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Córdoba

El escritor cordobés que dejó su carrera para dedicarse a promover la lectura

Gabriela Origlia
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19 de diciembre de 2018  • 13:10

CÓRDOBA.- Hace una década, al cordobés Hernán Lanvers se lo calificaba como el escritor que desafiaba Wilbur Smith, el "otro" africano blanco. Su saga "África: Hombres como dioses" vendió más de 100.000 ejemplares, pero hace cinco años dejó de escribir y se dedica a promover la lectura dando charlas en colegios secundarios, escuelas rurales, bibliotecas y librerías y donando libros.

Lanvers nació en Córdoba , pero creció en Comodoro Rivadavia . Hace más de 25 años regresó a esta ciudad para estudiar Medicina y jugar al rugby. Para hacerse unos "mangos" empezó a preparar alumnos y terminó poniendo un instituto. Viajero y lector apasionado, se dedicó a contar la historia de tres familias en África .

Lanvers durante su viaje a África
Lanvers durante su viaje a África

En los colegios sus charlas se titulan "Cómo la lectura de libros puede duplicar la eficiencia en el estudio". En cambio, en otros ámbitos avanza sobre cómo promover la lectura entre niños y adolescentes. Lleva 274 presentaciones ante 13.000 personas. A la hora de donar, elige clásicos de Julio Verne y Emilio Salgari, entre otros.

Su proyecto se llama "Construyendo lectores". Lo lleva adelante solo para moverse con "independencia". "Cuando se hace en un grupo es necesario combinar los horarios, ponerse de acuerdo en las ideas. Solo es más fácil y, además, no tenés excusa para no hacer las cosas", dice en diálogo con LA NACION.

También para viajar prefiere la soledad. Fue el primer argentino en escalar el Kilimanjaro de 5891 metros en Tanzania y el Kenia, de 5199 metros, la segunda montaña más alta de África. En algunos lugares convive con el guía y así aprende la cultura. Su saga incluye cinco títulos: Hombres como dioses, Harenes de piedra, Sangran los reyes, Tormenta de libertad y Cazadores de gloria.

Crédito: Gentileza La Voz

"Los libros que dono son del tipo de las clásicas novelas de Salgari, de Verne –detalla-, esas de tapas amarillas de la colección Robin Hood que leíamos nosotros cuando éramos adolescentes. Y para los más chicos, cuentos como Blancanieves, La Bella Durmiente, El rey león".

Admite que no le alcanza el tiempo para todo: escribir, llevar adelante su proyecto, atender el instituto. "Tengo 55 años y no tengo hijos. Quizás porque uno está algo más viejo se da cuenta de que no se es inmortal. Y quizás también por eso, se pone a pensar que sería bueno que nuestro paso por este mundo lo deje aunque sea un poquito mejor de lo que era antes. Yo escribí esos libros y me encantó presentarlos, salir en los diarios, en la TV, pero eso me alcanza como para sentirme un poco importante".

Reconoce que esos pensamientos le llegan sobretodo en esos días en que su ánimo es "un poco gris" y necesita "levantar" su autoestima. "Pero, ¿qué he hecho por los demás? Nada. Aunque dos de mis libros son una fuerte denuncia contra la esclavitud y la mutilación genital femenina en África, no he hecho gran cosa. En cambio, la lectura colabora".

Lanvers repasa que en la Argentina la mitad de los alumnos que entran al secundario no se reciben. Y de la mitad que egresa, sólo el 46% entiende un texto al leerlo."Eso es un gran problema. Está bien que los tiempos cambian y los hábitos también. Por ejemplo, la esgrima como deporte se practica cien veces menos que hace décadas. Pero eso no tiene grandes consecuencias. La falta de lectura, sí. Imaginate que los alumnos que entran a la universidad no entienden la mitad de lo que leen. Eso va a tener consecuencias terribles".

Aportar para mejorar

Insiste en que hoy la riqueza de los países no son sus recursos naturales sino los humanos. "Por eso, Japón, Israel, Islandia, Finlandia son ricos sin una naturaleza desbordante. Si este país no mejora su educación, se suicida".

En su charla, rescata a Domingo Sarmiento, quien –subraya- causó una especie de "revolución" trayendo profesores del extranjero, creando escuelas, bibliotecas, las primeras escuelas para mujeres. "Cuando esos alumnos crecieron, la Argentina se transformó en el país con el PBI más alto del mundo , seguida por Estados Unidos, en 1895 y 1896. Le decían el "loco", a lo mejor lo era. Pero cambió un país".

Lanvers cree que harían falta "uno o dos Sarmientos, por más que algunas pocas de sus ideas estaban erradas".

También explica que autofinancia su proyecto. "He vendido unos cuantos libros. No soy rico, pero gasto poco, no tengo hijos, uso ropa siempre del mismo color, no fumo, no tomo. Tengo una casa, una camioneta. Y encima, cuando me voy de vacaciones suelo ir a África, en donde me alojan amigos gratis o paro en hostels de un dólar la noche. Y hacer esto me hace sentir bien. Seguir escribiendo me iba a hacer un mejor escritor. Promover la lectura me hace una mejor persona".

Por ahora, su carrera de escritor está en pausa: "Si realmente quisiera triunfar a lo grande o por lo menos intentarlo me tendría que ir a vivir a Buenos Aires o a Barcelona, la capital del mundo editorial. En el desarraigo se pierden los amigos, los afectos. En Córdoba me siento bien y de acá no muevo. Es mi lugar en el mundo".

Por esas razones intenta mejorar un poco la provincia dedicándose a promover la lectura, a mejorar la comprensión de textos y a convencer de que la educación es "la gran igualadora de oportunidades".

"A mí, que alguna vez fui pobre, fue la educación lo que me permitió cumplir con todos mis sueños", concluye.

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