
"En el barrio hay de todo y la murga es barrio"
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Las murgas trabajan todo el año. Además del desfile, durante los corsos, cada una hace una presentación en los escenarios o tablados. "Nuestro espectáculo es como una zarzuela, sobre un hilo conductor. El año pasado fue el Bicentenario y le dedicamos una estrofa a cada presidente. Este año es sobre los candidatos para las elecciones", dijo a La Nacion Martín Di Napoli, de 33 años, fundador de Los Inevitables de Flores .
Desde sus comienzos, el carnaval ha tenido una cuota importante de crítica y protesta política. "Fue siempre una fiesta muy prohibida, muy política, que implica la toma de la calle por parte de todas las clases sociales", afirmó Elsa Calvo, murguera de la Paternal e integrante de la Comisión de Carnaval.
"Acá hay repartidores de diarios, empleados, docentes, militantes de La Cámpora, futbolistas, profes de educación física y taxistas, muchos taxistas. Es una mezcla. Hay gente de muy buen nivel económico, gente que vive en terrenos tomados y gente de clase media. En el barrio hay de todo, en la murga hay de todo. La murga es el barrio", dijo convencido Gustavo Castro, de Los Cometas de Boedo.
Sarita Furrer es la mayor de Los Insaciables de la Paternal. Tiene 66 años y hace diez que baila y canta junto a sus hijos Romina, de 25 y Sebastián, de 28. "No tengo otras actividades fuera de mi casa ni puedo salir a pasear. Mi actividad es venir a practicar todo el año y, en el verano, salir con la murga", contó Sarita.
Eduardo Motalli, de 39 años, es empleado y vive en Villa Urquiza. Hace 11 años que viaja hasta a Boedo para bailar en las filas de Los Cometas . "Acá puede venir cualquiera. La mayoría son de San Lorenzo; yo, en mi traje, tengo bordado el escudo de River y está todo bien".
"Vine a acompañar a mi hija y me quedé", contó Raúl Garrea, taxista de 58 años. Hace 7 años que comparte la pasión murguera con toda su familia.





