
El narcotráfico y la prostitución no quieren irse de la Recoleta
Detuvieron a dos jóvenes dominicanas con cocaína; el distribuidor logró huir
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La prostitución, que desde hace seis meses invadió las calles de Recoleta, mostró anoche su costado más peligroso, cuando quedó al descubierto que el sexo callejero trae aparejados otros delitos, como el tráfico de drogas.
Extrañamente, las veredas de los alrededores del cementerio de la Recoleta estaban desiertas. Las jóvenes que desde temprano habían gastado las baldosas de Vicente López, Junín, Guido y Quintana buscando cambiar sexo por dinero, ayer a la 1.30 habían desaparecido. Como si la indignada protesta vecinal en contra de la prostitución en esta nueva zona roja hubiera bastado para ahuyentar a las chicas.
Pero las razones del desbande fueron otras.
Luego de que la La Nación reveló, en su edición del lunes último, que las inmediaciones del cementerio donde están enterrados los mayores próceres de la Argentina se había convertido en un área ganada por la prostitución, la División Seguridad Personal de la Policía Federal redobló la vigilancia para aplicar la ley de profilaxis.
La dotación de uno de los vehículos policiales sin identificación advirtió en la avenida Callao que un joven invitaba a subir a su Fiat Uno blanco a dos atractivas dominicanas, de piel oscura y ojos claros.
Los policías averiguaron por la radio si el vehículo tenía pedido de secuestro, es decir, si había sido denunciado como robado.
En menos de diez segundos la respuesta de la jefatura fue clara: el mismo día había sido sustraído frente a una casa de la zona de parque Centenario, en jurisdicción de la comisaría 13a.
El móvil policial, con una baliza azul en el techo, se lanzó en persecución del Fiat, primero por Quintana, luego por Ayacucho y Guido. Zigzagueando entre el tránsito, logró ubicar al fugitivo cuando llegó a Junín, frente al World Sports Café. Allí, el perseguido se incrustó contra dos grandes tachos de basura plásticos.
El conductor aprovechó el congestionamiento de vehículos para escapar a pie. Pero dejó a bordo del automóvil a las dos dominicanas, que se transformaron en un raro espectáculo para los habitués de los pubs de la zona, que salieron a la calle a ver qué sucedía. Entre ellos, algunos jugadores de fútbol de un equipo de primera división.
Los policías revisaron el vehículo y encontraron 61 papeles glacé de colores doblados con 3 gramos de cocaína cada uno en la guantera, escondidos en la caja de un cassette.
Las mujeres, una de 25 años, con trencitas jamaiquinas, y la otra de 32 y con nariz ancha, explicaron a la policía que el conductor del automóvil las había levantado en Constitución, donde viven. También, que el reciente amigo les había contado que el auto se lo había regalado ese día su padre.
La sospecha de las autoridades, de acuerdo con lo que dijeron fuentes policiales a La Nación , es que el prófugo era un "dealer" que distribuía drogas en la zona y que las dos jóvenes podrían ser sus punteras, encargadas de venderla a los habitués de los pubs de la zona.
Las dominicanas alegaron que hace cuatro meses que están en el país, pero tienen prontuario policial por arrestos anteriores vinculados con la prostitución, cuando estaban vigentes los edictos policiales.
Las mujeres fueron indagadas por el juez federal Gabriel Cavallo por la aparición de los 61 "ravioles" de cocaína y hoy declararán ante el juez de instrucción Julio Lucini por haber sido sorprendidas en un automóvil robado.
"La prostitución va acompañada de otros delitos. Desde el robo a mano armada que pueden sufrir los clientes hasta lesiones a las jóvenes a manos de éstos, o el narcotráfico. Esta es la práctica más cercana al delincuente", dijo a La Nación un funcionario judicial dedicado a la aplicación de la ley de profilaxis.





