El amor después del dolor
Se conocieron por Internet y se enamoraron; en estos tiempos, una historia como muchas. Lo que no imaginaron es que la relación iba a tomar una velocidad incontrolable y que la vida los iba a enfrentar al peor dolor. Tendrían que volver a encontrarse o dejarse vencer por el destino
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Fue en Paternal, un 14 de diciembre del 2002. Eran las 15:30. Entre el sol porteño y la adrenalina, Leo sentía que estaba sumido en un sueño extraño.
"Bajo en 5", le había dicho Claudia a través del portero eléctrico. Claudia, sí, pero ¿cómo sería aquella mujer? Leo estaba a la espera de una desconocida con la que apenas había intercambiado un par de mails y un llamado. La había contactado a través de MSN Club de Amor y lo único que había visto de ella era una imagen en blanco y negro de una silueta sentada y un rostro semi cubierto por una capelina.

A unos metros, Leo divisó un supermercado chino que atendía sólo por ventanilla. Se acercó a comprar algo para el mate y acortar la espera. Cada tanto miraba de reojo hacia la entrada del edificio en busca de aquella figura misteriosa, una que le diera una señal de ser ella. De pronto apareció una mujer muy alta, muy linda y que irradiaba juventud. "Por qué no me toca una chica así", pensó Leo, "No creo que sea Claudia, es demasiado chica."
Ella, sin buscar a nadie, caminó directo hacia el supermercado chino y se paró atrás de él. "Te cedo mi lugar", le dijo Leo cuando llegó su turno de ser atendido, "yo estoy esperando a alguien."
"¿Vos sos Leo?" Los ojos de Claudia se abrieron, enormes. Leo sintió que nunca había visto ojos tan hermosos en su vida. Fue como despertar de una alucinación perfecta y que coincidiera con la realidad que estaba viviendo. Ese diciembre, con unos mates en la Costanera, Leo y Claudia comenzaron a escribir su historia; una historia difícil y cuesta arriba, una en donde al final del camino sólo parecía haber un precipicio.
Por esos días Leo estaba desempleado y Claudia estaba por ingresar a un trabajo nuevo. Hablaban horas por teléfono sobre lo que les pasaba, lo que sentían y deseaban. Después de 3 o 4 horas de conversación, y sin aviso, él se subía al auto y viajaba la media hora que separaba Martínez de Paternal y la volvía a llamar desde el celular. "Todavía estás levantada, tenés la luz del living prendida", le decía él. "¿Estás abajo Leo? ¡No te veo!" Ella, sorprendida, se asomaba por la ventana que daba a la calle y buscaba su auto, mientras escuchaba su voz al otro lado de la línea.
Entonces ella bajaba los 14 pisos, le sonreía feliz, lo miraba con esos ojos azules que iluminaban su alma y le daba un abrazo de bienvenida. Estaban enamorados.
El golpe más fuerte
Todo sucedió muy rápido. Al mes estaban conviviendo y en menos tiempo supieron que iban a ser padres. Agustín iba a llegar al mundo y la velocidad de sus vidas cambió en forma drástica. ¿Cómo había pasado todo aquello? Hacía apenas unos meses, Leo estaba sumido en la excitación de la conquista y ahora, de pronto, tenía que lidiar con un nacimiento, mudanza y trabajo nuevo. Todo con una celeridad incontrolable, como arena desapareciendo entre sus dedos.

La convivencia no era nada fácil y hubo instantes en los cuales los momentos ásperos, los roces y las sensibilidades propias de cada personalidad alcanzaban extremos frustrantes. Vivían lejos de sus familias y, a veces, simplemente se sentían sobrepasados.
Nada, sin embargo, se iba a equiparar ni sería prueba suficiente para enfrentar lo que vendría. En el año 2011 nació Bianca y en el 2012, antes de cumplir el año, ella partió de este mundo.
Por instinto y sumidos en un tremendo dolor, Leo y Claudia se unieron como pudieron. A veces, por un segundo, creían que había sido un mal sueño y que podían vislumbrar una luz de lo que habían sido. Pero la sensación se desvanecía; ellos ya no eran los mismos.
Al poco tiempo, e inmersos en su mundo de sentimientos encontrados, Claudia quedó embarazada nuevamente (nacería su hijo Nicolás). Fue un momento de sus vidas que vivieron como pudieron.
En esos años, Leo y Claudia se consumieron como personas, como pareja, como familia. Fue un período donde creían que la única salida posible era tomar caminos separados. Pero en el 2015, ya punto de saltar por el precipicio, Claudia tomó la decisión de participar de un retiro espiritual de 4 días.
Para Leo, lo que vino después fue mágico. Claudia se fue de la casa y al domingo siguiente él sintió que volvió otra mujer. "Había dejado a la mujer vieja en el retiro y había vuelto otra persona. Lo más parecido a aquella mujer alta, linda y radiante. Sus ojos eran luz y su corazón había empezado a abandonar el dolor por la partida de nuestra querida hija Bianca", recuerda Leo.
Aceptación, empatía y perdón
Un mes más tarde, Leo aceptó realizar un retiro similar para hombres. Quería empatizar con Claudia, sentir lo que ella había sentido, caminar en sus zapatos para lograr entender sus emociones. Al poco tiempo fueron juntos a un retiro que les terminó de cambiar la vida.
Después de años, Leo había redescubierto a una gran mujer, una que su egoísmo y su orgullo no le había permitido ver. Tal vez no fuera el único camino para sanar los dolores más profundos y reconstruir su amor; lo que sí era seguro es que habían elegido uno y habían decidido atravesarlo juntos.

Leo y Claudia ahora trabajan con un grupo de matrimonios y tratan de ayudar a otras parejas a superar heridas que parecen irreparables. Con el tiempo, ellos descubrieron que tenían la capacidad de transformar el dolor en amor y que siempre hay una oportunidad de volver a reír desde el alma, aun después del peor día de sus vidas.
"Lo importante es no darse por vencido", reflexiona Leo, "Ser valientes, pacientes y tener los poros abiertos para darnos cuenta. Agradezco la familia que pude formar y por caminar la vida junto a Claudia."
En noviembre será la boda. Un encuentro familiar y sencillo en el cual celebrarán su amor incondicional; un amor que todo lo puede reparar cuando hay aceptación, respeto, comprensión, empatía y perdón.

Finalmente, ellos comenzaron a entender el significado de la semilla que dejó Bianca en sus vidas.
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