El resentimiento

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Fuente: Archivo
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26 de septiembre de 2019  • 02:16

Cuando quedamos estancados en el resentimiento no se debe a lo que el otro pudo haber hecho o dejado de hacer, sino a nuestra falta de proyectos personales. La ira, la amargura, la queja que nos produce el no poder proyectarnos hacia adelante hace que nos estanquemos en el resentimiento. Esto habla de un vacío interior.

Resentimiento es dolor y bronca congelados. Es ese enojo acumulado que se aloja en el cuerpo y puede llegar, incluso, a causar enfermedades. Es por ello que es muy importante erradicarlo de nuestra vida. Un hecho desafortunado que se repite una y otra vez en la mente termina instalándose en el cuerpo y, muchas veces, enfermándolo. ¿Por qué se llega a esto? Porque uno no desea algo y dicha emoción de resentimiento le genera un malestar.

Alguien cargado de resentimiento, por lo general, siempre ha cedido. Quien cede al ciento por ciento, con el tiempo, busca "cobrar" también al ciento por ciento. Sin embargo, el pasado no tiene solución porque ya pasó y asumir las pérdidas tiene que ver con asumir este hecho. Si no asumo la pérdida, no hay manera de salir del resentimiento porque, aunque el otro ceda, el tema pertenece al pasado.

¿Cómo se expresa el resentimiento?

  • A través de indirectas irónicas. Antes la persona no se animaba a decir nada pero ahora se anima con esta manera indirecta que no mejora la situación sino que la empeora. En el fondo, es un deseo de venganza, es resentimiento oculto. Se le pierde el respeto al otro y se lo critica (mezcla de bronca e impotencia). Esto se hace "irónicamente" y con inteligencia como una manera de disfrazar su bronca.
  • Con frases como "te amo y te odio". Te amo porque me enamoré de lo que proyecto en vos; pero te odio por no corresponder a todo eso que proyecto. Te odio porque me mostrás que no sos todo lo que yo imagino y no me satisfacés. No puedo evitar darme cuenta de que no llenás toda mi proyección.
  • Frustrando al otro. En realidad la persona que frustra está frustrada. "Si yo no puedo, vos tampoco". Al no animarse, dice: "Tengo miedo y no dejo que nadie se anime". Y añado: "No vas a poder".
  • Quejándose de todo y de todos. El resentimiento y las desilusiones pasadas sin resolver suelen ser la respuesta a muchas de las situaciones por las que actualmente nos quejamos. Y muchas de las emociones negativas que desplegamos, incluso de modo inconsciente, no tienen su razón de ser hoy sino en un dolor del ayer que no pudimos enfrentar. Un ser humano resentido produce frustración en su propia vida y la vida de otros.

Quien toma la decisión de vivir con resentimiento en su corazón, a causa de una persona o una vivencia del pasado, no se da cuenta de que está envenenándose a sí mismo. Por esa razón, todos nos hemos encontrado con alguien que nos maltrata de la nada y nos preguntamos por qué se comportó así con nosotros. Casi siempre es alguien muy resentido que busca descargar lo que siente en los demás.

Alguien detenido mirando hacia atrás no puede avanzar.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

  • Asumir la pérdida. Las empresas que funcionan bien son transparentes. No falsean las pérdidas, no las encubren, sino que las asumen. Es allí donde se comienza a tener ganancia. Puedo ganar a partir de reconocer la pérdida.
  • Centrar las emociones en la ganancia presente. En lugar de mirar lo que perdimos, observemos lo que ganaremos a partir de ahora realizando todos los cambios necesarios y pertinentes. Lo ideal es poder hablar de lo que nos sucede porque, a partir de ello, somos capaces de descifrar esta otra cuestión.

Un autor estadounidense explica "la ley del camión de basura":

Me subí a un taxi, el chofer frenó con fuerza, dio un patinazo y, por pocos centímetros, no chocamos con el otro auto; pero el conductor del otro auto con el que casi chocamos volteó su cabeza y empezó a gritarnos palabrotas; el taxista lo saludó amablemente, así que yo le pregunté por qué hizo eso: "¡Ese otro hombre casi destruye su auto con su frenada y casi nos manda al hospital!". El taxista me enseñó lo que ahora llamo "la ley del camión de basura": muchas personas son como ese camión, andan llenos de basura, de frustración, de enojo, de queja. Se les ha ido amontonando la basura y necesitan un lugar donde poder tirarla. Si se lo permitís, te la van a echar a vos.

A partir de ese día, todo lo que hace la gente que lleva algo encima (y algunos llevan basura que quieren vaciar en mí como taxista) ya no lo tomo en forma personal. Solo le sonrío, lo saludo, le deseo lo mejor y dejo que siga su camino con su basura a cuestas. Yo sigo adelante.

El odio es un sentimiento que se relaciona con esta idea. Nos mantiene atascados en una frustración que necesitamos borrar para que esa parte negativa de la historia nos sirva para seguir creciendo. Es por ello que necesitamos ser más tolerantes a la frustración y, sobre todo, aprender del fracaso sin permitir así que el rencor viva en nosotros.

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