
Educar la inteligencia es uno de los mayores desafíos de la escuela
Para la pedagoga Ortiz de Maschwitz, los maestros deben descubrir y fomentar el talento de cada chico
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Si su hijo patea bien la pelota en la clase de gimnasia, es inteligente; si toca la guitarra eléctrica como Jimmy Hendrix, es inteligente; si es creativo en cerámica, es inteligente. Y, por supuesto, si tiene el mejor promedio, es inteligente.
"La inteligencia no existe bajo una sola forma. Esto es maravilloso para la educación, porque permite pasar del paradigma tradicional, en el que sólo importaban las notas, a uno en el que se valora a cada chico en su singularidad", asegura la pedagoga Elena Ortiz de Maschwitz.
Autora del libro "Inteligencias múltiples en la educación de la persona", Maschwitz practica lo que predica en el colegio Godspell, de San Isidro, del cual es directora. Hasta en el aula de los chicos de siete años cuelga un enorme dibujo de un cerebro, y en los rincones hay grandes jarras con agua fresca, "porque hidrata las neuronas".
Más allá de la razón
"El tema se ve muy claro con la tragedia de Littleton -asegura, preocupada-. Se creía que esos chicos eran inteligentes porque les tomaron y aprobaron sobradamente un test que tenía que ver con lo lingüístico y lo matemático. Pero si en lugar de ello hubieran sido evaluados en cuanto a su capacidad de empatía y de relacionarse con los demás, como personas en la totalidad del concepto, hubiesen salido a la luz los problemas de esos adolescentes que no podían funcionar en la sociedad."
-¿Y qué pasa en la Argentina?
-En nuestro país los libros sobre la inteligencia emocional son best sellers. Su gran difusor, el norteamericano Daniel Goleman, incluso fue uno de los grandes invitados a la Feria del Libro. Pero este interés no se traduce a la educación, que continúa marcada por paradigmas rígidos que ya quedaron totalmente superados en otros países.
-¿Cual es la diferencia entre su concepto de inteligencias múltiples y la famosa inteligencia emocional, de Goleman?
-Prácticamente ninguna. El estudio de la inteligencia dejó de implicar solamente la resolución fría de problemas abstractos a partir de Howard Gardner y su equipo de la Universidad de Harvard, que distinguieron ocho formas distintas de inteligencia. Goleman y yo hacemos hincapié en dos de éstas: la interpersonal y la intrapersonal.
-¿Son las más importantes?
-Depende de la sociedad y del momento histórico: un chico que nació en las selvas filipinas es considerado brillante si sabe leer las estrellas y los vientos. En cambio, en la Argentina y en la cultura occidental en su totalidad, se valora casi exclusivamente la inteligencia lingüística y la lógico-matemática en el sistema educativo. Pero en la era de la globalización, a medida que avancemos hacia la unidad, la relación con los otros va a ser cada vez más importante.
Destrezas personales
-¿Qué se debe hacer en las escuelas?
-El primer paso es el diagnóstico de las inteligencias de cada chico, mediante tests no tradicionales y un seguimiento profundo y conversado con la familia. Después se tiene que cambiar la forma de dar cada clase, tomar un tema y abordarlo desde todos los ángulos posibles.
-¿Cómo sería?
Por ejemplo, si se estudia a Cristóbal Colón, no sirven sólo las lecciones desde el frente. Los chicos tienen que hacer maquetas sobre las carabelas, armar grupos de debate y actuar el descubrimiento de América, para que el tema pueda aprehenderse desde las múltiples inteligencias.
-¿De esta manera se estarían creando pequeños Einstein en la Argentina?
-No se nace más o menos inteligente; a la inteligencia hay que educarla. Evidentemente juegan factores genéticos, por lo que no se pueden garantizar genios, pero el ambiente es el que nutre o mata las neuronas. Entonces, la función de la nueva educación en la Argentina debe comenzar por evitar esto último, fomentando el talento de cada chico, y sin discriminar por lo que se consideraba el mejor alumno tradicional.
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