
Cúpulas moscovitas que sobresalen en San Telmo
Se trata del edificio turquesa de la Iglesia Ortodoxa Rusa
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Existe en el barrio de San Telmo un solo edificio en el que predomina el color turquesa. Es el de las cinco espectaculares cúpulas acebolladas que coronan la Iglesia Ortodoxa Rusa, en Brasil 315. Rematan en una cruz, que mira a Oriente. El templo está frente al anfiteatro del parque Lezama, a 30 metros del antiguo bar del mismo nombre, en una de cuyas mesas Ernesto Sabato empezó a escribir "Sobre héroes y tumbas".
Su máxima autoridad es el arcipresteValentín Iwaszewicz, nacido en Bielorrusia hace 67 años. Barbado, de sotana negra y con una gran cruz sobre el pecho, aparece acompañado por un dobermann, que mira con desconfianza y muestra su poderosa dentadura.
"Se llama Drug, que significa amigo . Lo tengo por seguridad", manifiesta el sacerdote. Su actitud contrasta con la de Drug: afable y con un permanente buen humor. Hay un brillo chispeante en los ojos azules.
De dos plantas, la vieja construcción es también su residencia, que comparte con su esposa (el celibato es sólo obligatorio para aspirar al episcopado). Sus tres hijos les dieron seis nietos, algunos de los cuales juegan en un patio. Camino al recinto destinado al oficio religioso -la catedral de la Santísima Trinidad- reparamos en su perfecto castellano. "Cuando hablo en ruso, tengo acento extranjero", bromea.
Es un salón heterogéneo. Su despojado ámbito central, sin columnas, sólo está ocupado por un par de bancos alineados contra un muro revestido con pinturas italianas. "La misa es de pie. Sólo se sientan los ancianos o enfermos", explica.
En cambio, la decoración es impresionante. Sobresale el iconostasio, divisorio del altar y el lugar donde se sitúan los fieles. Los íconos, de gran tradición en las iglesias ortodoxas, muestran santos y pasajes del Evangelio. Varios fueron traídos de Ucrania y del monte Athos, en Grecia, sitio sagrado para los cristianos ortodoxos y famoso por sus milenarios monasterios.
El padre Valentín comenta que la feligresía llega al millar en Buenos Aires, y que en todo el país residen algo más de 15.000, mayoritariamente en Misiones, Mendoza, Chaco y Entre Ríos. En Pascua -principal fiesta del culto- acuden al templo alrededor de 150 personas.
No hay confesionarios. "La confesión es cara a cara. El sacerdote procede como un médico, no como un juez. Dice: "Viniste a un lugar de curación, así que habla de todo lo que tengas que hablar, no sea que recibas un medicamento equivocado"."
La Iglesia Católica Apostólica Rusa en el Extranjero -tal su nombre completo- celebró su primera misa el 19 de octubre de 1901, con la presencia del presidente Julio Argentino Roca. El oficio estuvo a cargo del presbítero Constantino Izrastzoff, gran impulsor de la construcción del templo, en donde fue sepultado.
La iglesia ortodoxa -la primera erigida en América del Sur- fue una respuesta al pedido de inmigrantes rusos, sirios, griegos y rumanos, quienes hacia fines del siglo XIX podían seguir la liturgia ortodoxia sólo en una casa particular.
La piedra fundamental fue colocada en diciembre de 1898, sobre un proyecto realizado en San Petersburgo, con nítida influencia del estilo moscovita del siglo XVII. Para ornamentar la catedral, el zar Nicolás II y la zarina Alejandra enviaron 50 cajones con piezas artísticas y religiosas de gran valor. Condujo la obra el arquitecto noruego Alejandro Christophersen, autor de notables edificios porteños, como la basílica de Santa Rosa de Lima y la fachada del Café Tortoni.
La ubicación fue elegida por el nivel que alcanzó San Telmo en aquellos años, después malogrado por la peste. También, por la cercanía con el puerto, al que arribaban tripulaciones e inmigrantes eslavos.
Señala dos problemas. Uno, el paso de grandes camiones por la calle Brasil, pese a estar prohibido. Le atribuye las rajaduras de paredes y techos y las filtraciones.
El otro, los conciertos populares de los sábados en el anfiteatro. "Mucho tamboril, que parece ser el instrumento musical de la cultura moderna." Advierte que el atronador sonido, propalado por los baffles, afecta los cánticos religiosos, que son a capella. "A veces no nos escuchamos. Vamos a tener que aprender a leer los labios", bromea.





