Costa Esmeralda: el destino exclusivo de la costa que sostiene el boom turístico en un verano atípico
Con ocupación casi plena en enero, precios estables y costos en alza, el barrio privado volvió a llenarse aun en un contexto económico más exigente
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COSTA ESMERALDA.— El verano de 2025 había dejado una vara alta. Tras un inicio marcado por la incertidumbre y un cambio en los hábitos de consumo, Costa Esmeralda logró cerrar aquella temporada con niveles de ocupación que muchos en el sector definieron como récord.
Las reservas llegaron más tarde de lo habitual, el arranque de enero fue más tibio que otros años y la tradicional lógica de alquileres por quincena empezó a mostrar fisuras. Sin embargo, con el correr de las semanas, el barrio privado se llenó y terminó consolidándose como una excepción dentro de la Costa Atlántica, incluso en un contexto económico adverso.

Aquel verano, mientras otros destinos acusaban el impacto del escenario local, Costa Esmeralda sostuvo ocupaciones cercanas al 90% y picos aún mayores en la segunda quincena de enero. El complejo, conformado por 16 barrios y más de 2900 viviendas, reafirmó su perfil como destino ABC1, apoyado en un público familiar, de alto poder adquisitivo y con fuerte fidelidad. Seguridad, servicios, playa, bosque y una vida social intensa funcionaron como un amortiguador frente a un escenario que ya anticipaba tensiones económicas.
Con ese antecedente, el arranque de 2026 abría una pregunta inevitable: si aquel rendimiento había sido excepcional o si el destino podía sostenerlo en un verano atravesado de lleno por el ajuste, la suba de costos y un consumo más cauteloso.

Los primeros indicadores despejaron rápidamente las dudas. “Fin de año fue impresionante: tuvimos 100% de ocupación ya desde los primeros días de noviembre, casi dos meses antes”, resume Luisa Irigoyen, de Costa Esmeralda Guests, la plataforma que conecta de manera segura a huéspedes con propietarios. Enero, admite, tuvo un comportamiento más errático en el inicio, con decisiones que se estiraron hasta último momento. “Fue raro al principio, la gente se decidió tarde, pero hoy estamos en 99,9% de ocupación. De todas las casas publicadas, solo me queda una semana libre en todo enero”, explica.
La percepción se replica en el terreno. Desde la inmobiliaria Corredor Los Lagos, Luciano Allegri describe una temporada “palo a palo” con la del año pasado en términos de ocupación. “Te das cuenta cuando venís: los estacionamientos de la playa, los días lindos, están llenos; los supermercados están llenos; el ingreso a Costa Esmeralda también está lleno. En líneas generales fue una buena temporada”, sintetiza.

Esa demanda, sin embargo, tuvo matices distintos a los de 2025. Según Allegri, este verano ganó peso un fenómeno que antes era marginal: las escapadas de último momento para pasar solo el fin de semana. “Apareció mucha gente queriendo venir solo por dos o tres días, algo que otros años no pasaba”, explica. El problema, agrega, fue que la mayoría de las casas ya estaba alquilada, por lo que muchas de esas consultas no llegaron a concretarse.
En paralelo, el crecimiento del complejo no se detuvo. Hoy Costa Esmeralda cuenta con casi 3000 viviendas unifamiliares construidas, más de 180 en obra y alrededor de 140 departamentos, dentro de un masterplan de 1000 hectáreas desarrollado por EIDICO, la desarrolladora inmobiliaria a cargo del proyecto, junto a JPU Desarrollos, a la altura del kilómetro 380 de la ruta 11, en el Partido de la Costa. “Aun con más de 3000 casas, la demanda sigue siendo muy alta”, sostiene Santiago Valledor, jefe de Proyectos de EIDICO. “Enero volvió a mostrar una ocupación prácticamente plena, impulsada por el perfil familiar del destino y la combinación de bosque, playa y actividades recreativas”, sumó.

Otro rasgo distintivo de 2026 fue el adelanto de las reservas. A diferencia del verano anterior, cuando predominó la cautela, este año muchos alquileres se cerraron desde la primavera. “La alta demanda hizo que muchos inmuebles quedaran reservados varios meses antes del inicio de la temporada alta”, explica Martín Di Marzio, asesor comercial de Inmobiliaria Órbita. Febrero, en cambio, aparece con más disponibilidad —en torno al 60%—, aunque con consultas en aumento, condicionadas en parte por el adelantamiento del inicio del ciclo lectivo en colegios privados.
En materia de precios, el mercado mostró comportamientos segmentados. Los valores generales se mantuvieron en rangos similares a los de 2025. En enero, las casas para ocho personas se alquilaron entre US$4000 y US$6000 la quincena, mientras que las de cuatro a seis personas oscilaron entre US$2200 y US$3000. Allegri aporta una lectura más fina: “Las casas de primera línea subieron un poco; en el resto del barrio los valores se mantuvieron. Y las casas más viejas, de 10 o 15 años, bajaron algo el precio. El mercado no paga lo mismo una casa a estrenar que una que ya perdió comodidades”.

Sostener esos valores implicó resignar rentabilidad para muchos propietarios. “Los costos en pesos subieron más del 100% y el dólar apenas se movió”, explica Irigoyen. “Con un dólar prácticamente planchado, la renta ya no es la misma que años atrás”. Aun así, desde el sector relativizan el impacto. “Alquilando enero, muchas casas cubren todos los gastos. Sigue siendo un negocio rentable y con muy buen retorno de inversión, porque no se alquila solo en enero: también diciembre, febrero y los fines de semana largos”, remarca Allegri.
Ese contexto económico se trasladó también a los hábitos de los inquilinos. “Cada vez vemos más familias que alquilan juntas para amortizar costos”, describe Irigoyen. “Antes una casa grande la alquilaba un solo grupo; hoy se comparte entre dos o tres familias. Es una señal clara del momento que atraviesa el país”, remarcó.

Todo esto ocurre mientras crece el flujo de argentinos que eligen vacacionar en el exterior, especialmente en destinos como Brasil o Uruguay, favorecidos por el tipo de cambio y la estabilidad del dólar. Playas como Florianópolis o Punta del Este captaron parte de esa demanda. Costa Esmeralda, sin embargo, logró mantenerse al margen de ese éxodo. “Es un destino muy fidelizado. Acá pesan los vínculos, los amigos de los chicos, la seguridad y la vida social. Eso hace que muchos elijan quedarse”, coinciden los operadores.
Con un 2025 récord como antecedente y un 2026 atravesado por un escenario más exigente, el balance vuelve a ser positivo. En un verano de ajuste, el destino exclusivo de la costa volvió a demostrar su capacidad para sostener el boom turístico y volvió a llenarse.
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