Comía para llenar un vacío emocional hasta que tocó fondo y se propuso salir adelante
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Estaba atravesando uno de los peores momentos de su vida. Dos muertes entre sus seres queridos habían hecho que todas sus estructuras se tambaleran. Como resultado de una rutina agitada y sobrellevada por la tristeza, Emilse Capdevila sentía que había perdido el equilibrio en todos los ámbitos de su vida: emocional, físico y mental. Tuvo que enfrentar varias crisis de ansiedad y estrés que desencadenaron en ataques de pánico. La invadía el miedo y se refugió en la comida como un manotazo de ahogado que, finalmente, la hundió más en su abismo. "Comía para llenar vacíos emocionales, comía para aliviar tristezas, me atracaba de comida chatarra que sólo me hacía caer en un círculo vicioso del cual pensaba que no iba a poder salir. Los médicos me diagnosticaron gastritis, colon irritable, hígado graso y ya me habían sacado la vesícula. Dos veces al mes caía en cama descompuesta del estómago. Además, tambien fumaba. Mi alimentación sólo se basaba en comida chatarra, alimentos congelados, procesados y siempre el delivery de venenos fast food, hasta odiaba cocinar", recuerda con tristeza.
Emilse intentaba por todos los medios "tapar" esos vacíos emocionales y se compraba ropa de marca con la ilusión de que esas prendas la hicieran sentir linda, delgada y quizás, "hasta más feliz". Pero la realidad era que no tenía energía para nada, lo único que deseaba era dormir, estar en la cama sin hacer nada. Internamente sabía que necesitaba un cambio. El problema era que siempre se planteaba el desafío con el objetivo equivocado: pensaba que el prototipo de belleza que la sociedad y la cultura imponen era el camino que la conduciría hacia la alegría.

Tenía 22 años y una noche, mientras celebraba el cumpleaños de un amigo en un restaurante, supo que había tocado fondo. "Me fui porque sentía que me desmayaba, tenía nauseas y la angustia me oprimía el pecho. Algo me decía que ya no podía seguir así, que realmente era yo la única responsable de cómo me sentía y que también era la única que podía salir adelante". Así fue que comenzó a mirar videos de auto-ayuda y en esa búsqueda descubrió la neurociencia (un conjunto de disciplinas científicas y académicas que buscan comprender el cerebro y las bases biológicas de la conducta humana). Y quedó positivamente sorprendida.
"Empecé a investigar sobre esto a principios del 2016 y me adentré en un mundo nuevo que, sin saber, iba a cambiar mi vida, y esta vez para bien y para siempre. Entendí que podemos aprender a gestionar nuestras emociones, crear hábitos duraderos y mantenerlos y lograr la vida que deseemos. Entendí que todo lleva su tiempo, que debía buscar un equilibrio para salir adelante. Comencé a investigar y formarme. Veía documentales, leía , iba a conferencias, charlas, talleres, este mundo nuevo cada día me apasionaba más".

Pequeños grandes cambios
El primer y gran cambio que logró poner en marcha fue el de alimentación. Tuvo una estrategia poco usual: no eliminó nada, sino que se propuso incorporar en su dieta menús saludables. Entonces comenzó a comer todos los días verduras y frutas. "Luego pasé a reemplazar lo que me hacía mal por una opción saludable. Por ejemplo, en vez de sal común utilizaba sal del Himalaya, en vez de azúcar tomaba stevia natural. Pero cada reemplazo llevaba su tiempo, porque aprendí que la mente necesita tiempo para todo, el aprendizaje es así. Y, cuanto más repetís lo que hacés, más lo automatizás hasta que se convierte en un hábito que luego sale naturalmente".
El segundo paso fue dejar las carnes y, meses después, los lácteos. Emilse notó que cada vez tenía más energía y se propuso ir por más cambios saludables. Al año se hizo estudios de salud y los médicos la felicitaron porque había revertido sus patologías físicas. "Ni yo misma podía creerlo, pensaba que jamás iba a poder lograrlo, que mi vida tenía un solo destino. Qué equivocada estaba. Día a día aprendí a felicitarme, aprendí la importancia de premiarme por cada logro y dejar de castigarme por cada tropiezo. Cambié el objetivo de belleza y modelo que te impone la sociedad y me puse como meta estar sana y contenta. Dejé de pensar en la balanza, dejé de pesarme y, como resultado de la vida que estaba llevando, el equilibrio físico vino solo".

Respecto a la parte emocional, Emilse comenzó a investigar lo relativo a la gestión de emociones y con alegría notó que había despertado en ella una fascinación por todos los trabajos de inteligencia emocional. "Aprendí la importancia del autoconocimiento (ya que uno no puede dar lo que no tiene): nos pasamos toda una vida aprendiendo sobre el exterior olvidándonos de recorrer nuestro mundo interior. Aprendí que las emociones se viven, que el error más grande es reprimir lo que sentimos, que todo lo debemos transitar. Quería aprender a gestionar lo que me sucedía día a día, ayudando así al cambio físico que estaba logrando".
Tan grande fue la pasión que le puso a lo que hacía que en 2017, a su título de Licenciada en relaciones dle trabajo le sumó un Diploma en Neuroaprendizaje, es decir, la disciplina que estudia el cerebro como órgano de aprendizaje. Hoy brinda talleres orientados a la gestión de emociones. Asegura que hoy se siente segura para convivir con sus miedos y día a día los reta en batallas personales: Ese es el mensaje que intenta transmitir en sus cursos.

La voz del especialista
El doctor Máximo Ravenna, médico especializado en obesidad, desórdenes alimentarios y psicología clínica reflexiona en este audio sobre el círculo vicioso de la comida chatarra y cómo incide en diferentes ámbitos de la vida.
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