Cuando las calles tienen "dueño"

Frentistas y comercios se apropian de espacios en los que no permiten estacionar a otros
Franco Varise
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8 de octubre de 2011  

El peregrinaje para encontrar un "lugarcito" donde estacionar el auto puede resultar un agobio y para los impacientes, también muy irritativo. Más aún cuando suelen toparse con el hecho de que vecinos frentistas o comercios, autorizados o no, se reservan una parte del espacio público (la calle) para su uso exclusivo o de sus clientes.

La disputa por unos metros de cordón de la vereda en la Capital y en buena parte del Gran Buenos Aires, atiborradas de vehículos, se mide en gestos, insultos, calles y cordones de veredas pintados de amarillo en forma clandestina, parantes de cemento o metal y hasta vallas acordonadas.

A todo esto se suman los inescrupulosos "trapitos", que reclaman un "derecho de estacionamiento" de hasta 100 pesos.

"El tipo me chistaba desde la ventana del segundo piso de su casa mientras yo bajaba del auto; no entendía qué pasaba, hasta que me dijo: «Ahí no se puede estacionar,; es mi lugar»."

"Es una locura", afirmó Félix Lacoste, un vecino de Acassuso (en el norte del conurbano) que solía dejar su auto cerca de la estación para tomar el tren hacia la Capital. "Lo hacía hasta que me chistaron... no hay lugar donde dejarlo" rumiaba entre indignado y humillado.

Conflictos complejos suelen nacer de un hecho simple. En la zona de Nuñez, más precisamente en las inmediaciones del estadio de River Plate, algunos restaurantes acordonan una parte de la cuadra para uso exclusivos de sus clientes.

También recurren a la pintura amarilla en calles habilitadas para estacionar, aunque este último recurso ya no es muy efectivo.

En esa zona ocurre que, cuando arriba la marea de público a un concierto o a un partido de fútbol, el color del cordón es lo de menos. "En todas las inmediaciones de River, la policía pone vallas para que no ingrese gente en auto que no sea del barrio. Pide documentos a quienes quieran estacionar para que acrediten que viven ahí", expresó Daniel, encargado del restaurante Manero, sobre la avenida Monroe.

Retenes, claves y vallas

En una noche cualquiera de shows, la zona parece una frontera con retenes, claves para trasponer las vallas y negociaciones morosas para poder dejar el auto.

Los "trapitos", además, están al acecho. "¿Sabés lo que pasa: los vecinos se quejaron tanto del caos que la policía adoptó esa medida; cuando hay un recital o partido a nosotros se nos caen 100 cubiertos", argumentó Daniel.

Consultados policías y funcionarios de gobierno porteño sobre la adopción de alguna medida que privilegie el estacionamiento para los residentes de una zona en particular, señalaron que en la ciudad no hay excepciones.

"Es mentira lo de la policía: los restaurantes colocan unas vallas con cinta o conos sobre una parte de la cuadra para reservarles el lugar a sus clientes que, de otra manera, al no encontrar dónde dejar el auto se van a otro lado. Eso perjudica al resto que tiene los mismos derechos. Que compren el terreno de al lado y pongan un estacionamiento", opinó José Calbar, vecino del barrio River.

Allí, precisamente anoche, en ocasión del partido de fútbol que la Selección Nacional disputó con su similar de Chile, el déficil de estacionamientos fue aprovechado por los "trapitos", que llegaron a exigir hasta 100 pesos por cada lugar para dejar el auto.

El problema, no obstante, no parece tener hoy una solución. Es que la obstrucción mediante la colocación de cualquier objeto o pintar el cordón de la vereda está prohibido expresamente por el Código de Tránsito y Transporte porteño. Pero no se prevén multas para los infractores porque está tipificado como una contravención.

La organización Luchemos por la Vida presentó hace seis años un proyecto en la Legislatura para que el "apropiamiento de la vía pública" se considere una infracción especial con multas de entre 200 y 1000 pesos. Hoy sólo se intima al vecino o comerciante a que levante la obstrucción cuando hay una denuncia particular.

San Isidro, un caso aparte

En San Isidro, por ejemplo, la Municipalidad directamente dictó una normativa para restringir el estacionamiento de no frentistas en unas 40 cuadras alrededor de la estación de trenes de Acassuso.

"Los propietarios tenemos que hacer un trámite para que nos otorguen un permiso que certifique que vivimos acá y así podemos estacionar. Al que no tiene visible ese documento, se lo lleva la grúa", explicó Luis Tassier, que vive sobre Paunero, en Acassuso.

