El Bolsón: Tiene 13 años, se derritieron sus zapatillas, y siguió peleando contra el fuego
6 minutos de lectura'
Hace varios días, todo huele a quemado en El Bolsón. Aviones, humo, sirenas, calor, uniformes azules, escafandras, máscaras, helicópteros, gente de traje, camiones gigantes, gente llorando, más humo. Yandel solo había visto algo así en las películas, pero esa tarde, hace una semana, desde la ventana de su habitación, vio remolinos de fuego que llegaban hasta el cielo y rugían como un monstruo mitológico.
Las llamas estaban a menos de 100 metros de su casa, al pie del Cerro Piltiquitrón, en la Rinconada Nahuelpan, un paraje que está ubicado a 6 km de El Bolsón y al que se llega por caminos de ripio que serpentean la ladera y están bordeados de árboles y flores que hoy se ven del mismo color gris ceniza. Allí viven cerca de 40 familias de la comunidad mapuche. Y ahí, Yandel es un héroe. Esa tarde no dudó ni un segundo en subirse a su yegua Quetia y salir a derribar a ese monstruo que amenazaba a su familia, sus animales y su tierra.
Se hacía de noche y su papá, Cristian Nahuelpan, lonko de la comunidad, juntó palas, cargó mochilas con 20 litros de agua, preparó los caballos y partió a la montaña con él y otros miembros de la familia. “Cuando te enfrentás al fuego por primera vez, te asustás, pero después te ponés más corajudo.”, dice Yandel, con voz de niño aún, sentado con la pierna estirada y el pie herido por quemaduras.
“Las suelas de mis zapatillas se derritieron el primer día. Un vecino me trajo unos zapatos que me quedaban algo chicos y en la oscuridad de la noche, se me metió una brasa en uno de ellos. Me puse tan nervioso que me ajustaba los cordones en vez de desatarlos. No me lo podía sacar. Mi primo me tiró agua y ahí se calmó el dolor, pero al volver a casa, mi pie estaba todo lleno de ampollas”, agrega.
Durante los peores días, los más peligrosos, Yandel se encargaba de llevar agua de los arroyos y las mangueras de las vertientes a los diferentes focos que lo necesitaban. Gritos de un lado, gritos del otro, él hacía ese recorrido arriba de su yegua, entre ramas incendiadas que caían y animales muertos, cargado con una mochila que competía con el peso de su cuerpo. Sus días eran largos y volvía a su casa a la medianoche.
“Estaba tan cansado que se dormía al sentarse en la silla”, dice Nancy, su mamá. Pero a la madrugaba, era el primero en levantarse y volvía a partir, muchas veces sin desayunar.
“Las brigadas no querían que pasáramos pero ellos qué sabían de lo que eso valía para nosotros”, dice él. Además de los brigadistas y bomberos, suben voluntarios que con la mejor intención de ayudar ponen en riesgo sus vidas al desconocer cuestiones de seguridad. Pero ese no era el caso de los pobladores de la Rinconada Nahuelpan, quienes sí tenían permiso para acercarse y cooperar, ya que viven en la zona desde hace muchos años y conocen su geografía mucho mejor. La mayoría de ellos se dedican a cortar madera y a la ganadería y todos los días recorren caminos y picadas que no aparecen en ningún mapa.
Situación más controlada
Desde el 24 de enero, el fuego no para. Rebrota constantemente, sube por laderas y se mete por cañadones, como una lengua maldita que esquiva su guadaña. En los últimos días, la situación está un poco más controlada, según informan desde los distintos organismos provinciales y nacionales dedicados al manejo del fuego, pero un cambio en la dirección del viento puede hacer que todo se revierta. Muchos vecinos de la región han evacuado a sus hijos, mudado sus muebles y objetos de valor, mientras permanecen en sus casas con la misma ropa durante varios días y con un bolso de documentos y otros elementos vitales para la evacuación.
Yandel entiende perfectamente que todavía falta mucho para que el monstruo muera, y sin internet ni celular, desde hace unos días permanece en su casa, con su pie herido y su handy, atento a lo que necesite su comunidad y acompañando a su papá que sigue subiendo todos los días al cerro a dar su apoyo.
Uno de los deseos de cumpleaños de Yandel fue tener la oportunidad de estudiar Veterinaria. Sabe que no es fácil, que vive lejos de los centros universitarios y que es caro. Es fanático de Dr. Pol, un reality de Nat Geo Wild que cuenta las experiencias profesionales de un veterinario que ama los animales como él. “Por suerte, nosotros no perdimos ninguna vaca, porque logramos bajarlas a tiempo, pero mi tío sí”, se lamenta.
En tiempos normales, el día de Yandel puede incluir tareas como cortar leña, pastorear las ovejas, cuidar el ganado, estudiar o jugar a la pelota. El año pasado ingresó a primer años en la Escuela Técnica 23 de Mallín Ahogado pero, por la pandemia, aún no pudo asistir en forma presencial. Recibió todas las tareas por WhatsApp y las hizo en su casa, solo, porque ninguno de sus nuevos compañeros viven en su comunidad.
Mientras los gobiernos se encargan de dar provisiones a sus brigadas de rescatistas, los vecinos de la Rinconada se encargan de acercarles líquido, frutas, hidratos de carbono y vestimenta. Con ello, las mujeres preparan las viandas y se las alcanzan a los hombres que permanecen todo el día en el cerro. Muchas agrupaciones ayudan con una logística más armada, como por ejemplo los docentes que preparan diariamente bebidas isotónicas con frutas de la zona y también congelan casi 200 botellitas de agua que los vecinos alcanzan tres veces al día para que tengan agua fresca. Toda la región se moviliza, apoya y coopera con el gran temor de que los focos no se descontrolen por la noche, porque el aeropuerto de El Bolsón no tiene señalización nocturna y apenas baja el sol, los aviones hidrantes tienen que dejar de volar.
“Cuando me acuesto a dormir, me acuerdo de las llamas y varias veces sueño que se quema todo: la casa, el campo, todo”, dice Yandel, que con tan pocos años, superó el miedo y está aprendiendo el significado de lo irremediable. Pero en esta experiencia descubrió también que, además de veterinario, de grande quiere ser bombero para estar bien preparado para cuidar a su comunidad.
Otras noticias de Historias para conocer
1Vacuna del herpes zóster: los impensados pero prometedores efectos contra la demencia y la visión de los especialistas
- 2
Parque Patricios: se derrumbó el techo del estacionamiento de un complejo de viviendas
- 3
Agenda paralela: al menos 10 provincias avanzan en un proyecto propio de ley de educación nacional con un foco prioritario
- 4
Paro nacional docente: ¿hay clases este martes 3 de marzo?




