Coronavirus en la Argentina. ¿Cuál es el futuro de los natatorios? Por ahora, están agonizando

Los natatorios están atravesando una profunda crisis económica
Los natatorios están atravesando una profunda crisis económica Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Alejandro Horvat
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12 de agosto de 2020  • 11:21

El 16 de agosto, al menos en la Ciudad de Buenos Aires, se estima que volverán a estar permitidos algunos deportes individuales como el tenis, golf, remo o hasta las carreras de caballos. Pero, ¿qué sucederá con la natación? Para muchos no solo es un deporte, sino casi la única manera de rehabilitarse luego de un accidente o de mejorar el estado general de salud para los que padecen una enfermedad crónica o un problema congénito. Además, como no pueden abrir sus puertas desde el 20 de marzo, el sector dice estar atravesando una profunda crisis económica.

"A mí lo que me transmiten los dueños de los natatorios es que no creen que puedan abrir en un futuro cercano. Primero lo tiene que habilitar el Gobierno y luego también habría que ver qué tan viables son los protocolos y cuántas personas vuelven a las piletas. El sector está en una crisis total: imaginate que desde el 20 de marzo están todos cerrados", dice Alejandra Pla, que es profesora de natación y tiene cerca de 200 alumnos a su cargo en distintos natatorios.

En la Provincia de Buenos Aires, según Fernando Puchuri, presidente de la Cámara de Natatorios y Actividades Deportivas de la provincia de Buenos Aires, hay cerca de 100 piletas de natación, y la mayor concentración está en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde se han detectado más del 90% de los casos de coronavirus. Dice que, por ahora, ninguna cerró de manera definitiva, pero que varias están "agonizando".

Marcelo Olivo en el natatorio Splash, que pertenece al Club Atlético Chacarita Juniors
Marcelo Olivo en el natatorio Splash, que pertenece al Club Atlético Chacarita Juniors Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Puchuri sostiene que formaron un comité de crisis para establecer protocolos e intentar retomar la actividad lo antes posible. En este momento están realizando una evaluación en un natatorio de Mar del Plata, en donde, por 15 días, funcionarán con un protocolo estricto y verán qué resultados les trae.

"Nosotros estamos haciendo una prueba por 14 días. Abrimos el lunes y usamos el 30% de la capacidad de los vestuarios y solo se meten cuatro personas por andarivel, pero para que naden continuo; hoy no hay pileta-escuela, en donde los alumnos se detienen a recibir explicaciones", dice Roberto Daconte, gerente deportivo de IAE Club, el lugar en donde se está llevando a cabo la prueba con un protocolo estricto.

Otras ciudades de la provincia de Buenos Aires en donde los natatorios volvieron a la actividad son Tandil, Madariaga, Necochea y Balcarce.

Los pasos son los siguientes: la persona ingresa hasta la puerta, se la detiene, se le toma la temperatura, se le higieniza las manos con alcohol y se la anota en un listado para que en ningún momento el número de nadadores supere el cupo de cuatro personas por andarivel.

Turnos

"Tenemos un máximo de 24 personas. El socio ingresa al vestuario y, como las duchas nos se usan, sirven de cambiador. Adentro del natatorio, la persona apoya su bolso en una silla, al salir recoge su bolso, se cambia sin ducharse y se retira. Se puede nadar hasta 45 minutos", señala Daconte. Cada nadador deberá reservar previamente un turno para asistir a la pileta, y la ventilación del lugar se realiza cada vez que finaliza un turno.

Alejandro Legasa dirige el Centro de Rehabilitación Acuática en Palermo. Ahí acuden pacientes de todas las edades que, desde el 20 de marzo, tuvieron que abandonar esa terapia, la cual difícilmente la hayan podido reemplazar por otra de manera virtual, ya que el agua hace que el cuerpo flote y eso permite hacer actividades sin impacto.

El Centro de Rehabilitación acuática permanece cerrado desde el 20 de marzo; Alejandro Lagasa, su dueño, dice que sus pacientes se están deteriorando
El Centro de Rehabilitación acuática permanece cerrado desde el 20 de marzo; Alejandro Lagasa, su dueño, dice que sus pacientes se están deteriorando Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

"Los pacientes de han deteriorado mucho. Yo no critico cómo se viene manejando la pandemia, pero deberían haber puesto personas que analicen tema por tema. Acá venían pacientes en silla de ruedas y después de un tiempo salían caminando con un bastón. También hay gente que viene con muchos dolores y el agua los ayuda, chicos con problemas severos de columna, etcétera. Ahora, además, económicamente nosotros estamos fisurados", se lamenta Legasa.

Omar Sued, presidente de la Asociación Argentina de infectología, destaca que, si se higienizan las barandas, sillas y demás elementos del ambiente, si se ventila correctamente el espacio, más el cloro del agua, el riesgo de contagio sería muy bajo. Sin embargo, explica que toda actividad que se habilite, generará más movimiento de personas y eso, indefectiblemente, aumenta el riesgo.

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

"El riesgo puede estar en el vestuario o en el transporte que usan para ir a la pileta. Los casos están creciendo en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, y cualquier actividad adicional que se abra va a generar más riesgo de contagio. Lo que es crítico es frenar la curva y empezar a abrir cuando la curva empiece a bajar", argumenta el especialista.

"Llenar la pileta y calentar el agua nos va a costar 600.000 pesos, aproximadamente. Tenemos una pileta de 1.400.000 litros, cuando un club normal tiene, en promedio, 400.000 litros. Las cuentas son muy altas, incluso aún tenemos una deuda de gas de 500.000 pesos y estimamos que el día que abramos van a venir 700 socios, cuando antes venían 2300", dice Marcelo Olivos, que dirige la pileta Splash. Este natatorio pertenece al Club Atlético Chacarita Juniors y es uno de los más grandes de la Ciudad.

Marcelo Olivo en el natatorio Splash, en Chacarita
Marcelo Olivo en el natatorio Splash, en Chacarita Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

La situación es compleja. Entre empleados directos e indirectos tienen 60 personas. "Esto funciona como un club barrial, la gente paga por mes, no hay abonos de 12 meses como en algunas cadenas de gimnasios, por eso desde marzo que no tenemos ingresos. Esta es una de las pocas piletas inclusivas, acá vienen muchos chicos con problemas motrices, hasta grupos de alto rendimiento. Esperamos que podamos abrir pronto; creo que si se mantienen los cuidados hay muy poco riesgo", completó Olivos.

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