
En la plaza Miserere falta el agua pero sobran mendigos y suciedad
En días hábiles es transitada por unas 300.000 personas
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Fue elegida tradicionalmente para grandes concentraciones partidarias, sobre todo las que cerraban campañas electorales, como la multitudinaria de Ricardo Balbín, en 1958.
Años después, la oratoria pública en plaza Once (o plaza Miserere, tal su nombre original), en el barrio porteño de Balvanera, quedó a cargo únicamente de los predicadores, que la eligieron como favorito púlpito callejero.
Son varios los grupos religiosos -o pararreligiosos- que aún toman posición estratégica en el terreno, aunque nadie le gana a la Iglesia Pentecostal.
Después del mediodía, unos 20 hombres y mujeres de esa congregación, muy serios y vestidos formalmente, se sitúan cerca de las bocas del subte A.
Uno de ellos, esgrimiendo una biblia como si fuera una espada flamígera, habla de "los tiempos de tribulación" y de los signos "de este mundo confuso y vacilante que anuncian la segunda venida del Señor".
El pastor Ramón Aráoz (36 años) explica a La Nación que su ministerio consiste en dar un mensaje de salvación y de vida eterna.
Aráoz acude a la plaza a pronunciarlo en sus horas libres, porque trabaja en un comercio. "Antes, fui alcohólico y casi me pongo a robar", cuenta.
De vez en cuando, alguno se acerca al orador, éste lo toca, y al otro se le dan vuelta los ojos y se arrodilla.
La arenga, a voz en cuello, dura unos 15 minutos y, tras una pausa, vuelve a la carga.
El reducido público que logra reunir es una mezcla de quienes lo escuchan medio hipnotizados y los que se sonríen y se dicen cosas al oído.
Al final, el grupo les entrega folletos a todos. Al pie del texto, se lee: "Ultima llamada".
Fealdad
Sus dos hectáreas están limitadas por las avenidas Rivadavia y Pueyrredón y las calles Mitre y Ecuador. Frente a su parte media muere la calle Catamarca.
Recorrida en días hábiles por cerca de 300.000 personas, en gran mayoría aportadas por el subte, por el ex ferrocarril Sarmiento y por 25 líneas de ómnibus (según datos de la Dirección General de Tránsito y Transporte) con paradas en la plaza, ésta fue siempre un punto neurálgico del Once.
A la par de la fisonomía general del barrio, el paseo, que nunca contó con ningún padrinazgo de empresas tendientes a mantenerlo, exhibe una fealdad que parece irrevocable.
No la atenúa ni su único adorno: el mausoleo de Bernardino Rivadavia, en su parte central.
Se experimenta la sensación de que esa enorme mole rectangular de granito es el monumento equivocado en el lugar erróneo.
Pese a que han mejorado sus condiciones de higiene, aún la plaza muestra síntomas de haber sido uno de los mayores bolsones de basura de la ciudad, en el que pululaban desperdicios de todo tipo, envolturas y restos de comida, junto con trozos de ropa, algodones y pañales sucios, trozos de muebles, cartones y hasta colchones usados por los homeless .
Hace tres años, la empresa Mitocarsa, contratada por la ciudad, se encargó del mantenimiento y la limpieza y logró solucionar gran parte del problema, colocando más cestos de basura y aumentando a cuatro la plantilla de recolectores.
Uno de ellos, Luis Pavón, comentó que "la gente está aprendiendo a usar los tachos. Antes todos tiraban todo en cualquier lugar. Ahora, son los menos", dijo.
No obstante, apuntó que los lunes por la mañana el trabajo aumenta "por las cosas que dejan los que salen de las bailantas y se instalan durante unas horas en la plaza".
Hay cuatro reductos de música popular en las inmediaciones. El más famoso es El Reventón, en Mitre al 3000. Sus concurrentes han protagonizado algunas trifulcas que dejaron el resultado de heridos, detenidos y destrozos en comercios de la zona.
El subinspector Alfredo Ravonne, de la comisaría 7a., aseguró que ahora las bailantas están más controladas, a partir de la presencia de patrulleros que se estacionan en sus frentes cuando finalizan las veladas musicales.
"Pero, en general, en la plaza se reforzó la vigilancia con efectivos de nuestra dependencia y de otras de la zona. Un promedio de 10 hombres la recorren diariamente. Por eso, disminuyeron también los arrebatos y la prostitución, que antes proliferaban. Lo que está en juego es mi responsabilidad", dijo Ravonne a La Nación .
Densidad poblacional
La plaza Once registra hoy día la mayor concentración de población "estable", al superar el récord anterior, que ostentaba Constitución.
Rodeados por los numerosos vendedores de alimentos, gaseosas y café en carritos, que van de un lado a otro como drugstores ambulantes, hay individuos de aspecto muy marginal, juntadores de latitas y cartoneros, gente que permanece horas sentada en los bancos de piedra, o los que duermen interminables siestas sobre el césped. Algunos se pasan la página de clasificados de un diario.
"Seguramente, muchos somos desocupados", dedujo Hermes Orma, de 50 años. "A veces sale alguna changa", comentó.
También hay oferta de anillos, collares y relojes. Llama la atención un vendedor de raza negra. Es un hombre alto, de unos 30 años, que usa lentes ahumados.
"Me llamo Alfred Affo", se presentó por medio de un dificultoso castellano.
"Soy de Liberia, me vine hace dos años. Como refugiado político", aclaró el africano.
Al consultársele si la venta de bijouterie le alcanza para vivir, admitió: "Al comienzo, alcanzaba. Pero ahora -opinó- tu país está muy parecido al nuestro".
Liberia, se sabe, sufre continuas guerras internas...
Los vándalos
En el extremo del paseo que da a Ecuador están las mesas para jugar truco, dominó o tute cabrero y la canchita de bochas.
Todas ellas destinadas al esparcimiento de jubilados. Su encargado es Rubén Pedroza, conocido como "el Mono".
El lugar pasó por épocas mejores, pero últimamente el Mono y los jubilados se quejan por la falta de agua.
"Para regar la cancha hay que esperar que llueva o ir hasta la pizzería de enfrente", protestaron los vecinos ante la consulta de La Nación .
Hubo agua hasta octubre del año último, cuando la Dirección de Espacios Verdes decidió cortar el suministro debido a que varios grupos de vándalos habían roto los bebederos y las canillas.
Al admitir que, efectivamente, se interrumpió el suministro de agua y que actualmente también faltan algunos aspersores, José San Martín -que asumió el lunes último al frente de dicho organismo- se refirió a ese proceder vandálico como "otra característica de una plaza conflictiva, con frecuentadores demasiado heterogéneos", dijo.
"El suministro en los paseos está interconectado. De allí que debe estar en funcionamiento todo el sistema", agregó San Martín que, no obstante, aseguró que "el tema será solucionado sin falta esta misma semana".





