El suicidio: un flagelo global del que la OMS recomienda hablar

Nora Bär
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28 de enero de 2019  

En el informe Prevenir el suicidio. Un imperativo global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) da a conocer un detallado mapa de este drama que afecta, en primer lugar, a los jóvenes y, en mayor medida, a los hombres. Según el documento, aunque se estima que hay un importante subregistro, las estadísticas indican que todos los años mueren en el mundo por esta causa más de 800.000 personas, una cada 40 segundos. Esa cifra "supera en número a las muertes por homicidios y guerras combinados", afirma.

En los últimos 45 años, las tasas de suicidio aumentaron un 60% -destaca la OMS- convirtiéndolo en una de las tres primeras causas de defunción en las personas de 15 a 44 años, y la segunda en el grupo de 10 a 24. Las tentativas son hasta 20 veces más frecuentes que los que se concretan.

En el continente americano, la OPS calcula que se producirían alrededor de 65.000 suicidios anuales, o siete por hora. Datos del ex Ministerio de Salud de la Nación indican que en el país, de las alrededor de 6573 muertes anuales en el grupo de entre 15 y 24 años, casi 1000 son por esta causa.

Aunque tradicionalmente se recomendaba no hablar del tema por temor al "contagio", en un trabajo de 2016 la OMS subraya que es posible intervenir para reducirlo y recomienda "informar de manera apropiada y exacta", sin abundar en detalles ni teñirlo de heroísmo. Según los especialistas, las personas que expresan voluntad de suicidarse pueden estar pidiendo ayuda, y hablar abiertamente puede llevarlas a contemplar otras opciones o repensar su decisión.

Distintas investigaciones mostraron que reducir el acceso a los medios más comunes, como armas de fuego, sustancias tóxicas (por ejemplo, los plaguicidas) y ciertos medicamentos, colabora en la disminución de la cantidad de casos, porque el suicidio suele producirse en un rapto de desesperanza. Prevenir y tratar adecuadamente la depresión, y el abuso de alcohol y de sustancias también reduce las tasas, al igual que hacer un seguimiento de las personas que ya hicieron el intento.

Pero en la mayoría de los países no hay sistemas de prevención adecuados para tratar este problema y el tabú que lo rodea favorece la proliferación de mitos que empeoran la situación. Entre los más frecuentes figura que el que habla de suicidarse nunca lo hace y que el suicida está decidido a morir. Lo cierto es que las personas que se encuentran en este trance tienen sentimientos ambivalentes, que la mayoría da señales de alerta, y que saber detectarlas y ofrecer soporte emocional en el momento indicado puede evitar una trágica decisión sin retorno.

Por: Nora Bär

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