Corazón lleno de amor por tanto compartido
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Qué linda oportunidad para homenajearte y agradecerte profundamente a vos, mamá querida, todo el amor, dedicación, abrazos y consejos amorosos que nos regalaste a mis hermanos y a mí.
“Mamá”, una palabra sencilla de pronunciar, y de las primeras palabras que balbuceamos apenas comenzamos a hablar siendo bebés. Es simple y fácil de decir pero llena de compromiso y responsabilidad.
Mamá significa mucho más que concebir un hijo, es alguien que protege y cuida, y que con gran generosidad brinda su vida para ayudar a otra personita a crecer y desarrollarse.
Mamá, vos para mí fuiste eso y mucho más. Significaste amor incondicional, apoyo, aliento, contención, oído dispuesto a escuchar, libertad, pilar donde apoyarnos para hacernos fuertes en la adversidad y ante las dificultades que nos surgían, sin dejarnos vencer por ellas y alentándonos para continuar camino para alcanzar nuestra meta.
Gracias por haberme acompañado en todos los momentos: lindos, tristes y difíciles, en los estudios médicos, operaciones, incluso en las más sencillas. Qué lindo cuando salía de la cirugía o estudio y podía encontrarte y saber que estabas ahí esperando para abrazarme o decir alguna palabra. Gracias por tus rezos y oraciones.
Mujer tan sabia y con la palabra justa… Me enseñaste a poner límites, a ser organizada, a creer en mí misma, a tener confianza en que podía lograr aquello que tanto anhelaba, valorar mi perseverancia y tenacidad a pesar de los obstáculos.
Gracias por haber estado siempre tan presente para nosotros y por enseñarnos la importancia de estar para otros; por ayudarme a descubrir mi vocación; y por tantos momentos compartidos: viajes, festejos, encuentros de café, clases de gimnasia en el club, bicicleteadas cuando apenas había aprendido a andar en bici con tan solo tres añitos.
¿Recordás el curso de eneagrama dictado por el Padre Bradley que compartimos? Una de tus últimas enseñanzas: la actitud tan positiva y la entereza que mostraste ante la vida que te sorprendió con lo inesperado.
La vida eterna comienza aquí en este mundo y vos supiste darte cuenta. Espero poder imitarte y tener ese entusiasmo y esa mirada positiva. Desde el rincón del cielo donde nos estés cuidando recibe mi abrazo lleno de amor.
Te convertiste en mi ángel de la guarda. Gracias por la vida que, junto a Dios y papá, me has regalado.
Estás y siempre estarás en mi corazón. ¡Te amo, mamá!
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