Dengue: las secuelas que dejó una enfermedad desplazada, pero no superada
La epidemia ya no está en su punto más crítico, pero siguen apareciendo casos, según indicaron médicos y voluntarios a lanacion.com; relataron que hay personas que perdieron sus trabajos a causa del mal; piden que no se suspenda la donación de alimentos
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Las polémicas declaraciones arrojadas por el embajador argentino en México, Jorge Yoma, sobre la magnitud de la enfermedad del dengue en la Argentina en comparación con el avance del virus de la gripe porcina en el país azteca, reinstaló una temática que había quedado desplazada por el gran temor generado por la influenza.
Lejos de la preocupación por los barbijos y los guantes, el miedo a la propagación del dengue en Salta y Chaco aún persiste, pese al refuerzo de los controles sanitarios y la disminución de consultas en los hospitales norteños.
Voluntarios y médicos de las zonas más afectadas señalaron a lanacion.com que si bien la epidemia ya no está en su punto más crítico, siguen apareciendo focos aislados, motivados por las características del clima (lluvioso y caluroso), la falta de agua potable y la acumulación de basura en las calles.
Las personas consultadas resaltaron incrementos en el nivel de desocupación que dejó el paso del virus en sus meses más crudos y pidieron que las campañas de recolección de alimentos y repelentes no se suspendan.
"El dengue está y no se va. Es una realidad concreta con la que vivimos. Va a ser difícil salir, pero seguimos con las campañas de ayuda. Ahora la mayor urgencia que tenemos son los alimentos, más que los repelentes y la ropa", destacó Marie Pierre, coordinadora de la sede de la Red Solidaria en Charata, Chaco.
"La epidemia ha dejado a mucha gente sin trabajo", describió. Sucede que un gran número de personas que residen en barrios pobres enfermaron y debieron abandonar sus empleos. Hoy, ya recuperados, no pueden retomarlo porque no los aceptan o porque sus tareas pasaron a ser responsabilidad de otro.
La mala alimentación o la imposibilidad de hacerlo en forma adecuada también agrava el panorama.
"En ese contexto, la gente no tiene esperanza de cambiar su vida. Se preocupan por conseguir qué comer", explicó la coordinadora de Red Solidaria.
Cambio de rutina. El avance del dengue reforzó la toma de conciencia y responsabilidad en las familias para evitar el contagio, al punto que rituales cotidianos, como cenar en el jardín o sentarse a conversar en la vereda, se vieron sustancialmente modificados. "Ahora nos cuidamos todos. Nadie más cena al aire libre", apuntó Silvia Sánchez, integrante del Comité de Crisis de Charata.
La presencia del personal médico en los centros de salud aumentó considerablemente desde que en febrero se desató la epidemia, y las tareas de prevención y concientización desde los grupos de voluntariado como en las carpas sanitarias se multiplicaron.
"Conseguimos mosquiteros para los hospitales y telas metálicas para distintas instituciones, colocamos tapas de mediasombras en los pozos y aljibes, y enviamos a voluntarios casa por casa para detectar las necesidades de cada familia", describió Sánchez.
"Sigue habiendo enfermos, pero no es como en febrero que estábamos incendiados. De todas formas el dengue no se ha ido y siguen apareciendo nuevos focos", explicó el doctor Jorge Reston, que se desempeña en el hospital de Salta.
La detección de la enfermedad no cesó. Reston calculó que hay 10 casos por día. Tampoco cesaron las tareas de descacharrado y fumigación en los hogares, una postal habitual en los meses pasados, pero que había sido eclipsada por el avance de un virus lejano.
Soluciones a futuro. Quienes residen en las zonas más afectadas por el dengue subrayaron que llegó la hora de atacar la situación desde su raíz para evitar futuras epidemias.
La acumulación de basura y la falta de agua potable en determinados barrios, dos de los principales factores a tener en cuenta para combatir al mosquito, concentran en la actualidad la atención de la comunidad médica, ONG, grupos de voluntariados y redes solidarias.
"Queremos desarrollar una planta de reciclado en conjunto con otras ONG y el municipio de Charata para evitar la concentración de residuos en el basural del centro de la ciudad", precisaron desde la Red Solidaria. Y agregaron: "Se educará para hacer las tareas necesarias y darle trabajo a la gente que quiera colaborar".
A su vez, precisaron que ante la escasez "están empezando a traer agua potable desde otras localidades" para resolver momentáneamente el problema.
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