El arte infantil viaja en colectivo
Algunas son obras de alumnos de escuelas hospitalarias, quienes esperan trasplantes de órganos.
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Cuando la docente Laura Escliar prohijó la idea de iluminar los espacios grises de los colectivos con el arte infantil pensó en los miles de ciudadanos que, a diario, gastan parte de sus vidas en tediosos viajes, camino de su trabajo, de su casa o de cualquier actividad. Pero, sobre todo, tuvo en cuenta el aburrimiento que ella suele experimentar en esos andares.
Sumó, entonces, algunas voluntades: otros profesores habituados a recorrer la ciudad entre escuelas domiciliarias, hospitalarias, especiales, comunes y de arte. Así entusiasmó a sus colegas Angel Palleres y Alberto Cimino.
Los artistas, cuyos trabajos de plástica pasean hoy por la ciudad a bordo de los internos de las líneas 65 y 39 sin pagar pasaje, no son alumnos habituales. Comparten su amor por el arte, no tanto como herramienta para la recreación, sino porque para ellos éste es el hilo de plata que los conecta con la vida.
Hay, entre estos pequeños aprendices de pintores, pacientes de oncología, de diálisis y trasplantados, hipoacúsicos y chicos con difíciles historias familiares que, pese a todo, no renuncian a la sonrisa ni a la picardía ni a la esperanza.
A bordo de un interno de la línea 65, La Nación reunió a cuatro de ellos con los docentes Escliar, Palleres y Cimino.
Darío Goldemberg, 10 años, trasplantado de riñón y estudiante de una escuela domiciliaria, fue un derroche de vitalidad. Horacio Vega, 10 años, aquejado de una fibrosis pulmonar de nacimiento y en lista de espera para una donación de corazón y pulmones, respondió con timidez. El niño concurre a una escuela hospitalaria.
Silvio Arseni, de 7 años, fue una exhibición de energía, y Emilia Villalba Pintos, de 6, un modelo de cortedad. Ambos son alumnos del Centro de Plástica Nº 9.
Color y alegría
"El arte infantil es muy fresco. Ningún adulto pegaría su pintura en un micro por miedo a que se la destruyan. Pero los chicos se desprenden de lo que hacen. Son desinhibidos y espontáneos", contaron los docentes.
Según estos profesores "las pinturas infantiles tienen color y alegría. Sólo los chicos especiales son más apegados a sus trabajos, porque la pertenencia es muy importante para ellos".
De los tres, Escliar y Palleres dictan clases en el Centro de Plástica Nº 9, además de otros establecimientos educativos.
Los autores de las pinturas concurren, algunos a la mencionada escuela de arte porteña y otros a la Nº 15 del Distrito 9º; la de Educación Especial Nº 29, la Domiciliaria Nº 2; la Hospitalaria Nº 1 (Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez) y al Colegio Nº 5 Bartolomé Mitre.
"En esta línea de ómnibus, que tiene 56 internos, ya colgamos 49 trabajos y en la 39 llevamos 53 en un número igual de unidades. Todavía tenemos que seguir colocando más", expresaron con entusiasmo los docentes. La línea 65 recorre desde Constitución hasta Barrancas de Belgrano. En tanto la línea 39 va desde la Boca hasta Chacarita, en la intersección de las calles Jorge Newbery y Guevara.
La tarea no es sencilla. En sus ratos libres, Escliar, Palleres y Cimino llegan hasta las terminales de los colectivos y en los escasos minutos que éstos se detienen para recoger sus instrucciones, ellos se trepan a los internos y, en una carrera contra reloj, pegan los trabajos de los pequeños pintores.
A Silvio le gusta dibujar "casas, porque es lo más lindo que hay". Emilia dice, con voz tenue, que prefiere "pintar nenes" y que "saca ideas de la tele", al igual que Darío y Horacio, quienes se inclinan respectivamente por la pintura de "los dragones y los animales, como perros y gatos".
Marcela Luna, la madre de Horacio -el niño que reposa en silla de ruedas y no se separa un instante de su tubo de oxígeno- comparte con La Nación que la pintura es para él un motivo de alegría. Por su estado de salud, el chiquito no puede realizar actividades recreativas físicas.
Elecciones infantiles
Todos los trabajos plásticos exhiben una variedad muy atractiva de formas, temas, diseños y colores. Esto último, como rasgo primordial.
"Hay, en esta tarea, mucho tiempo extraescolar invertido, sobre todo, de nuestros días no laborales", contaron los maestros. Muchos elementos los pagan las cooperadoras, pero hay otros gastos salen de sus bolsillos. Varios fines de semana se reúnen a enmarcar las pinturas que lucen prolijas y vistosas.
A cuestas con su vocación no se preocupan. Y hay en sus rostros una huella visible de satisfacción por esa labor que, a todas luces, es también un servicio al prójimo.
"Los niños de escuelas domiciliarias y hospitalarias dan mucho más que otros, pese a su condición. Ellos, que están librando luchas terribles, nos enseñan a tener valor en la vida. A nosotros, que a veces nos quejamos por pequeñeces", sostuvieron.
Pocos chicos han podido ver sus pinturas en las unidades automotrices. Es casi una lotería treparse al interno indicado. Pero el locuaz Darío no se desanima: "Quisiera verlas. Pero sé que voy a tener oportunidad en la Feria del Libro Infantil".
Inquieto, Silvio afirma que en el futuro "seguirá pintando casas y autos", Emilia continúa aferrada "a los nenes y a las casitas", mientras Horacio se inclina por "pintar de todo".
Según los profesores, la cruzada en favor de la plástica a cargo de los chicos podría llamarse "por amor al arte". Están convencidos de que "tanta frescura y color puede ayudar a cambiar la vibración de la gente", que se tome unos segundos de su vida para observarlas al bajar del ómnibus o en el trayecto de su viaje.
Y hacen planes a futuro: "Queremos pegar estos trabajos en todas las unidades que nos sea posible. Después nos gustaría seguir con el subte. Y también regalar los trabajos a quien los pida. Los chicos se alegran mucho cuando dan sus pinturas", sostuvieron con expectativas.






