El caos de tránsito no incomoda a los turistas en Pinamar
Hasta ahora no se registraron accidentes
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PINAMAR.- La cuestión es intercambiar miradas y pactar tácitamente quién da paso a quién. A lo sumo, con algún gesto que ratifique el acuerdo mutuo.
Parece increíble, pero sólo la buena voluntad de los automovilistas y de los peatones, tanto de los pinamarenses como de quienes veranean en este balneario, permite superar los embotellamientos interminables que se forman sobre la avenida Bunge, una de las principales arterias y una de las pocas asfaltadas de esta ciudad, especialmente a la hora del éxodo de la playa y en horario nocturno.
Pese a que otra importante avenida -Libertador- cruza esa arteria de doble mano a unos 500 metros del mar, con rotonda incluida, y a que coexisten otros distribuidores en la intersección con varias calles más, aquí el municipio no instaló semáforos.
Porque esas señales ordenadoras de tránsito no combinan con la filosofía del balneario, que defiende su perfil agreste y natural, dicen.
Desorden sin choques
Pero nada puede reclamarse a las autoridades locales, pues el marcado desorden en el tránsito no provoca accidentes como contrapartida. No hay personas que resulten atropelladas ni choques laterales, ésa es la conclusión. En las calles, ni siquiera se oyen bocinazos; mucho menos insultos.
Parece increíble, se dijo. Hasta podría hablarse de un curioso caso de "anarquía funcional" acordada por los pinamarenses y adoptada por los miles de veraneantes que se alojan en la apacible ciudad costera en cada temporada.
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Bunge y Libertador, a las 19. Una desprolija cola de veinte vehículos -autos, camionetas 4x4 y colectivos- sobre cada mano de Bunge. Otros tantos rodados sobre ambos sentidos de la avenida Libertador. Y decenas de turistas a pie, al borde de las avenidas o ya en la esquina, deseosos de pasar hacia la otra vereda. Sobre Bunge, hacia el Oeste, un auto permite que avance otro que circula de Sur a Norte sobre Libertador para dar vuelta a la rotonda y también encolumnarse sobre esa misma calle, rumbo al centro.
Una camioneta 4x4 que venía detrás del segundo auto aprovecha la paciencia del primer conductor y atraviesa, sin girar, Libertador hacia el Norte. Pero la frena una pareja, que, a pie y tras asegurarse -con un pequeño avance sobre el borde del camino arenoso- que la camioneta iba a detenerse, atraviesa la calle sorteando el resto de los rodados en fila sobre Libertador, para tomar Bunge, en cualquiera de sus dos sentidos.
En tanto, no se ha escuchado ni un solo bocinazo o ruido a aceleración de motor. Como si no se tratara de la misma gente que en la Capital apura la marcha, viola semáforos en rojo y sobrepasa a otros conductores hasta por carriles indebidos.
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"El único año que pusimos un semáforo en ese cruce, en 1988, generó más trastornos de los que espontáneamente hay. Lo tuvimos que retirar a los cuatro días", recuerdan en la comuna pinamarense.
El director municipal de Fiscalización, que coordina el área de tránsito, confirma la observación de LA NACION.
"La gente está de vacaciones, se relaja y tolera más algunas situaciones que por ahí no es capaz de soportar en Buenos Aires. Aun los turistas que llegan por primera vez se adaptan pronto al esquema. Y no debemos lamentar accidentes", expresó el funcionario, Luis Werner.
Según dijo, la falta de semáforos obedece a "la intención de respetar la fisonomía natural y poco aparatosa de Pinamar, para diferenciarse de otros destinos cercanos". Y de algunos competidores en materia de turismo, como Punta del Este, se desliza aquí en más de una conversación.
Sobre la avenida, para mayor detalle, ni siquiera trabajan los cuidadores municipales que ordenan el tránsito en otros sectores de la ciudad.
"De todos modos, un semáforo no podría funcionar en esa rotonda ni en los distribuidores por la cantidad de cambios y opciones de paso que debería incluir. Pero los atascamientos se van solucionando solos por el propio peso del problema. Impiden circular a alta velocidad y por eso disminuye el riesgo de accidentes", agregó Werner.
Sólo por la temporada
Para minimizar algo más el peligro que podría representar la falta de señales de tránsito, el municipio simplemente contrató durante el verano a algunos cuidadores con chaleco rojo, con el propósito de resguardar principalmente a los peatones.
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Bunge y Libertador, a la 0.30. La escena anteriormente narrada se repite. Y todos terminan sanos y salvos.





