De los residuos de la música clásica: la orquesta que nació en un basural

En un asentamiento de Paraguay, un grupo de chicos toca instrumentos construidos a partir de desechos; la fama internacional no tardó en llegar
Inés Ramdane
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20 de junio de 2015  

ASUNCIÓN, Paraguay.- Mientras que muchos de los niños del barrio de Cateura, en esta ciudad, ponen sus esperanzas en ser futbolistas o estrellas del pop, el pasaje de Brandon Cobone para salir del asentamiento era algo más extraño que una pelota de fútbol o un micrófono. En realidad era un contrabajo improvisado y construido con los residuos que se tiran en el basural del lugar.

Cobone, de 18 años, es miembro de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, que por medio de la música da a los chicos de los barrios vulnerables las habilidades para construir un futuro mejor.

La orquesta fue creada casi por accidente por el ingeniero ambiental Favio Chávez, un amante de la música que estaba trabajando con los recolectores de basura.

"Comenzó con un simple comentario", dice. Chávez pronto se topó con un obstáculo: no tenía suficientes instrumentos para todos. Y así decidió aprovechar uno de los recursos que tenía en abundancia: la basura.

Armó un violín con un colador, un plato y tubos de metal. "No sonaba mucho", reconoce y añade que los siguientes instrumentos, incluyendo una "guitarra" diseñada con un pedazo de madera y un par de ataduras, no eran mucho mejores.

Chávez se asoció con un hábil carpintero llamado Nicolás Gómez, para hacer una variedad de instrumentos que se parecieran más o menos y que sonaran también como los de verdad. Ahora la orquesta tiene versiones de la mayoría de los instrumentos de una orquesta convencional, fabricados con ollas, tapones de botellas, llaves fundidas y elementos similares.

La orquesta se convirtió en un fenómeno internacional después de que un grupo de cineastas se interesara por ellos y publicara un documental en Internet en 2012 (titulado Vertedero armónico , que se estrenó en el South by Southwest Festival de Austin de ese año). Desde entonces han estado desbordados de invitaciones para tocar en escenarios de Alemania a Japón e incluso han recorrido América del Sur como teloneros de Metallica.

Los modelos y el escenario

Situado entre el basurero y el río Paraguay, la barriada Cateura es un conjunto de casas de poca altura, algunas hechas de ladrillo en bruto y otras fabricadas con estaño corrugado y restos de basura. Riachuelos de aguas residuales corren por las calles fangosas salpicadas de charcos gigantes de agua estancada y llenas de residuos derramados en las constantes idas y venidas de los fétidos camiones de basura. El aire es ácido con el hedor del basurero, donde muchos de los más de 20.000 residentes se buscan la vida. Y con las crecidas de los ríos, como sucedió el año pasado, Cateura se sumerge.

Chávez señala que la orquesta no trata de forjar músicos a nivel mundial, sino de convertir a los chicos marginados en ciudadanos de pleno derecho. "¿Todos van a ser músicos profesionales? No lo creo", dice. Y agrega: "Lo que queremos es enseñar una forma diferente de ser, para inculcar en ellos valores distintos a los que rigen en su comunidad".

"Allí, los modelos a seguir son los líderes de las bandas que se imponen a través de la violencia y la dominación. En la orquesta, los modelos de conducta son los más trabajadores, los que tienen más dedicación, los más comprometidos", completa.

Los más de 40 miembros de la orquesta son seleccionados no por su musicalidad innata, sino por la asiduidad con la que asisten a clase los sábados por la mañana. Una vez elegidos, también deben asistir a los ensayos semanales donde se prepara un repertorio que incluye clásicos y melodías paraguayas tradicionales.

Gracias a las donaciones, los músicos tienen ahora instrumentos convencionales que utilizan en los ensayos. Pero siguen tocando los instrumentos caseros, una parte integral de la identidad de la orquesta, en las actuaciones.

"En Cateura nada es formal, nada está planeado y todo sucede casi espontáneamente", dice el subdirector de origen francés, Thomas Lecourt, y agrega que sus primeras giras internacionales eran una pesadilla logística porque muchos de los niños no tenían pasaportes o ni siquiera certificados de nacimiento. En una estrecha parcela en medio del barrio, los obreros están ocupados construyendo el primer espacio permanente de la orquesta. Un pequeño grupo de chicas ya toca notas básicas con sus violas, aparentemente ajenas a la cacofonía de los martillazos, las sierras y las perforaciones a su alrededor. Chicos haciendo tambores con madera y restos de metal, con antiguas radiografías como membranas, se suman al tumulto.

"Unirse a la orquesta me dio una forma diferente de ver la vida", dice Andrés Riveros, un saxofonista de 20 años en su primer año de universidad. "Y tengo suerte por ello, porque muchos de mis amigos que no se unieron ahora son adictos a las drogas o están en la cárcel."

Cobone, que ha visitado unos 15 países con la orquesta, también se está preparando para ir a la universidad. A sus 18 años, ya acumula más experiencias de las que nunca hubiera esperado en toda su vida.

"Desde que era pequeño siempre quise viajar, pero nunca me imaginé que sucedería..., y sobre todo no gracias a esto", dice, señalando su contrabajo, un tambor de acero abollado, que una vez contenía carburo de calcio, y vigas de madera abandonadas.

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