
En el mundo del hampa lo conocen como Guinea
Tiene tan sólo 17 años y está procesado por seis homicidios Comenzó a delinquir a los 12 años Afirman que su prontuario carga con la vida de varios policías Entre sus conocidos es definido, desde niño, como un sujeto "pesado"
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LA PLATA.- La gallina de Guinea es delgada, cautelosa y muy veloz. Tiene un pico fuerte y unas patas robustas que usa para defenderse de los depredadores, cuando no puede escapar. Al chico que ahora está preso por varios homicidios en una comisaría de Villa Linch lo llaman Guinea. Dicen que por su complexión, aunque acaso se le ajusten también otras características: el chico debe ser veloz y cauteloso.
Y a menudo, como la gallina en su medio, se ve envuelto en situaciones en las que su vida corre peligro. Sólo que, a diferencia del animal, es aquél el que provoca esas situaciones, y entonces no usa pico y patas, sino una pistola 9 mm, un revólver 38 u otro 32. Tales fueron las armas que le sacó la policía las veces que lo detuvo. Muchas veces.
Guinea tiene 17 años, un padre albañil, una madre empleada doméstica y cuatro hermanos menores. Con ellos vivió hasta hace un año, en una casa situada en la calle Colpayo al 1900, en Los Polvorines. Hasta que tuvo que refugiarse en una villa de San Martín y en el barrio de San Pablo, en Don Torcuato.
Peligroso desde niño
Los que lo conocen dicen que es un sujeto "pesado"; que siempre lo fue, desde que era un niño. Tenía 12 años cuando empezó a robar. "Los primeros antecedentes son de 1997, por delitos menores: robo, resistencia a la autoridad...", dijo a LA NACION el juez de menores de San Martín Rómulo Peñoñori.
En julio último, Guinea había caído detenido en la comisaría de Los Polvorines. La policía dijo en su momento que el menor se había enfrentado en un tiroteo con uniformados. El doctor Peñoñori liberó a Guinea. "No soy precisamente un juez blando -afirmó el magistrado-, pero no podía tenerlo preso por el delito que se le imputaba: resistencia a la autoridad."
Ahora, Peñoñori procesó al menor por tres homicidios. La primera víctima fue el sargento retirado de la Policía Federal Carlos Francisco Tomalino, de 57 años. El efectivo fue asesinado el 2 de septiembre último por tres delincuentes que intentaron asaltarlo cuando se disponía a entrar en su casa, en Zarratea 3235, en Los Polvorines. Los otros muertos fueron un comerciante y un remisero, de apellidos Guizardi y Quintana, respectivamente.
"Todavía no sabemos si realmente el menor es el homicida. Faltan pruebas y el reconocimiento de los testigos, ya que los hubo en los tres crímenes", dijo el juez de menores.
Voceros policiales aseguraron que Guinea debe otras tres muertes. Una de las víctimas es el cabo primero de la policía bonaerense Eugenio Isabelino Espíndola. El suboficial tenía 42 años cuando lo mataron, a las ocho de la mañana del 10 de enero último, cuando se dirigía a la fábrica de gaseosas Pritti, en ruta 202 y Rondeau, en Los Polvorines. Allí cumplía servicios adicionales de prevención y ganaba dinero extra para mantener a sus tres hijos y a su esposa, que estaba embarazada.
Cuando ocurrieron estos crímenes, Guinea ya no vivía con su familia. La policía conocía su dirección y no le convenía exponerse. Así que alternaba sus días y sus noches en barrios duros de San Martín y Don Torcuato. Los fines de semana, solía ir a divertirse a la bailanta Tropitango, en Francia y la Panamericana, en El Talar, muy cerca del barrio de San Pablo, uno de sus escondites.
Bajo el cielo estroboscópico de ese boliche, donde el ritmo pastoso de la cumbia villera satura el ambiente, suele moverse una progenie de criminales, adolescentes intoxicados y chicos derrotados a los 16 años. Más de una vez, muchos de estos individuos terminaron desparramados en el piso al amanecer, después de tomar "dinamita", un brebaje preparado con los restos de todas las bebidas alcohólicas encontradas y psicofármacos.
Allí solía ir a bailar Guinea con sus amigos y cómplices: dos menores y un adulto, según Peñoñori. Entre ellos, un chico de 16 años de apellido Quevedo, al que llamaban el Colorado. Llamaban, porque murió en un tiroteo con policías, el 15 de febrero último. Ese día, el Colorado estaba con Guinea, que pudo escapar en una moto.
Guinea era muy conocido en San Pablo. Un delincuente de la zona dijo que el menor tenía mucho dinero porque un tío policía "le arreglaba buenos golpes, a cambio de una parte", y que por eso pensaba que se había ido de la zona.
Pero no. El viernes 19 del mes último, Guinea fue a bailar a Tropitango. Allí se encontró con algunos conocidos de San Pablo. Había policías en la bailanta. Tareas de prevención, se dijo desde la fuerza provincial. Uno lo reconoció.
Guinea estaba tomando un trago, acodado a la barra. El policía se acercó con dos de sus pares. Y detuvieron al menor. Lo llevaron a la comisaría de Benavídez y quedó a disposición de un juez de menores de San Isidro. Le pidieron los documentos y Guinea entregó un DNI falso bien confeccionado, según Peñoñori.
Pero no fue difícil saber la identidad y los antecedentes del detenido: hacía mucho que era buscado por la policía. Entonces fue trasladado a la seccional de Villa Linch y la Justicia de San Martín se hizo cargo del caso.
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