
De túneles, contrabando y ratas locas
Parte de la traza está bajo tierra
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Lo más singular del servicio diferencial Castelar-Puerto Madero no tiene que ver con los lujos de a bordo, sino con que una parte importante del recorrido transcurre en la oscuridad.
Los primeros cinco kilómetros desde Puerto Madero son recorridos por un túnel que está a más de 20 metros de profundidad, diseñado en 1912. Por entonces, se pensó en la necesidad de conectar el Ferrocarril Oeste con el puerto de Buenos Aires para facilitar el trasbordo de las cargas a los vapores.
La construcción a nivel se descartó, por los inconvenientes que causaría cruzar Buenos Aires en medio del creciente tránsito de vehículos. Por eso se decidió prolongar la traza con una galería desde las afueras de la estación Once hasta la zona del puerto, pasando por debajo de las avenidas Rivadavia y de Mayo.
Desde que se habilitó, en febrero de 1916, por el túnel transitaron trenes de carga. Dicen que en los primeros viajes con locomotoras de vapor era frecuente que el personal tuviera síntomas de asfixia.
Según versiones del ambiente ferroviario, también pasaron por allí contrabandistas que ocultaban mercaderías y hasta un aluvión de ratas que se instaló en las profundidades cuando un vagón volcó una carga de granos. Los silbidos del sistema neumático del correo, que estaba pegado a las paredes del túnel, hicieron que quienes viajaron en el convoy que se habilitó para pasajeros durante 1949 se convencieran de que en verdad estaba plagado de ratas neuróticas.
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