¿El CO₂ no fue clave en antiguas glaciaciones? El debate que abre un estudio en Nature
Un nuevo reporte desafía el papel de ese gas en glaciaciones pasadas, aunque expertos marcan límites claros y advierten que no explica el calentamiento actual
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No son los gases de efecto invernadero los únicos factores de calentamiento de la Tierra a lo largo de su historia. Un estudio reciente, publicado en la revista Nature y elaborado por la paleoclimatóloga Julia Marks-Peterson y otros 16 científicos, planteó que el dióxido de carbono y el metano podrían no haber sido los factores más preponderantes en este proceso durante períodos geológicos anteriores. Sin embargo, expertos consultados por LA NACION ponen en cuestión este planteamiento y advierten que no explica el calentamiento global actual.
El trabajo, publicado hace unas semanas en Nature, consistió en analizar una columna de hielo antártico. Este hielo contiene burbujas atrapadas con aire de hace millones de años. A partir de distintos análisis, los investigadores sostuvieron que durante la última era glacial y su posterior deglaciación —en el Pleistoceno y camino al Holoceno— tanto el dióxido de carbono como el metano se mantuvieron estables, a pesar de que gran parte de la superficie terrestre se congeló.
Esto buscó poner en cuestión una teoría de la paleoclimatología que sostiene que estos gases son los principales factores de los cambios climáticos y de temperatura. “Hay otros factores que influyen en estos cambios y que tienen que ver con los ciclos de Milankovich”, señaló Manuel Zepeda, maestro en paleoclimatología de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Estos ciclos condensan la teoría de Milutin Milankovitch, astrónomo y matemático serbio, quien planteó que existen cambios de temperatura paulatinos e increíblemente lentos debido a factores distintos a la composición de la atmósfera. En su mayoría, se deben a modificaciones en la órbita terrestre, que se expresan en tres variables que se combinan en ciertos momentos: la excentricidad, la inclinación y la precesión.
La primera se refiere a la forma de la órbita en la que la Tierra se desplaza. Si bien no es circular sino elíptica, lo menos conocido es que esa elipse no tiene una forma fija, sino que cambia con el tiempo. Hay momentos en los que es más alargada y otros en los que se acerca a un círculo. Según esta teoría, cada 100.000 años el planeta atraviesa variaciones en la distancia entre su punto más cercano al Sol y el más lejano.
La inclinación alude al eje terrestre, que se modifica de forma casi imperceptible, tanto que deben pasar alrededor de 40.000 años para que los cambios sean notorios. Finalmente, la precesión describe una especie de “bamboleo” del planeta al girar. “Es como el movimiento de un trompo, que lo sacude; esto también cambia la inclinación y provoca mayor o menor llegada de los rayos solares”, describió Zepeda, y añadió: “Tienen que pasar decenas de miles de años para que los tres factores coincidan”.

El artículo planteó que la última vez que se alinearon estos ciclos fue durante la última glaciación y que ahora caminamos hacia un período de calentamiento. “Pero no estamos ni cerca de un momento de calentamiento. Falta mucho para que los ciclos coincidan como para estar viviendo una etapa especialmente cálida debido a esto”, resaltó Zepeda. El especialista señaló que esto no implica que la Tierra no se esté calentando, sino que en esta ocasión los factores principales sí son los gases de efecto invernadero. Datos de la NASA indicaron que hoy hay una concentración de 429 partes por millón de dióxido de carbono en la atmósfera, una proporción que no ha existido hace miles de millones de años.
Al revisar el trabajo, indicó que durante el Holoceno —la época geológica actual— la temperatura global creció a un ritmo mucho más rápido que en otros períodos registrados. “En esta época apareció la agricultura, y a partir de entonces la Tierra se fue haciendo más caliente”, explicó. En otras palabras, si bien han existido distintos factores de calentamiento, este último proceso está estrechamente vinculado a las actividades humanas. “Nunca había habido tanta concentración de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Y la temperatura tampoco había aumentado tan rápido”, advirtió, y añadió: “Si estuviéramos en el período cálido de los ciclos de Milankovitch y lo combináramos con el calentamiento actual, probablemente el escenario sería catastrófico”.
Crítica metodológicas
El artículo publicado en Nature también plantea que además de los ciclos de Milankovich, otros factores como el cambio en las corrientes oceánicas, el movimiento de los continentes y el efecto de albedo [capacidad de una superficie para reflejar la radiación solar] que podía haber en la época glacial fueron factores tanto para el enfriamiento en el inicio del Pleistoceno [hace aproximadamente 2,6 millones de años] como para su posterior camino al calentamiento al final de esta época.
Una revisión posterior a la publicación del trabajo de Marks-Peterson advirtió, además, que hay consideraciones sobre el análisis realizado. Eric W. Wolff, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cambridge, planteó que el estudio del hielo antártico podría ser impreciso y que la idea de una composición estable de dióxido de carbono y metano durante la última glaciación y deglaciación no es concluyente. Lo explicó por dos factores: el primero es que en épocas de calentamiento nieva con mayor frecuencia, por lo que la nieve acumulada en la muestra podría no representar períodos más antiguos.

Las columnas de hielo que se utilizan para analizar el pasado se recolectan bajo el supuesto de que cuanto más profundo es el hielo, más antiguas son las burbujas de aire que contiene, algo que, según Wolff, no es necesariamente cierto. Además, el científico criticó aspectos metodológicos del análisis de isótopos de boro en sedimentos marinos. Por ahora, el consenso en esta área es que estos isótopos son el indicador más fiable disponible para estimar el CO₂ antiguo, algo que Marks-Peterson pone en cuestión, pero que Wolff reafirma como vigente.
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