
Emergencia en un vuelo de Aerolíneas
Había salido de Auckland y debió volver al fallar un motor; reiteradas demoras.
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El vuelo 1180 de Aerolíneas Argentinas acababa de partir ayer del aeropuerto de Auckland, en Nueva Zelanda, cuando el comandante advirtió una señal de aviso en el tablero: sobrecalentamiento en el motor número tres.
Eran alrededor de las 18 (hora de Oceanía) y en la cabina los 203 pasajeros del Airbus 340-200 -oriundos de nuestro país- sólo se enteraron de que el avión debía regresar al punto de partida por una falla técnica.
No tardaron en comprender que el retorno a Buenos Aires quedaría demorado, sin mayores precisiones. Mientras tanto, el piloto efectuó la maniobra claramente detallada en el manual de operaciones para los casos de "overheat" en una turbina.
Desafectó el motor en problemas; siguió volando para descargar los depósitos de combustible y perdió el peso necesario para obtener el permiso de aterrizaje en la pista de Auckland. "En total, habrá tardado una hora y media. El comandante se ajustó a los procedimientos especificados y el descenso transcurrió en orden", señaló Alejandro Lotito, gerente de Relaciones Institucionales de Aerolíneas.
Más percances
Una vez en tierra, los pasajeros conocieron el verdadero alcance de la demora que sufriría el vuelo 1180. Habían salido de Sydney a las 12 (hora australiana) y pasada la escala en Auckland debía arribar a Buenos Aires ayer a las 14.10 (hora argentina).
Pero la inspección del aparato los retuvo toda la noche y gran parte del día siguiente en hoteles cercanos al aeropuerto neozelandés. Fue otro de los padecimientos sufridos por los usuarios de la línea aérea este verano, de los que La Nación dio cuenta ayer.
Al cierre de esta edición, la filial de la empresa en Auckland todavía endosaba los boletos de los 203 argentinos para ubicarlos en vuelos de otras compañías, indicó Lotito.
"No tengo una comunicación oficial de la compañía, pero sé que no sucedió un incidente grave. La gente permanece alojada en esa ciudad hasta que logre abordar otros servicios a Buenos Aires, en Qantas o Lan Chile", dijo a La Nación Alberto Zelayo, consejero de la embajada argentina en Wellington.
Efectivamente, por motivos de seguridad los técnicos habían decidido que el Airbus 340 regresara a la Argentina "en ferry", o sea, para el traslado exclusivo de la tripulación. "Todavía no tenemos el informe definitivo del personal de mantenimiento. La nave volverá a ser revisada cuando llegue a nuestro país. Pero si está en condiciones de volar hasta aquí, no puede haber un daño serio", sostuvo el vocero de Aerolíneas.
Coincidió con él el especialista Ricardo Cirielli. "El avión no debe de haber corrido peligro alguno. Tiene autonomía suficiente para funcionar con sólo tres de sus cuatro motores en marcha. Son aparatos nuevos", describió el secretario de la Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (APTA).
Una máquina nueva
El Airbus 340-200 que ayer debió aterrizar de emergencia en Nueva Zelanda fue adquirido por la línea aérea -según Lotito- el año último y entró en servicio en octubre para cubrir estos vuelos transpolares.
Antes de decolar de Auckland, la máquina había sido sometida al chequeo de rutina previo a cada despegue y no se encontraron desperfectos. Pero el motor número tres se paró poco después, en pleno viaje.
Sus 203 pasajeros no tuvieron más alternativa que poner su destino en las manos de Aerolíneas Argentinas, la compañía que acababa de dejarlos a pie en Nueva Zelanda.
La empresa se ocupó, entonces, de encontrar alojamiento para la totalidad de los usuarios y de proveerles comida y traslados. Gratis, porque no podía ser de otro modo.
Lotito detalló: "Tenemos la obligación de cubrir todos los gastos a los pasajeros hasta que pisen suelo argentino. Serán embarcados, en el transcurso de la jornada, en aviones de otras líneas comerciales".
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