Los letreros municipales colocados en cada poste de luz con la leyenda "estacionamiento restringido con permiso municipal" son incomprensibles para quien no conoce el tema.

En la esquina de Perú y Paunero, Georgina, una vecina, opinó: "Como pusieron parquímetros en la calle pegada a la vía, la gente quiere estacionar por acá, pero me sacan el lugar a mí".

La ampliación del estacionamiento medido impulsado por el municipio de San Isidro modificó la relativa facilidad de los vecinos para estacionar en calles situadas entre las vías del ferrocarril Mitre y la Avenida del Libertador.

Esta situación, sumada a las restricciones para quienes no son frentistas, corrió el problema hacia otros lugares.

Una vecina que vive en la zona residencial delimitada entre las vías del Tren de la Costa y el río señaló que, con la prohibición, el caos se desplazó para el lado de su casa. "Como los vecinos protestaron y restringieron el estacionamiento, los autos se vienen para este lado", relató.

La medida de estacionamiento restringido, según informó la municipalidad, tiende a responder a una demanda de los vecinos y a otorgarles ciertos privilegios porque son los contribuyentes.

"Me parece bien que se escuche a los vecinos, pero no por eso hay que cumplirles un capricho que va en contra del derecho de cualquier persona de usar correctamente la vía pública", agregó otro vecino de La Lucila.

VALLAS

Quejas y dudas

Algunos restaurantes y comercios de numerosas zonas de la Capital, como el barrio River, decidieron colocar vallas para reservar un espacio de estacionamiento. "Perjudican al resto que tiene los mismos derechos. Que compren el terreno de al lado y pongan un estacionamiento propio", se quejó José Calbar, un vecino que reconoce los problemas para estacionar en la zona de Nuñez.

Cuidar al cliente

Cuando hay alguna actividad deportiva o espectáculo en el estadio de River Plate, la zona se inunda de autos cuyos conductores dejan en cualquier espacio disponible. "Cuando hay un recital o un partido a nosotros se nos caen 100 cubiertos", dijo el encargado del restaurante Manero. Sostiene que las vallas son puestas por la policía para privilegiar a quienes viven allí. La policía lo desmiente.

CONOS

Valet parking

Con un efecto similar al de las vallas, los conos plásticos, más fáciles de manipular, son el elemento preferido en los barrios de Nuñez, Belgrano y en la zona de Las Cañitas. "El otro día vi el colmo de un valet parking de un restó estacionar el auto de un cliente entre unos conos en plena calle como si fuera un lugar privado", expresó Aníbal López, visitante asiduo de la zona gastronómica de Las Cañitas.

Fáciles de poner

El déficit de espacio y la gran cantidad de autos provocan inconvenientes. "No estamos a favor de poner nada para reservar un lugar, pero es un incordio ir a comer a algún lugar y estar una hora dando vueltas... Es probable que te vayas a otro lado. El cordón vale mucho hoy y los conos se sacan y se ponen muy fácilmente", dijo un comerciante de Belgrano.

Sólo frentistas

Causa y efecto

En Acassuso, municipio de San Isidro, existe una zona alrededor de la estación de trenes donde sólo pueden estacionar los propietarios frentistas de esa vereda por un decreto municipal. O sea, legalmente. Esto provoca quejas de quienes quieren dejar su auto para tomar el tren hacia la Capital. Otros dicen que el problema se traslada a otras zonas del barrio.

Vecinos contentos

Los vecinos que viven cerca de la estación de trenes de Acassuso reclamaron al municipio una medida para poder reservar un espacio frente a su casa para estacionar, dado que se colmaba de vehículos de gente que no vive allí. Y tuvieron eco. El municipio les entrega una credencial que les da derecho a estacionar el auto frente a su domicilio.

Pintura fresca

Cordón amarillo

La vieja opción del cordón de la vereda pintado de amarillo, para evitar que alguien estacione, es una costumbre muy difundida en zonas residenciales de la Capital. Por ejemplo, en Caballito y en Belgrano hay cordones que aparecen amarillos de un día para el otro. "Es un disparate, yo pago estacionamiento privado, pero hay gente que se cree privilegiada", dijo un vecino de Caballito.

El factor garaje En Caballito o en Belgrano, por caso, dejar el auto en la calle es casi imposible. Algunos vecinos y comerciantes recurren a la pintura amarilla para poder moverse con cierta comodidad. Además, en esos barrios los garajes también están colmados con lo cual un residente debe dejar su vehículo a varias cuadras de su propia casa.

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