Cómo cuidar la alimentación en pareja

A veces las tentaciones dulces de uno y de otro, o el permanente pedido de delivery atentan contra la estrategia de una alimentación saludable
Dra Paola Harwicz
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11 de octubre de 2016  • 00:41

Muchas veces, vivir en pareja se conjuga con el aumento de peso. La persona con la cual convivimos, participa en la toma de decisiones en relación a distintos aspectos de nuestra vida, entre ellas, la comida. Nos acostumbramos al estilo alimentario del “encargado de cocinar”. Si la influencia es positiva, es decir, si los hábitos alimentarios son saludables, probablemente prepare platos con una gran variedad de verduras, incluya el pescado, prefiera métodos de cocción donde se modere el uso de grasas… De esta manera el impacto será muy beneficioso para ambos.

Pero otras veces, cuando llegan tarde del trabajo y las ganas por cocinar decaen o el tiempo nunca parece suficiente se llama al delivery. Y la costumbre de cocinar en casa se pierde.

Una de las principales estrategias para mejorar los hábitos alimentarios es planificar la compra e incluir en la lista del supermercado, alimentos frescos que aporten nutrientes valiosos. Si uno de los dos necesita cuidar los niveles de colesterol o el aporte de sal o azúcares, es importante armar un plan de comidas para la semana. Definitivamente, la pareja juega un rol muy especial y puede ser un gran aliado si la intención es bajar unos kilos.

Diez recomendaciones para quienes viven en pareja

Distintos factores además de la pareja, como los amigos, publicidad, comer en un restaurante, las salidas con amigos o familia y la manera que armamos la alacena o disponemos los alimentos en la cocina y heladera, intervienen en nuestras acciones. Si queremos ayudar, tenemos que convertirnos en una influencia positiva para el otro, armar un ambiente con menos tentaciones y propiciar situaciones que aumenten la motivación para facilitar la toma de decisiones.

  • Ser colaborador y ayudar a armar un ambiente con alimentos saludables a la vista: frutas en la mesada, cereales integrales ricos en fibra, tener en la heladera yogures descremados para mejorar las elecciones en el desayuno y la merienda.
  • Cocinar porciones más pequeñas y evitar las fuentes en la mesa
  • Retirar de la vista todo aquello que nos cuesta controlar: galletitas en frascos transparentes, repisas con golosinas, etc
  • Evitar las preguntas y opiniones en relación a la comida. Solo acompañar.
  • Armar viandas para el trabajo, con propuestas saludables, atractivas y variadas y proponer opciones inteligentes para llevar como snacks: frutas, yogurt descremado, frutos secos, etc
  • Preferir las comidas en casa a las salidas al restaurante. Esto permite un mejor control del tamaño de la porción
  • Si la alternativa es comer afuera, elegir un lugar que cuente con opciones saludables e interesantes y evitar el restaurante “tenedor libre”
  • Ser proactivo al momento de sugerir una actividad en común y planificar la semana para compartir un tiempo caminando, o hacer una actividad en movimiento que sea del agrado de ambos de manera regular.

Crédito: Shutterstock

  • Transformarse en “un agente de cambio positivo”. Las personas pueden influenciar en las decisiones de los otros y generar acciones motivadoras.
  • Proponer un “premio” que no tenga que ver con la comida, como un libro, una salida especial, como reconocimiento al compromiso con el cambio en su estilo de vida y por haber decidido mejorar su manera de vivir

En conclusión, para acompañar a la pareja en el “proyecto” de descenso de peso, es importante colaborar en las elecciones y fomentar la actividad física entendiendo que cada uno debe “hacerse cargo” de las decisiones que toma en relación a la comida

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