
El monumento a Alvear, rodeado por los sin techo
Por Willy G. Bouillon De la Redacción de LA NACION
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Las noches del verano porteño supieron de sibaritas de la zona que se reunían en las escalinatas del gran monumento al general Alvear, en la esquina de las avenidas Del Libertador y Alvear, en Recoleta, para demorarse allí matizando la charla con champagne de buena marca.
Las cosas cambiaron. No sólo semejante divertimento nocturno lindaría ahora con lo temerario, sino que además el lugar está ocupado -desde hace tiempo- por personas que solucionaron allí su falta de techo.
Duermen sobre el césped cercano al monumento, junto con sus precarios enseres apoyados contra un árbol. Un cartón hace las veces de pared, mientras el viento mece sus ropas colgadas en una rama.
"Nadie ha podido sacarlos de allí -dijo a LA NACION un empleado del contiguo Palais de Glace-. Y les aconsejo que ni siquiera intenten hablar con ellos."
La que persiste intacta, apenas empañada por los recurrentes graffiti, es la esplendidez de la impresionante estructura, rematada por la estatua ecuestre más bella de la ciudad y calificada entre las 10 de mayor importancia en el mundo.
La evolución edilicia, a la que con los años se sumó una frondosa arboleda, hizo que la observación plena de la magnífica obra quedara reservada a quienes -a pie o en automóvil- se desplazan desde el norte hacia el centro capitalino.
Ceremonia multitudinaria
La iniciativa del escritor y político Joaquín V. González de impulsar este homenaje al general Carlos María de Alvear -cuando era senador por La Rioja, su provincia natal- derivó en la creación de la Comisión del Monumento, cuyo titular, Manuel Montes de Oca, encargó la escultura al prestigioso artista francés Emile Antoine Bourdelle.
Tras casi 10 años de labor, el conjunto ecuestre fue entregado a una delegación del gobierno argentino el 14 de mayo de 1923, en el Salón de las Tullerías, de París.
González, que murió en diciembre de ese año, no pudo ver materializada su propuesta: por diversos motivos, la inauguración del monumento sólo se concretó el 16 de octubre de 1926.
De la ceremonia -que encabezó el presidente Marcelo T. de Alvear, nieto del prócer (descubrió la estatua, junto con Montes de Oca)- participaron representantes diplomáticos de América y de Europa, además de una multitud calculada en alrededor de 100.000 personas. Hubo varios discursos y un desfile a cargo del Colegio Militar de la Nación.
La figura del general Carlos María de Alvear a caballo, realizada en un bronce de cinco metros de altura, se apoya en un amplio pedestal de granito lustrado de 13 metros, obra de Alejandro Bustillo, rodeado por una plataforma escalonada de 20 metros cuadrados.
La imagen del militar está plasmada en el gesto amplio, al ordenar el avance de las tropas, como en la toma de la ciudad de Montevideo, en 1814, o en la batalla de Ituzaingó, en 1827. Al pie de la escultura se agregaron cuatro figuras que simbolizan la fuerza, la elocuencia, la libertad y la victoria.
No faltó una opinión crítica, referida a que el homenajeado no lleva sombrero, "como corresponde a un militar en acción", según se dijo. Singular fue la respuesta de Bourdelle: "Tuve ante mí la imagen de un verdadero guerrero de gran bravura, a quien concebí sin sombrero por haberlo perdido en el fragor del combate".
Pero quizá más singular fue la evaluación que realizaron algunos especialistas sobre la cabalgadura, al advertir que el general Alvear monta un caballo argentino, lo que ocurre sólo en el caso del monumento al general José de San Martín, mientras que en el resto se han reproducido ejemplares de razas europeas.
Uno de esos expertos lo explicó luego de una investigación; según el análisis, cuando Bourdelle iba a empezar la obra fue muy publicitada en París la participación de un caballo argentino en el hipódromo de Longchamps, y en su "pinta" se habría inspirado el notable escultor.
Bourdelle por tres
Como "conjunto Bourdelle" se conoce el grupo, en la misma zona, que completan "El centauro agonizante"y "Hércules arquero" (o simplemente "El centauro" y "El arquero").
Estos dos últimos bronces, reveladores también del indiscutido talento de Emile Bourdelle, fueron adquiridos por la entonces municipalidad porteña para también galardonar el espacio público.
Desde 1993, "El centauro" -alusivo al sabio centauro Quirón, preceptor de Ulises y de Aquiles- ocupa un lugar en la plaza Rubén Darío.
En tanto, en 1994, tras una breve estada en la plaza Lavalle, situada en la zona de Tribunales, "El arquero" fue situado en la plaza Dante, sobre la avenida Pueyrredón, casi frente a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.
Lástima que, casi 80 años después, las condiciones sociales condujeron a que la gente sin hogar necesitara echar mano a la vía pública en busca de amparo. El espacio físico, ahora, está devaluado.
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