
Empezó ayudando a los vecinos y hoy asiste a 120 chicos
Creó un comedor en Pablo Podestá
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El olor de las tortas fritas anuncia que ya es la hora de la leche. Por los pasillos de Villa Esperanza, en Pablo Podestá, los chicos apuran el paso hacia la casa de Francisca Aguiar.
Son unos 120, de entre 4 y 12 años, y una docena de adultos los que, en dos o tres turnos, meriendan los viernes y almuerzan los lunes y jueves en el patio de la humilde casa de los Aguiar, de chapa y madera y piso de tierra, que continuamente mojan con agua y jabón para que no se levante polvo.
Allí, Francisca y otras cuatro madres de familia, desocupadas como ella, pusieron tres tablones con taburetes y como asientos algunas maderas sobre cajones de soda. Están terminando de freír las tortas y calentar el mate cocido.
"Este es un comedor muy pobre y realmente nos falta todo", dice Francisca mientras señala la cocina, una salamandra, la heladera vieja y los agujeros de la pared por donde, cuando llueve, "se moja todo".
Francisca Aguiar empezó ofreciendo la merienda a los compañeritos de sus hijos y nietos que pasaban varios días sin comer. Pero no alcanzaba. "Cuando Francisca vino a bautizar a su última hija, de tres años, a la que llamó Milagros porque la tuvo a los 46, después de haber sufrido un infarto, me preguntó qué se podía hacer por esos chicos. Le sugerí que se juntara con otras madres y ofrecieran lo que pudieran", recordó el padre Claudio Snidero, de Nuestra Señora de Castelmonte, en Podestá, partido de San Martín.
Ella siguió el consejo del sacerdote al pie de la letra y ofreció el patio de la casa donde vive desde hace 30 años con su esposo, Justino, que trabaja en un frigorífico de la zona, y cinco de sus doce hijos.
A Francisca Aguiar, Mercedes de Bittro y Mirta Clemente se unieron Gloria Arajon y Esther Moyano en la "Comisión de madres desocupadas" que lleva adelante el comedor Esperanza Obrera. Tienen registradas a otras 200 madres de la villa.
"Con unas pocas cosas que consiguió el padre Claudio arrancamos el 10 de abril del año pasado para el bien de nuestros vecinos, porque acá hay muchos chicos menores de cinco años que no van a la escuela, sus padres están desocupados y sus madres no saben dónde ir", contó Francisca.
Una gran ayuda
"Tener el comedor es un alivio y una gran ayuda, porque en mi casa hay días en los que se come y otros en los que no. Hoy, por ejemplo, no tenía nada para la merienda", cuenta Sandra Donato, de 28 años, madre de cinco chicos.
Se la sirve Mercedes de Bittro, una de las compañeras, como se llaman entre sí las amigas de Francisca. Mercedes también tiene cinco hijos y su marido vende "cosas" en los subtes de la Capital y también en su casa muchas veces no se come cuando no abre el comedor. "¿Cómo hago? Cocino con los cinco pesos que tengo o, si no los tengo, no comemos -responde Mercedes-. Por eso queremos tanto a este comedor y nunca dejamos sola a Francisca cuando va a pedir los domingos a la feria."
Con frecuencia se ve a estas mujeres pidiendo en los negocios del barrio. Así logran cocinar dos veces por semana distintos menús que se deciden según lo que reciben de la Liga de Madres, las religiosas isabelinas franciscanas y cuatro pequeños comercios de la zona: los supermercados Estilo y Andrea y las mueblerías Roma y Ligiano.
"En la villa nunca tuvimos un lugar como éste, donde nos podamos ayudar las unas a las otras", dijo Mirta Clemente desde su puesto junto a la sartén donde se tostaban las tortas fritas. Ella es beneficiaria del plan para Jefas de Hogar, pero no le alcanza para ayudar a sus ocho hijos y 23 nietos.
Piden que cualquier tipo de ayuda que se le pueda ofrecer sea dirigida al padre Claudio al 4769-8561, quien asegura: "Vale la pena ayudar a estas mujeres porque todo lo que hacen es de puro corazón".
Para dar una mano
- Espesador. La Red Solidaria quiere contactarse con familias que tengan algún paciente neurológico que utilice el medicamento Resource-Thicken-Up (de Laboratorio Novartis) que facilita la deglución, a la manera de un "espesador de líquidos".
Este medicamento no se trae más a la Argentina y están buscando personas a las que les sobró este remedio y puedan donarlo, además de familias que lo necesiten, para tramitar un envío internacional. Por ambos casos, hay que comunicarse al teléfono 4796-5828 o al mail redsolidaria@ssdnet.com.ar
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Ayuda para un comedor. Las responsables del comedor Alicia Moreau de Justo, de La Boca, donde diariamente almuerzan y meriendan 92 chicos del barrio, solicitan donaciones de alimentos no perecederos, frutas, verduras, carnes, soja, cereales, etc. Las voluntarias logran una dieta equilibrada con una inversión de $ 1,20 diario por chico. En el lugar se brinda también atención médica primaria gratuita a grandes y chicos; apoyo escolar; asesoramiento jurídico; clases de dibujo y ajedrez, y también se realizan debates y otras actividades culturales.
El comedor infantil se encuentra en Almirante Brown 1351 y quienes quieran ayudar pueden comunicarse al 15-4420-2580
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Granjas para todos. La Red Solidaria tiene un nuevo proyecto dentro del departamento de Ideas de la red que se llama "Granjas para todos". Buscan instituciones educativas, escuelas, colegios y universidades que estén trabajando con los sectores más desprotegidos en la producción animal y la siembra de huertas. Para comunicarse: 4795-5991 y (02297)440-183.





