papá.

"Elegí venir porque ya llevaba mucho tiempo allá, me falta poco para irme a casa y estaba viendo que todo lo que hacía no me estaba sirviendo de nada", cuenta Marcelo un rato antes de empezar a ordenar sus cosas, que cargó, como todos, en una frazada atada para soportar la poca ropa.

Desde que está preso fue a cursos de literatura, pintura, derechos humanos, reparación de motos, estudió en el colegio y salió a todas las tareas que le permitía el Programa Jóvenes Adultos del Ministerio de Justicia bonaerense. Pero nada de eso logró que la pena de tres años que le dieron los jueces por robo agravado disminuyera o que le dieran la prisión domiciliaria.

"La diferencia que veo con el otro penal es el lugar donde estoy. Allá en una celda de ocho personas vivíamos 16. De noche había pibes que no dormían; se levantaban los demás a las siete de la mañana y los que estaban de noche descansaban", dice, sobre las condiciones que acaba de dejar atrás, en las que siguen viviendo los jóvenes en la Unidad 1.

Allá, en Olmos, los pabellones están "desengomados": esto significa que las celdas no se cierran y de noche no es raro que se arme pelea. Él se encargaba de organizar que quedaran siempre dos o tres despiertos para "cuidar el sueño de los demás".

El año pasado no pudo terminar el colegio porque dejaron de ir a buscarlo para los traslados. "Vos estás esperando a las siete de la mañana a que te busquen, pero no van y después dicen que nosotros no queremos estudiar", dice, resignado.

En este tiempo pensó mucho. Dice que acá siempre hay tiempo. Piensa que cambió, pero también sabe que eso se va a ver de verdad cuando vuelva a su casa.

Facundo: "Siempre delinquí, pero estudiar me gusta"

Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso; lo condenaron por cuatro delitos
Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso; lo condenaron por cuatro delitos

Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso. Lo condenaron por cuatro delitos: tenencia de arma de guerra, enfrentamiento, robo simple y resistencia a la autoridad. En la persecución en la que lo agarraron recibió un tiro en una pierna.

Antes de eso ya había terminado la escuela, pero eso de robar no era algo nuevo para él. "Siempre delinquí, desde que soy chico. Pero estudiar siempre me gustó; yo decidí ir a la escuela y cuando no iba hacía lo que hacía", reconoce. En lo que le quedaba de tiempo libre ayudaba a su tío, que trabajaba arreglando equipos de aire acondicionado.

Es de San Martín. Y es uno de los pocos que tienen el secundario completo y quieren ir a una universidad. Decidió pedir el traslado a esta unidad penitenciaria porque le dijeron que acá podría tener algún taller de contabilidad o de administración de empresas. Cuando salga quiere estudiar Derecho y ayudar a otro tío en un lavadero de autos. Antes de llegar a la Unidad 57 estaba en la 47 de San Martín. "Allá los cursos eran muy pocos. En mi pabellón no había trabajo", dice. Y repite lo mismo que Marcelo: "La policía no te iba a buscar, y después te daban de baja".

Cuando entró a la cárcel de Campana le sacaron un chaleco inflable y una remera gris. Como los guardias visten ropa negra, no quieren que se confundan con los presos. No les permiten ropas de esos colores. "Es como que estás preso, pero vos deberías poder andar como vos querés. Estamos privados de nuestra libertad no de lo que podés usar y lo que no", piensa Facundo.

Le dieron cuatro años de condena. Ahora le queda un año y cuatro meses. Quiere salir para poder estar con su hija. Tiene claro que el tiempo que perdió no lo recupera. "Quiero salir y progresar. Tengo una nena que va a cumplir 2 años. Perdí mucho tiempo de estar con ella", dice, y mira el piso.

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