
El arte efímero de un trotamundos francés
MAR DEL PLATA.- No actúa, ni canta, ni confecciona artesanías. Michel Meckert eligió Mar del Plata para desplegar su arte por un motivo simple: pasa sus días viajando por los cinco continentes como escultor de arena. Nada mejor, entonces, para este francés trotamundos, que las remozadas playas locales.
Desde hace cinco días, el hombre de 51 años modela el paisaje llano natural de la Playa Popular, solamente con la ayuda de agua, una espátula, una brocha y un pincel.
Los resultados de su esfuerzo se erigen, listos para resistir la inclemencia del clima por varias horas, a la vista de la gente.
Cuatro de los doce discípulos de Jesucristo, un caballo y un lobo marino atraen, estoicos, a cientos de turistas y de marplatenses que interrumpen su camino hacia el mar para conocer el arte de Meckert. Una imagen de La Piedad logró otro tanto hasta anteayer, cuando se desvaneció, víctima del sol y del viento.
De país en país
El escultor de arena nació y creció en Perpignan, un pueblo de Francia cercano a la frontera con España. Pero hace 22 años abandonó su terruño y empezó a recorrer playas de todo el mundo en busca de un lugar donde desarrollar su creatividad.
La Argentina es el trigésimo cuarto país que visita. España, Italia, Tailandia, Malasia, India, varias naciones africanas, Estados Unidos, México, Costa Rica, Venezuela y Brasil también fueron testigos de la particular disciplina que lleva adelante Meckert. Según el francés, hay otros 50 artistas internacionales que lo acompañan en el desafío.
Y ahora la varita mágica del escultor tocó a Mar del Plata para dibujar figuras magníficas sobre la arena. Michel forma un montículo, arroja agua sobre él, con habilidad diseña la forma, valiéndose de una espátula, y rápidamente suaviza los bordes con un pincel que quita los granos de sobra.
"En países católicos recurro a imágenes religiosas. Ya comencé a esculpir a Cristo y sus apóstoles en la Ultima Cena, una pieza que demanda regularmente siete días. Pero armo todo tipo de siluetas", detalló Meckert mientras la gente se acercaba a la Popular para tomar fotografías y dejar alguna propina al artista callejero. De eso vive.
Precisamente, el francés emplea las colaboraciones del público para comprar los materiales necesarios para prolongar la vida de sus creaciones: líquido fijador y cal.
"Los argentinos son generosos conmigo. Son, además, educados y limpios. En la playa no arrojan basura, como los brasileños, y respetan las esculturas. De todos modos, yo no me despego de su lado", señaló. Su expresión es literal: el hombre se traslada con una carpa a cuestas y se instala en cada balneario donde levanta sus estatuas la arena.
El escenario previo a este punto de la costa atlántica fueron las playas cálidas de Brasil. Todavía viste una remera con inscripciones de Copacabana. Y muestra, a quien lo quiera ver, un álbum de recortes que atesora momentos de su paso por otros mares.
Vino con recomendación
A Mar del Plata la escogió "porque es sinónimo de la Argentina, referido por la gente de este país" que conoció en tierras lejanas.
Meckert confió en su gusto por la ciudad y su pueblo; sólo lamenta que la afluencia de turistas a los balnearios en el verano sea "tan corta" en estas latitudes y apenas tenga dos meses para ganarse la vida como escultor en la arena.
De aquí partirá rumbo a Viña del Mar, en Chile. Pero para su salida aún faltan varias jornadas y resta mucho por hacer: esta noche, si las condiciones del tiempo lo permiten, continuará la aventura de recrear la Ultima Cena compartida por el Hijo de Dios y los doce apóstoles.
Su arte, al menos, ya encontró dos discípulos: los también trotamundos Sergio y Pierre, un argentino y un chileno, respectivamente, músicos de profesión, ahora dedicados al aprendizaje de la técnica de Meckert.






