
Condenan a un abogado por matar a un remisero
Según los jueces, quería el auto
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Un abogado de 37 años, supuestamente dueño de prostíbulos de Barrio Norte protegidos por policías, fue condenado a 20 años de prisión por el asesinato de un remisero de Villa Urquiza, quien fue adormecido con cloroformo y estrangulado en su estudio jurídico.
El abogado es Daniel Alejandro Varela, quien tenía su estudio jurídico a la vuelta de la remisería, donde trabajaba Miguel Angel Jotta, santiagueño, padre de un niño de 11 años.
Durante el juicio no quedaron claros los móviles del crimen. El acusado argumentó que unos desconocidos que lo estaban amenazando para quedarse con su burdel asesinaron al chofer al confundirlo con él. Pero el fiscal Roberto Amallo y la querella, representada por el abogado Héctor Díaz Cordero, entendieron que Varela mató a Jotta para quedarse con su auto y su celular.
A las 16.30 del 12 de junio, Jotta pasó a buscar a Varela, su cliente, por su estudio jurídico de Olazábal 4593 para hacer un viaje a Merlo y a Puerto Madero. Pero su cadáver apareció en el estudio jurídico tres días después.
El chofer acudió con su Ford Escort nuevo. Sus compañeros lo llamaron por radio y por teléfono, y no obtuvieron respuesta. Al día siguiente, fueron a la casa de Varela, en Chilavert, partido de San Martín. Allí, cuando hablaban con un familiar del letrado, vieron a Varela manejando el Escort, pero el abogado huyó.
Tras acudir a la comisaría de la zona para hacer la denuncia, los efectivos concurrieron a la casa de Varela. Finalmente, el abogado se puso en manos de las autoridades y explicó que Jotta lo había dejado en Merlo y que se había ido. Negó que hubiera manejado el Escort.
Pero sus explicaciones no convencieron a nadie y quedó detenido. El automóvil apareció en un garaje cercano a la casa del abogado, en Chilavert, y el reloj de Jotta, en la mesa de luz del dormitorio del letrado. Luego la policía allanó su estudio jurídico de Villa Urquiza, que estaba semiabandonado, con excrementos en la bañera, y allí encontró el cuerpo de Jotta.
Presiones policiales
Así llegó al juicio oral, cuando trató de explicar lo que había ocurrido. Varela relató que alquilaba un departamento en Agüero y Santa Fe que funcionaba como una casa de citas, en la que trabajaban su novia y dos chicas que ofrecían servicios sexuales. Dijo que varios hombres, supuestos policías y ex policías que le cobraban por protección para tener el prostíbulo, lo estaban presionando para que les cediera el negocio.
Como estaba intimidado, dijo que había iniciado una investigación para desenmascarar a los extorsionadores y denunciarlos. Así que viajó a Valeria del Mar y a Misiones, donde reunió información sobre el tráfico de chicas al que se dedicaban los supuestos ex policías.
El 12 de junio, cuando había arreglado encontrase con uno de ellos en la DDI de Morón, situada en Merlo, llamó a un remís. Dijo que cuando el chofer llegó a su estudio, unos desconocidos lo obligaron a entrar y allí le habrían dado muerte. Varela explicó que, asustado, tomó el auto del remisero y huyó. Pero no denunció nada a la policía. Esa noche, concurrió a la fiesta de cumpleaños de 15 de su sobrina, se acostó a las seis de la mañana y al día siguiente acompañó a su madre al supermercado. Al regreso fue cuando encontró que la policía lo buscaba.
La sentencia fue dictada por los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 Rodolfo Ricotta Denby, Miguel Angel Caminos y Marcelo Avrutín Suárez. Tildaron las manifestaciones de Varela de "insinceras y absurdas".
"Lo que ocurrió fue muy simple. El imputado era autor de la muerte del remisero; tenía el cadáver en su estudio y había escondido el auto, de manera que ésa fue la razón por la cual no dijo la verdad", dijeron los jueces.
Por eso condenaron al abogado a la pena de 20 años de prisión por homicidio simple y hurto calamitoso, por sacarle sus pertenencias al remisero. Entendieron que había participado en el crimen otra persona a la que no se pudo encontrar. La pena resultó agravada por la condición de abogado del acusado, su desprecio por la vida de Jotta, el haberse aprovechado de la confianza del remisero y la falta de remordimiento al acudir a la fiesta de su sobrina con el auto del remisero.





