El Sueño de los Elefantes, un viaje de emociones a ciegas en el Konex
El espectáculo es una experiencia colectiva multi-sensorial en la que cada individuo emprende su propio camino a la imaginación y la introspección
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Con los ojos vendados y en fila india entran a una sala completamente a oscuras. Algunos terminarán sentados y otros acostados, pero todos son conquistados con cada paso por la incertidumbre y la ansiedad por lo que vendrá. Se escucha un pájaro, un río, un grito a lo lejos. Hasta que, de repente, un fuerte viento lo enmudece todo y lo deja en claro: ha comenzado El Sueño de los Elefantes.
No es una obra de teatro. Tampoco es un recital. El Sueño de los Elefantes es una experiencia multi-sensorial que nació en 2008 y que el pasado 28 de febrero se presentó en Ciudad Cultural Konex, en el barrio de Abasto. Por casi dos horas, un abanico de sensaciones se adueña de 200 personas.
Se trata de una experiencia colectiva, pero en la que cada individuo emprende su propio viaje de emociones. Aromas -a templo, a menta, a quemado-, susurros, risas, silencios, tambores, lluvia: el oído, el olfato y el tacto juegan con la imaginación. No hay una sino múltiples realidades, que se yuxtaponen como lienzos translúcidos.
Alejo Duek, uno de los artistas a cargo de de El Sueño de los Elefantes, dice a LA NACION: “La gente nos cuenta que llegó a lugares que no tienen que ver con un hilo narrativo que nosotros proponemos, sino con historias de sus vidas, que, muchas veces, son cosas olvidadas, cosas que están bloqueadas y afloran en la experiencia“. Y agrega: “Es muy gratificante”.
Un equipo de 14 personas da vida a la propuesta, que no quiere parecerse a ninguna otra en cartelera. “Creemos que hay una sobresaturación de espectáculos de entretenimiento (…) nosotros queremos un espacio donde el público sea protagonista de su propia historia usando el sonido como medio fundamental“, comenta Matías Tozzola, otro de los artistas. “Sentimos que cuando uno va a un concierto, la manera de percibir el sonido está gastada, y es algo que se viene haciendo igual desde hace mucho tiempo, por eso la percepción se automatiza, se acostumbra“, agrega. Por ello, la propuesta de la compañía consiste en cruzar la especialidad del sonido con otras disciplinas, como vínculo primordial del discurso artístico.
La compañía se siente muy gratificada con la receptividad del público. “No es algo que se pueda explicar con palabras, solo hay que sentir. Te conectás con vos mismo”, dice Malena, estudiante de Audiovisuales en el IUNA, una de las asistentes a la función del pasado martes. “Me encantó la experiencia (…) fue genial pasar por una situación desesperante -me imaginaba gente corriendo- a una donde sentía muchísima tranquilidad”, cuenta Martina, estudiante de Curaduría en Arte en el IUNA, quien remarca lo gratificante para ella cuando se le despertó el sentido del olfato: “De repente me estaba imaginando algo y con el perfume me imaginaba otra situación, mucho más linda“.
La idea, justamente, es lograr esa conexión de los sentidos con la imaginación y la introspección, según comenta Paco Cabral, otro de los integrantes de El Sueño de los Elefantes: “Cuando huelo café con leche me acuerdo de mi abuelo a la mañana en la cocina (…) los aromas son fotográficos y los que nosotros utilizamos llevan al espectador a un lugar muy interesante, potenciar la no visión con otros sentidos genera que el plano artístico musical se profundice“.
El Sueño de los Elefantes se volverá a presentar en el Centro Cultural Konex durante el mes de mayo, todos los domingos.
Flavia Consoli
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